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Una semana y varias cazuelas de legumbres después

Llevamos una semana en esta pequeña casa asturiana arreglada para conquistar urbanitas y poco a poco el ritmo de nuestros se hace más fluido, los despertares tardíos, la curiosidad sin ansia por descubrir si toca sol o lluvia, de esa fina que poco a poco cala como un chaparrón pero sin hacer ruido, los encuentros para comer aquí o cenar allá dejándose llevar por una cocina de producto que se aleja muy poco de la de la abuela (asturiana claro, qué otra sería capaz de guisar legumbre día tras y día y conservar la sonrisa de pequeños y jovenzanos), el paseo tranquilo por veredas que confluyen en el Camino (ese que sólo a alguien tan desconectado como una misma a la hora de la siesta se le ocurre preguntar ¿a dónde?) y playas que no huelen a crema solar.

Una semana en la que la TV se ha convertido en un espejo de fondo oscuro, la radio ese olvido que no suplen los podcast y las redes sociales el único canal de comunicación que mantenemos abierto, una semana que enmarca los días por las fiestas populares, el mercadillo tradicional o las verbenas a las que ya acuden solos los herederos, noches de cielos estrellados o nublados pero siempre de manta y abrazo cariñoso y desayunos de pan de maíz.

Tiempo de caminar en soledad o compañía buscada, de lecturas rememorables como "Prim" de Benito Pérez Galdós, divertidas como "Yo también soy una chica lista" de Lucía Lijtmaer, prescindibles como "Las lágrimas de Claire Jones" de Berna González Harbour o tan cautivadoras en el repaso como "Khimera" de César Pérez Gellida, aliñadas con los versos siempre poderosos de Machado, el poeta que hoy arrasa en la redes por el ahí te quito una plaza "españolista", más tarde desmentido (de Goya no se sabe si se quedará o no...)

Necesitábamos este tiempo de ser sin estar o de estar sin ser, que bajo el limonero entre chubasco y chubasco, más me asemejo a una piedra que a un alma en profundo debate interior, tiempo de buscarnos sin palabras, recuperar espacios en la piel siempre añorada, nombrarnos sin miedo, compartirnos desde la complicidad y disfrutar del paso de tiempo que no sólo clarea las sienes o se alinea con la gravedad, sino que trae de la mano herederos independientes con los que compartir un cachopo y una barbacoa, o a los que contar el encuentro en el prau con el toro (la tarde de la gabardina roja).  

Aún así la realidad se cuela, la huelga del aeropuerto de El Prat, preciso ejemplo de cómo no es buena idea externalizar servicios públicos sin valorar más que el precio y haciendo dejación de responsabilidad, quizás porque los hemos acostumbrado a tragar y tragar y siempre pueden echar mano de la Guardia Civil (con sus derechos cojos y tasados) para que rompan la unidad de la huelga; el doloroso e incierto trance de #Juana y sus hijos, complejo asunto jurídico con tres ordenamientos entrecruzados y el miedo de una madre a tener que lamentar lo peor, porque ya ha pasado, porque él es un maltratador condenado, porque el miedo no permite pensar como si nada fuese a suceder; las vacaciones pagadas de los de siempre, (me apunto a las del marido de Cospedal, siempre me imaginé surcando el mar en el buque escuela); la virulencia en las redes que el calor no achanta, aunque silenciando se hace más tolerable; el fuego voraz en el querido Portugal; el desfile fascista en una América que asusta; hechos que se solapan con goles, fichajes y amores de verano en las revistas que ojeas de medio lado en una terraza. 

La vida sigue, también sin que nos sumemos a ella. 

Qué lastima que no podamos compartir este tiempo y este espacio con aquellos para los que la vida nos roba el momento de charlar con calma, rodeados de belleza e iluminados una noche más por las velas de citronella.

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Al viento

Chicharras francesas
Aún no me he ido de vacaciones pero tengo esta casa un poco abandonada, quizás desde el fresco que buscaremos en el norte escriba cada día o puede que suba una foto de esas de dar envidia con cariño de pascuas a ramos, lo cierto es que el verano viene de la mano de ese aire a anuncio de cervezas como relajado en informal donde los horarios se relajan, aún a costa de sufrir las consecuencias de una noche a la fresca en un madrugón laboral, y las horas del horno se pasan quietos, parados como hipnotizados por el canto sexual de las chicharras.

