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Noticias de otro país

Sol 19/5/2017
El sábado pasado no sucedió nada en Madrid, las buenas gentes paseaban por Sol sin olvidar el saludo cariñoso a su querida y rubia Presidenta, por si su dedicación al común la tenía retenida tras los balcones (al abrigo de un aire acondicionado más que necesario) de su despacho en la Real Casa de Correos. Como cada tarde de sábado se cruzaban con gentes de todo el país y más allá, concentrados en admirar el histórico reloj que mide el tiempo nacional. 

Algunos extremistas, de esos que hace años han tomado la pésima costumbre de aposentar sus redaños en cualquier esquina clamando por injusticias que tan sólo ellas perciben, le daban el toque ruidoso a la tarde, por lo demás común y corriente como el despliegue policial propio de una amenaza inminente, aunque quizás se tratase de un ensayo general con todo para lo del domingo.

Porque sí, el domigo pasaron cosas en Madrid, unos locos de camisetas a rayas, al estilo de los antiguos colchones celebraron que se mudan seguramente a un lugar mejor, un poco más tarde otros de blanco coronado bramaron al unísono (aunque no estaban juntos) y salieron desde domicilios, bares y casas de apuestas, impelidos por una fuerza invisible a adorar a una diosa pagana, que algo debía temerse porque se había parapetado cuidadosamente. 

Y entre una cosa y la otra, una ola de locura se apoderaba de los siempre tan centrados socialistas, amantes del orden y la estabilidad que a pesar de todos múltiples avisos, amenazas,  sermones y peroratas de los viejos de la montaña, se lanzaron de cabeza al abismo.   

O algo así te ha contado El País, el periódico que hemos lucido bajo el brazo como seña de identidad quienes pensamos que este era un país que podía ser mejor y esta una nación sin aires de madrastra. 

(Si quieres  saber la verdad, tienes que buscarla fuera y soprendentemente pagando bastante menos de lo que le entregas a Prisa por su invento de país paralelo

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15 + 6 = 20M

Hace días que esquivo la realidad como puedo, apago la radio o cambio de canal en la televisión, estoy harta de estar harta, agotada de indignarme y ver como cada mañana viene cargada con su dosis de ignominia, su colección de ladrones y quienes no solo los defienden utilizando algo tan noble como la presunción de inocencia sino que intervienen y ponen y quitan fiscales, policías e investigadores, filtran buscando nulidades y se golpean el pecho muy fuerte diciendo que el sistema funciona porque a pesar de todo y con años (y millones) de retraso nos acabamos enterando.

Pero no importa, seguimos perdiendo el tiempo (y el dinero) con las batallas del PSOE roto entre quienes se avergüenzan de tanto y quienes no están dispuestos a renunciar a lo que tienen (que no será poco) gracias a una estructura que se expande hasta los cimientos, con las declaraciones cada día más complicadas (por absurdamente circulares) de Ciudadanos que condena muy fuerte todo con la mano izquierda mientras con la derecha soporta el tinglado que hace posible tanto escarnio y tanta vergüenza, con la bajada de pantalones del PNV a cambio de lo de siempre, más y más dinero de todos para gestionarlo ellos y que la brecha entre unos y otros solo crezca y crezca, o el beso de Judas de losanteriormenteconocidoscomoCiU para derribar los derechos de la estiba a cambio de no acudir a una reunión, o porqué no decirlo con las polémicas de un Podemos empeñado en que su líder sea el más líder aunque solo lo sea de una charca. ¿de verdad nos merecemos esto?

Hace unos días se celebraba el aniversario del 15M un momento de valentía y rabia que pensamos sería capaz de cristalizar en un cambio real, en un país diferente donde no ganen siempre los mismos a costa de los de siempre, un país más solidario, más justo, más transparente, donde comprendamos al fin el engaño de un capitalismo financiero sin límites ni medida que no devorará a sus hijos sino a nosotros, que no somos más que esclavos, donde junto a otras y otros muchos europeos nos alcemos para defender una Europa para la gente, un faro de esperanza en un mundo cada vez más volátil, cada vez más inseguro, pero la realidad es bien diferente, seguramente porque hemos bajado los brazos hartos de gritarnos entre nosotros.

