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martes, 2 de septiembre de 2014

DE RAÍCES Y BROTES

Si aquello de los brotes verdes ya sonaba a  coneltiempoyunacaña (y tras ceder más de lo que te retornarán), lo de las raíces vigorosas es algo así como yatelocontarémorena.  

Porque si desde los brotes, por muy verdes que sean, a los frutos hay que esperar rato largo, (regando, abonando y cruzando los dedos para que no se malogre la cosecha) desde que la planta enraiza suficientemente hasta que se aventura a crecer en su parte visible ni os cuento. 

¿Acaso Pedro Arriola no hizo el experimento de la judía? 

lunes, 1 de septiembre de 2014

REGALA VIDA

Con sus deditos aún torpes y regordetes aplaude a la madre que disciplinadamente apila las piezas de colorines del juego que lo tiene entretenido al menos un par de minutos, mientras su padre termina de prepararle la cena. Poco a poco la altura de la obra va creciendo, separándose del suelo la torre de brillantes colorines se alza temblorosa para en un solo instante, caer estrepitosamente al suelo.

A veces, solo a veces, es el precario equilibrio quien quiebra ante la fuerza ciega de la gravedad, pero normalmente son esas manitas tiernas, con hoyuelos en los nudillos quien se alza como sombra destructora y destruye aquello que alentó a levantar, con la misma sonrisa, mezclando carcajadas con estrépito.

Como si de un juego macabro se tratase, cada cierto tiempo el ejército israelí derrumba los precarios intentos de la población palestina de reconstruir su vida. Seguro que las razones de unos y otros son tremendamente complejas, que nada es sencillo, ni se puede simplificar en los trillados bandos de buenos y malos, pero una realidad es clara; el pueblo palestino de Gaza está de nuevo arrasado ¿quieres ayudar a reconstruirlo?

Envía REGALA VIDA al 28015

sábado, 30 de agosto de 2014

TODO LO QUE SUBE...

...baja. Así las vacaciones comienzan y terminan, pero a diferencia del peso que se desploma desde una cornisa directo al suelo, nosotros somos más ese péndulo que oscila negándose a volver por el camino marcado, como demostró Foucault.

Al igual que el guijarro no es quien era cuando lo devuelven las olas a la orilla, nosotros cambiamos, perdemos algunas aristas y de algún modo nos adaptamos mejor al medio, no somos quienes se marcharon, rígidas las articulaciones, nervioso y agitado el sueño, pendientes del reloj, de la información, de la deriva de un mundo cada vez más pequeño pero igualmente inabarcable.

Quienes volvemos somos otros, tras jornadas de paseos sin rumbo, siestas sin sueño,  mañanas a medio día y noches que se alargan bajo un cielo de nuevo estrellado, volvemos diferentes, los ojos más limpios, las facciones relajadas, la piel dorada y un destello de libertad que se niega a desaparecer.

Volvemos de nuevo a la vida, al tiempo de prisas, relojes y realidades que poco entienden de biorritmos, gustos o preferencias, pero ni somos quienes marcharon ni el puerto que nos acoge es exactamente el mismo.

De nuevo un principio, una oportunidad, un juego que se reinicia y un resultado incierto, parte del futuro se encuentra en nuestras manos, quizás algo de lo leído, de lo compartido en la calma del verano nos permita enfocar de otro modo una realidad dificil, porque más allá de paseos con la "jefa", mucho me temo que la buena dirección sea tan solo el privilegio de los de siempre.

Aquí estoy, dispuesta a afrontar una nueva singladura
¿me acompañas?

jueves, 14 de agosto de 2014

OTROS VERANOS


Desde que recuerdo el verano es una sucesión de días brillantes, cielos azules y limpios, el sol jugando a reflejarse en los millones de espejos con lo que se adorna el mar.

Mañanas que resuenan a niños jugando en la orilla, revoltijo de sombrillas y tumbonas, bikinis festoneando la breve cinta de playa en la que se construyen castillos, se juega a las palas o se pasea luciendo palmito, mientras el sol te lame la piel como un amante codicioso.

Mis veranos siempre han sabido a cañita fresca o tinto de verano en la precaria sombra del chiringuito, preludio de gazpacho, pescaítos y paella. Comidas tardías, camino de la siesta con banda sonora de chicharras y aroma a aftersún, donde el roce buscado choca con la pereza de la digestión pesada.

Tardes lentas, a medio camino entre el libro y el chapuzón, tejiendo planes con sabor a pipas con sal o garbanzos secos en la pradera de la piscina y noches eternas de cielos estrellados donde la temperatura da un respiro y las velas apenas alejan a los mosquitos.

Veranos de tirantes y bambula, chancletas y sandalias, pamelas contra el sol y vestidos vaporosos para la noche. Noches de feria a ritmo de sevillanas, regadas con fino y acompañadas de jamón y fritura.

Espacios en los que el tiempo se mide en levantes y ponientes y dónde la lluvia es un acontecimiento ruidoso acompañado de truenos y relámpagos, intempestivas tormentas que se alimentan de un calor insufrible y que apenas dejan atrás unos pocos grados menos.
 
Pero hay otros veranos, ahora comprendo que cuando yo pienso en ese espacio de sol, calor y sueño, much@s rememoran el trascurso lento de los días donde se alterna la lluvia fina con la danza errática de las nubes, siempre dispuestas a ocultar un sol poco atrevido. Playas, huérfanas de sombrillas, que crecen o merman al ritmo vivo de las mareas y dónde se pasea, se juega al fútbol o se espera una ola embutido en un traje de neopreno.

Veranos a ritmo de chubasquero o gorro de lluvia, de chaqueta en el cuerpo y gafas de sol de adorno, veranos de lana fría y algodón de manga larga, de calcetines y vaqueros largos, de excursiones rodeados de montaña y verde, de ríos con aguas cantarinas.
 
Días que saben a guiso de cuchara y fiestas a medio camino entre el pasodoble y la gaita siempre regadas con sidra repicando en los vasos inclinados. Noches de manta en el prado y búsqueda de estrellas apenas entrevistas entre las nubes que ni siquiera en la noche cesan sus carreras.

Pero en ambos espacios tan opuestos que parece broma nombrarlos del mismo modo, la mismas miradas, la misma calma, niños que corren, jóvenes que se buscan y adultos que disfrutan del eterno placer de olvidar reloj y calendario.

sábado, 9 de agosto de 2014

YO PARA SER FELIZ...

Llevo varios días limitando mi contacto con la realidad a la lectura (sin gafas) de los titulares de la prensa, pero a pesar de la estrategia del avestruz, este articulo de El Confidencial sobre pequeñas estrategias para ser feliz, se hizo un hueco, se trata de diez mandamientos con un sólo objetivo; ser felices

Me han parecido sencillos, accesibles (bastante más que el camión que reclamaba Loquillo) y quizás por ello incorporables a la vida real, esa que se retoma tras las vacaciones:

1. Haz ejercicio.(Aunque solo sea durante 7 minutos)
2. Duerme más.
3. Pasa más tiempo con los amigos y la familia.
4. Sal a la calle.
5. Ayuda a los demás.
6. Sonríe.
7. Planea un viaje.
8. Medita.
9. Múdate cerca del trabajo.
10. Practica la gratitud.
 
En el articulo se desgrana cada uno, con claves de su incorporación en la lista y modos sencillos de implementarlos, quizás sea ahora, en este tiempo fuera del tiempo, cuando debamos planificar con cuidado cómo vamos a enfrentar la realidad.
 
¿cómo lo ves?