Así que paso a desearos buenas vacaciones, recomendaros leer, mirar, escuchar y también olvidar un poco, porque aligerando la carga seguro que nos sentimos un poco más libres.


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Las diferentes versiones del cuento

Me gustan los cuentos tanto como los buenos libros ilustrados así a pesar de la poda radical que recibió esta primavera (salieron en buena dirección algo más de 300 libros), en mi biblioteca siempre tendrán su espacio obras tan hermosas como esta versión de las aventuras de Pinocho.

La obra de Carlo Colloni reescrita por Christine Nostlinger e ilustrada por Antonio Saura, una belleza que por alguna razón me he sentido impulsada a releer, puede que el ruido mediático sobre la declaración de Mariano Rajoy en el primer juicio de la Gürtel como testigo tenga algo que ver.

Imagino que tanta insistencia con que el Presidente tiene que decir la verdad me ha llevado a imaginar qué sucedería si optase por mantener su discurso de que nunca hubo una contabilidad en B, o que nunca cobró un sueldo opaco de su partido...


Aunque quizás su opción sea envolver a los magistrados con afirmaciones como la de la taza, el plato, lo mejor peor, o el alcalde es quien quiere que sea...y entremezclar refranes con surtidos de "no me consta", "no me acuerdo", "no lo sé" que con tanta soltura se han venido utilizando por parte de testigos e imputados con diferentes grados de éxito si por las sentencias nos regimos y creciente vergüenza ajena si lo calibramos por la cara de estupor de quienes nos hemos visto obligados a escuchar que aquellos y aquellas a quienes habíamos encargado la gestión de lo común ni siquiera sabían que pasaba en el garaje de su casa, con la contratación de su niñera, o el despacho desde el que se pagaban las facturas de sus actos de campaña. 

Claro que en estos casos deberá tener cuidado con ese famoso tic que los expertos en las cosas del presidente que anda rápido le acaricia el ojo cuando no se ajusta mucho a la verdad, aunque creo que como prueba de falso testimonio no es válida, al fin y al cabo esto no es una serie americana.

En fin, más allá de Rajoy y la versión que ofrezca a la Justicia mañana me quedo con que el niño de madera tras múltiples aventuras, alcanzó su sueño de ser un niño de verdad gracias al amor de su padre y la magia altruista de un hada madrina, quizás la versión para niños de la gestación subrogada. Y es que definitivamente hoy no me concentro en la lectura.


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De la sal, Sigüenza


Sigüenza

Controlando el paso del alto Henares nos recibe Sigüenza, recortándose sobre el paisaje de bosque bajo la imponente silueta del castillo y al pie de la colina, no menos impresionante, la Catedral. En su historia dejaron huella celtíberos, romanos, visigodos y árabes pero es sin duda la Iglesia Católica la mano que más firmemente marca el espacio que nos espera, bajo un sol que perdona poco y anunciando que una vez más lo hermoso se descubre ascendiendo cuestas.   

Portada catedral de Sigüenza
Aún estamos aparcando cuando nos llaman de la Oficina de Turismo donde hemos concertado una visita guiada por la Ciudad Medieval y Renacentista, en esta ocasión nuestra presencia parece imprescindible para que se conforme grupo, así que aceleramos el paso hasta los pies de la Catedral y tras abonar los siete euros de rigor (aquí tienen más claro que al turista se le cobra el servicio, ya aprenderán en Brihuega) nos disponemos a disfrutar de la visita bajo la batuta de una guía comprometida con la belleza de lo que muestra y hábil comunicadora. 

lateral catedral de Sigüenza
A la sombra de la Catedral nos resume la historia de Sigüenza remarcando la idea de que la ciudad irá creciendo desde la vega del río hacia el Castillo y desde el Castillo a la vega acercándose edificio a edificio y elevando muralla tras muralla a medida que la vida las desborda.

La Sigüenza que vemos nace de la mano del Obispo Bernardo de Agen, nombrado por Alfonso XI, que la conquista a los moros y la convierte en floreciente Señorío Episcopal, dejando la impronta de la Iglesia Católica en cada esquina ya que aquí el Obispo es clérigo en la iglesia, señor en la ciudad y soldado en el campo de batalla, es decir que ostenta, apoyado en su Cabildo, el poder religioso, político, administrativo y judicial durante casi setecientos años hasta que poco antes de la desamortización de Mendizábal, el Obispo Juan Díaz de la Guerra lo revierta a la Corona, salvaguardando así para la Iglesia más de lo que otros señoríos consiguieron retener. 