Se me pasará, porque todo pasa y me niego a ser mera espectadora de esta comedia absurda, quiero quitarles las máscaras y empiezo a pensar que quien no lo desea ya no tiene excusa decente.
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Paso a dos

Cada mañana la misma rutina que nunca es la misma, porque jugando con el caprichoso tiempo de primavera, ayer viento, mañana lluvias que no terminarán de decidirse y hoy este sol que sabe a agua por mucho que las retinas reclamen las gafas, cambian cada día de atuendo haciendo gala de un amplio fondo de armario. Llegan por la calle Mefisto, que no está dedicada al diablo como podría parecer, sino a Fernando Soteras, periodista del Heraldo de Aragón que a primeros del siglo XX glosaba bajo este seudónimo las «Coplas del día» sobre la actualidad de la ciudad.

Con su cortavientos rojo oscuro camina por el lado exterior de la acera prestando el brazo derecho como apoyo adicional al bastón con empuñadura de nácar que sujeta con la mano derecha y con el que no pocas veces juega a repiquetear los marcos de las ventanas del sótano, imagino que inquietando a quien desde la sala de ordenadores solo puede alcanzar a verlos si tras el primer sonido mantiene fija la mirada en la segunda ventana y aún así apenas podrá ver dos pares de piernas que despacio pero sin claudicar bajan hacia el chaflán de la puerta, las alumnas (no cabe referirse a los alumnos, especie en peligro de extinción que curiosamente no afecta a los profesores, ni a los jefes, peculiaridades de la administración pública) imaginarán si la clase no es muy entretenida, o cosa que sucede con frecuencia, se ha colgado el sistema, que se trata de cierta torpeza en el manejo del apoyo sin adivinar que es un modo de saludar a quienes vistas desde arriba parecen niñas en el colegio, sentadas por parejas frente a las pantallas, una interrupción amable y musical.

Llegan al chaflán y saludan con un gesto al guardia de seguridad, giran un poco a la derecha para cruzar la calle Escar (Don Mariano, tipógrafo, bibliófilo, editor de mucho gusto y miembro de la Real Academia de San Luis) y detenerse apenas un instante en la contemplación de las figuras que adornan el Museo Provincial conviviendo en la fachada con las banderolas de las exposiciones temporales tan llenas de color que más que contrastar sobre el ladrillo caravista parecen escapar de su interior y colarse por los intersticios del mortero y más abajo, tras la verja, ese curioso tapiz de tréboles de vibrante verde que ha desplazado al mustio césped. Girarán sus pasos esta vez a la izquierda y cruzarán hasta la plaza, por la esquina donde por años ha reinado el buzón de correos, callado mensajero de cartas que ya no llegan porque ya no hay quien escriba sino sobre una pantalla y las facturas y extractos del banco no los distribuye Correos sino esa chica regordeta que arrastra su carrito azul como si la bola de un presidiario de tratase.

Sin prisa, como si las piernas no estuviesen a punto de rendirse se sientan en el primer banco frente al parquecillo, antes lo hacían en el primero del todo, pero ahora se acumulan en frente los contendores verdes y ni el ancho de la calle, desde el seto recortado hasta la hilera de bancos, ni el fresco que no potencia los olores evitan que sea una imagen fea, así que una treintena de pasos más, una ligera inclinación de un cuerpo hacia delante que tratan de compensar con la marcial postura del otro, como si fuesen una única silueta de cuatro piernas cruzando un cable sobre los impresionantes rascacielos de Nueva York, llegan a la primera etapa.

Antes de conocerlos tanto como ahora pensaba que era su meta, pero a penas pasan en él unos minutos, recuperando el aliento discretamente, sin aspavientos, cuando se levantan decididos hacia la fuente que rodea, protectora, el monumento de los Sitos presidido por Agustina y su cañón, dónde giran en sentido contrario de las agujas del reloj hasta alcanzar el que sí es su objetivo, el banco junto al kiosco algo apartado del tráfico habitual de la plaza, de los chillidos de los niños, las carreras de los perros y los grupos de turistas, cada vez más numerosos que se agolpan tras la guía que explica el origen de la Plaza y el monumento, hijos de la Exposición Hispano-Francesa de 1908 y que aún no ha incorporado la tecnología que le permitiría no hablar a gritos.

A cubierto del sol, cuando decide asomarse, gracias a las ramas altas del magnolio y el cedro del Himalaya sobre el que incluso las cotorras argentinas han renunciado a anidar, se acomodan, creo que antes se acercaban al kiosco que ahora proclama a gritos mudos el estado del periodismo tradicional con un cartel descolorido de SE TRASPASA quizás si el Ayuntamiento permite un cambio de licencia se convierta en una tienda de chuches, o simplemente desaparezca. Así que lo sacan de la bandolera de tela de cuadros escoceses y tras un curioso revoloteo de hojas, se lo reparten.

La lectura de la prensa oficial no les lleva demasiado rato, quizás no repasen más que los titulares y las esquelas, pero permanecen sentados allí por cerca de media hora, a veces saludan con una inclinación de cabeza a alguna de las ancianas que en silla de ruedas hace un recorrido similar al suyo al ritmo cansado de la sudamericana que la empuja.

Sólo si aciertas a pasar en el preciso momento en que están a punto de retirarse podrás ver como sus manos se tocan, despacio, morosas, justo antes de recuperar la verticalidad, ofrecerse el brazo, apoyar el bastón e iniciar el camino de vuelta a casa, siempre por la misma esquina, siempre sobre sus mismos pasos.
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Primero susto, que ya luego vendrá la muerte.

Francia elige Presidente de la República contra Le Pen, y aún con los ojos plagados de legañas por la fiesta en la explanada del Louvre cambian banderas por pancartas para oponerse a las medidas estrella del recién elegido Presidente y no porque éste haya dado un giro a sus políticas convirtiendo en humo sus promesas sino porque ahora puede llevarlas a cabo, empezando por una reforma laboral a la española. Sin duda las consecuencias de cerrar las opciones a susto o muerte, obviando que en esta tesitura, la realidad será primero susto y después muerte, porque son las medidas ultraliberales, las que se empeñan en poner al capital sobre las personas, a la macroeconomía financiera sobre el bienestar común las que hinchan las velas de la ultraderecha fascista.

Y nosotros no salimos de una para meternos en otra, cuando ya pensábamos que el foco de la corrupción se había detenido en Madrid, con su exPresidente entre rejas y sus alcantarillas al descubierto, resulta que los Pujol nos deparaban momentos únicos, esos que si los imagina un guionista resultan excesivos incluso en una parodia muy loca, el manuscrito de la matriarca a modo de reverenda madre que mueve millones misales de una biblioteca a otra hasta dar con ellos en Panamá, es de tan ridículo capaz de ocultar tras la carcajada la inmensa tragedia de un líder carismático como Jordi Pujol, el padre de la Cataluña del siglo XXI en un sinvergüenza común, un avaro capaz de rapiñar un porcentaje de cada piedra, de cada bandera.

Y de la risa al miedo que provocan los movimientos, torpes, irracionalmente torpes, de una cúpula fiscal más consciente que nunca de a quien debe el doble encaje de sus más elegantes puñetas, un cuerpo de defensa de la legalidad, de lucha contra la corrupción impelido de la necesidad de traicionarse a sí mismo para salvar a sus jefes.

Mientras en el PSOE se tiran los trastos a la cabeza entre quienes defienden mantener el bipartidismo agonizante (de poco les sirve ver las barbas del vecino rasuradas en seco, quizás porque el símil resulta demasiado masculino para su lideresa) y quienes se aferran a un lema caduco que trata de ocultar la negativa a aliarse con el más cercano, por muchos riesgos que suponga levantarse mojado.

Parece que la realidad se esfuerza en mantenernos entretenidos mientras esperamos la comparecencia de Rajoy como testigo en uno de los cientos de casos (aislados) de corrupción de su partido. Porque eso sí, presentar una moción de censura es una chiquillada grosera.

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El show de la información

Hace años me sorprendí vaticinando una revolución televisiva que sí se produjo, curioso porque como profetisa tengo más de Aramis Fuster que de Casandra, los protagonistas de los programas rosas, de corazón iban a dejar de ser artistas o famosos de más o menos pelo para pasar a ser los propios 'periodistas' colaboradores.