Crucero Catedral de Sigüenza
Nos cuenta que son las rentas provinentes de las salinas que bautizan el río Salado las que permiten levantar gran parte de la Catedral iniciada en el siglo XII como fortaleza defensiva, de estilo románico y proseguida más tarde bajo las pautas del gótico. 

Su aspecto exterior es el de una fortaleza medieval, con dos fuertes torres cuadradas, pórtico románico y un imponente rosetón, razón por la que es conocida como la "Fortis Seguntina", la obra continuó hasta el s.XVI, aunque se siguió ornamentando hasta bien entrado el s.XVIII, y no se puede obviar al contemplar su interior (algo que haremos por la tarde) la importante restauración que llevó a cabo tras la guerra civil cuando resultó arrasada por integrantes de la alemana Legión Cóndor (detalle que olvidará el Deán cuando nos guíe por su interior).

Puerta del mercado o la cadena Catedral de Sigüenza
Rodeada de muros y torres, formaba un conjunto fortificado de aspecto guerrero, que no perderá hasta el siglo XV cuando el cardenal Mendoza decida derribar un lienzo de la muralla y crear un nuevo espacio diáfano donde celebrar el mercado semanal y los espectáculos públicos (desde los ajusticiamientos a los taurinos, muy apreciados por el pueblo ya que les permitía comer carne), diseñando así una de las más bellas plazas castellanas, la Plaza Mayor y desde su escalinata, al amor de una clemente sombra, apreciamos como se hace piedra el dicho de que el gótico cabalga sobre el románico. 

Plaza mayor de Sigüenza
De estructura rectangular, a uno de sus lados se alza una galería porticada que guarece de la lluvia y el intenso frío, hasta la Puerta del Toril, sobre la que se edificaron viviendas para el Cabildo que aún hoy lucen orgullosas sus escudos, enfrente casas nobiliarias como la del Mirador o la de la Contaduría, al norte limita con la Catedral en la que se abre la puerta del mercado y al sur se cierra con el edificio del Palacio de los Deanes, con doble hilera de arcos y galería, sede del actual Ayuntamiento.  

Ruinas Iglesia de Santiago
Ascendiendo por la Calle Mayor, alineada con el resto de las edificaciones encontramos la fachada de la Iglesia de Santiago, que en su momento dio servicio al adyacente Monasterio de las Clarisas, con su soberbia y trabajada portada abocinada con siete arquivoltas de diferente y delicado trazado, sostenidas por capiteles de hojas de acanto sobre media docena de columnas, en el tímpano, un medallón renacentista con el busto del Apostol Santiago y sobre el bloque de la portada, con restos de policromía, el escudo de armas del obispo don Fadrique de Portugal.  

Ruinas Iglesia de Santiago interior
El interior nos acoge en penumbra, no sólo por la estrechez de sus ventanas románicas sino por encontrarse en plena restauración y quizás dicho así suena a menos de lo que el visitante encuentra, ya que buscando, buscando, han dado con muros de la época árabe de la ciudad y se encuentra excavada más de siete metros de profundidad en casi en dos terceras partes de su superficie. 

La iglesia, como la Catedral quedó destrozada tras el paso de la aviación alemana en la Guerra Civil y ahora en manos de una asociación laica pelea por recuperar la serena belleza de su única nave en seis tramos con coro a los pies, que choca con los vibrantes restos de policromía del ábside. 

Puerta del Sol Sigüenza
Unos metros más arriba, frente a la Travesaña Baja, nos encontramos con la Puerta del Sol, que comunica la Calle Mayor con un Paseo de Ronda que debe ser muy agradable de recorrer a la caída de la tarde. A mano derecha, el Arquillo de San Juan o Puerta de la Travesaña Baja, situado en la zona de la judería, con un balconcillo corrido del siglo XVIII que acoge una imagen de la Virgen del Carmen.  

Más arriba, la imagen de la catedral se empequeñece a cada paso, mientras paseamos entre edificios de variopintos estilos y comercios atractivos. 

Frente a la iglesia de San Vicente y la Travesaña Alta, se abre la plaza que acoge uno de los monumentos más emblemáticos de la ciudad; la Casa del Doncel, hermoso edificio de estilo gótico civil, ubicado en el corazón de la ciudad medieval, a medio camino entre las Travesañas Alta y Baja, que señalan los límites de este esta zona. 

Casa del Doncel Sigüenza
La Casa del Doncel se empezó a construir en el siglo XIII aunque de sus primeros cimientos apenas quedan algunos restos en el sótano, debió ser completamente levantada entre la segunda mitad del siglo XV y principios del siglo XVI y de su larga existencia y sus ilustres propietarios nos hablan los blasones labrados en la fachada. Su aspecto de casa-torre se acentúa por las ventanas, las gárgolas y las almenas rebajadas de su aspecto defensivo por los cascabeles que las coronan. 

Decoración arco Casa del Doncel Sigüenza
Su interior, recientemente rehabilitado por la Universidad de Alcalá de Henares, muestra salones decorados con cenefas mudéjares, separados por bellos arcos de yeserías de idéntico estilo.  

Girando de nuevo a la derecha (y una rampa más hacia el Castillo) tropezamos con la plazuela de la Cárcel, la antigua Plaza Mayor que acogía los edificios civiles más importantes: la cárcel, el Ayuntamiento que luce en su portada el escudo de los Reyes Católicos que ordenaron su construcción y la posada del Sol. 
Plazuela de la cárcel Sigüenza
Aquí se celebraba el mercado, junto a la Puerta del Hierro, entrada principal de la ciudad dónde se cobraba el impuesto a las mercancías que entraban en la ciudad
Un último esfuerzo, al sol se une el firme cada vez más irregular, y alcanzamos la explanada donde se erige el Castillo, en su origen una alcazaba árabe ampliación de un pequeño castillo visigodo y un castro romano. Reconstruido en el año 1123 para servir de palacio-fortaleza y residencia de los obispos, señores de la ciudad durante siete siglos, sufrió el posterior abandono y los daños de la guerra que casi lo borraron del mapa precisando del impulso de Paradores Nacionales en 1976 para recuperar su grandeza. 

Parador Nacional de Siguenza
A pesar del esfuerzo, merece una visita(1), desde sus almenas se divisa el panorama completo de la ciudad. Una puerta en la muralla nos introduce en el patio de armas, provisto en su centro de un hondo pozo. En el interior destacan el Salón del Trono o Salón Rojo en el que impartían justicia los obispos, la capilla y una celda donde algunos dicen que vivió, hasta su destierro, Doña Blanca de Borbón, la esposa de Pedro I el Cruel, (cuya historia se confunde con la leyenda de su repudio en la noche de bodas) y la primera iglesia de Sigüenza, llamada de la Santa Cruz, construida en el siglo XII y con decoración mudéjar en su interior. 

Detalle arco Casa del Doncel Sigüenza
Desde esta atalaya se aprecian bien las explicaciones sobre los diferentes lienzos de muralla que fueron acogiendo nuevos barrios, siempre hacia o desde la catedral, alzando torreones como el de la calle del Peso para consolidar la vigilancia. 

La visita prosigue pero una vez más nuestro espíritu saciado deja hueco a nuestro mucho más mundano cuerpo y volvemos sobre nuestros pasos hasta la Casa del Doncel, ya que en sus bodegas nos espera nuestra opción gastronómica para hoy: el restaurante Nöla, toda una apuesta de vanguardia en un marco histórico. 

Calidad con guiños de alta gastronomía sin perder de vista productos de la zona, como la caza o la atrevida reinvención de platos tradicionales. Una carta correcta y varias opciones de Menú degustación nos permitieron combinar sorbos frescos como el salmorejo de tomate con centollo desmigado y brotes frescos, arroz meloso de corzo y perrechicos, raviolis rellenos de carne de nécora con fumet espumado de aromáticas, pollo de corral con higos o cordero deshuesado con crema de avellanas tostadas, cerrar la comida con una tradicional torrija rediseñada o con un gintonic de cítricos con crema helada de limón y un café (que a juicio de mis acompañantes no desmerecía en absoluto la calidad de la comida) Sin duda han sabido aprovechar su formación con grandes como Santamaría, Aduriz, Arzak o Berasategui. 