Porque eran mucho más baratos y estaban mucho más dispuestos a cualquier cosa para seguir saliendo en la TV ya que han hecho de su popularidad (y vale lo mismo que te quieran o que te odien, el caso es que te sigan) su único medio de vida. Y así Sálvame se convirtió en el top de lo que llamamos despectivamente televisión basura e impregnó otros formatos, primero los de telerealidad como Gran Hermano o la Isla de los supervivientes, donde los colaboradores, algunos con tan poco mérito como ser la exmujer del hermano de una cantante fallecida se convirtieron en el centro de horas y horas de tele, contando sus desgracias, ingresos hospitalarios incluidos, sus cambiantes recuerdos, hasta dejar de necesitar la etiqueta que los llevó por primera vez al asiento.

Así los programas dejaron de ser lo que eran, espacios en los que se comentaba con mayor o peor gusto la vida privada de otros, para ser copias histriónicas de patios de vecinas en los que se grita, insulta, llora, unos se van dando un portazo y otros se quedan sin que nada tenga sentido alguno, porque no se pretende tal cosa sino entretener con el ruido y el exceso llevando cada día un poco más lejos el concepto vergüenza ajena sin perder por ello esa extraña capacidad de abducirte. (yo me salto Tele5 cuando hago zapping, por miedo a quedar atrapada)

Pues ahora y tiene aún menos mérito porque a toro pasado es difícil no acertar, me atrevo a vaticinar que estamos a punto de culminar el proceso de Salvanización de toda la parrilla televisiva y sobre todo de lo que nació a mitad de camino entre la información y la tertulia, de aquella respuesta mediática al nuevo interés que la política había despertado tras el 15M y la aparición de los nuevos partidos.

Esos programas de mañana, tarde y noche en los que se analiza la realidad, fundamentalmente política y que cada vez ceden más protagonismo a los tertulianos (bastantes de ellos y ellas periodistas en activo) que a los temas. En casi todos se juega a la versión política de 'tensión sexual no resuelta' que tan buenos réditos dio a las series americanas en su momento, incorporando a alguien que opine siempre lo contrario que el resto, animar el debate lo llaman, pero lo cierto es que se deslizan cada vez más hacia el espectáculo, perdiendo rigor informativo y rindiéndose al ‘atractivo’ de los zascas (bofetadas sin mano, todavía, que a modo de respuesta cortante se dedican unos a otros, buscando la efectividad y el descrédito del oponente).

La participación del público como telón de fondo que aplaude o abuchea, sin que sepamos si al toque de pito del jefe de la clá o el regidor, el seguimiento en doble pantalla vía Twitter, los vanos intentos del conductor o conductora del programa de recomponer el debate cuando hace rato que se ha salido de madre, alcanzanzo así mayores cuotas de share, sin más objetivo que mantener caldeadito el ambiente, los insultos, las mentiras, la información sin contrastar, el titular sobre el fondo y la necesidad de quemar temas, se han llevado por delante cualquier posibilidad de ofrecer información real a los televidentes, así que cómo extrañarse de que cada día más gente decida informarse directamente en los programas satíricos, al menos allí la verdad se cuenta desde su propio burladero.

Pero si el circo de Sálvame, sea naranja, amarillo, delux, superviviente, granhermano no tiene más trascendencia que atontarnos con un circo absurdo y cada día más de los horrorores, o convertir en aspiración ser como ellos famosos por enseñar sin pudor su propia miseria, la imparable salvanización del resto de la parrilla, tiene consecuencias graves.

“La información es cada vez más sesgada, menos independiente y menos rigurosa. Y así la ciudadanía se forma opinión en base a errores o mentiras. Una serie de parámetros extraordinariamente peligrosos porque con esa opinión tienes mucho riesgo de equivocarte y, en consecuencia, las decisiones que vayas a tomar van a afectar a ti, a tus hijos y a la construcción del mundo” le dice María Rosa Calaf en una estupenda entrevista realizada por Ana I. Bernal Triviño en Público. Poco que añadir.
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