Sigüenza
Despacito (podéis ponerle música) vamos bajando y disfrutando las callejuelas que han de dejarnos al inicio de la segunda visita del día, la exposición que en su 500 aniversario el Museo Diocesano de Arte Antiguo y la Catedral le dedican a Cisneros con el curioso subtítulo De Gonzalo a Francisco, que hace referencia a su opción por la pobreza y severidad franciscana que acogió tras abandonar Sigüenza y antes de convertirse en el todo poderoso Cardenal Cisneros, la versión patria del vecino Richelieu, que le llevó a abandonar el nombre con el que estudió en Alcalá y Salamanca y bajo el que fue canónigo mayor de la Catedral de Sigüenza y alcalde mayor de la ciudad bajo el mandato de su mentor, el Cardenal Mendoza, para cubrirse con el humilde Francisco.

Sigüenza aprovecha la efeméride para rendir honores a uno de los hombres que más hizo por traer la Edad Moderna a la ciudad, apoyando la fundación de la Universidad, el Hospital de San Mateo, además de redactar ordenanzas municipales capaces de minorar tradicionales problemas como la subsistencia o la peste, permitiendo que ésta pasase de medieval a renancentista y favorece así la visita al profundamente restaurado Museo Diocesano. 

No puedo dejar de admirar al Cardenal Cisneros por su Biblia políglota, que tendremos el placer de ver la impresionante Sala Capitular, o su decidida apuesta por el nacimiento de un Estado Moderno, pero sinceramente no es un “prócer” de mi devoción, quizás por la influencia de la obra Juana I de España. La reina cautiva, de mi admirada Mery Varona, y sin duda por la extraña impresión que me causó su epitafio tan alejado como puede ser posible de la humildad del eremita franciscano a quien Isabel La Católica tomara como confesor:


Yo, Francisco, que hice edificar a las Musas un Colegio Mayor,
Yazco ahora en este exiguo sarcófago.
                     Uní la púrpura al sayal, el casco al sombrero,
                       Fraile, Caudillo, Ministro, Cardenal,
                    Junté sin merecerlo la corona a la cogulla
                   Cuando España me obedeció como a Rey.

Pero dejando ambiciones y misoginias a un lado, nos dirigimos a la Catedral, donde en la casi penumbra fresca hacemos resonar nuestros pasos por la girola, superpuesta a la planta primitiva de tres naves y crucero. El primitivo románico se conservan los pilares del crucero y los muros inferiores siendo ya inequívocamente góticos los muros superiores, el crucero, los rosetones y los ventanales del presbiterio y la nave central. 

Rosetón Catedral de Sigüenza 








Poco a poco, con cierta renuencia nos vamos congregando frente a la reja del principal atractivo de la Catedral; el sepulcro del Doncel, donde esperamos a que se presente nuestro guía, un deán algo cansado de pastorear turistas y que no nos permite deleitarnos ni con la magnífica portada, de comienzos del siglo XVI, netamente renacentista con labores platerescas, ni con la reja rematada con un frontón dedicado a la Adoración de los Magos. 

Ya en la capilla, de repente empequeñecida, nos indica los varios enterramientos de la familia de Martín Vázquez de Arce, más conocido como el Doncel, sus abuelos a los lados (en precario vertical al suelo), sus padres en el mausoleo de la zona central y un hermano un poco más allá. Ninguna escultura capta la atención más de un instante frente a la hermosa sepultura del Doncel, la anónima estatua de alabastro de un joven caballero reclinado sobre su sepulcro con grave y tranquila actitud, abismado en la lectura del libro que sujeta abierto entre sus manos. 

Sepulcro Doncel de Sigüenza

El realismo y su singular postura con las piernas cruzadas, el busto erguido y el brazo derecho apoyado sobre un haz de laurel nos hablan del ideal del caballero, culto y valiente a la par, un joven atrapado en piedra que parece pudiese cobrar vida. 

Reja del Coro Catedral de Sigüenza
Cuesta despedirse del caballero, pero abandonamos la capilla que queda cerrada al abrigo de quienes no quieran pasar por taquilla y cruzamos la nave central, admirando de pasada el imponente coro y entramos tras las impresionantes puertas en la no menos impactante Sala Capitular desde cuya bóveda nos contempla cientos de cabezas. 


Seguimos la visita y tras otra puerta imponente de esas de
Sala Capitular Catedral de Sigüenza
llaves gigantes, se nos abre el Claustro, de evidentes trazas góticas y que como siempre nos acalla en un instante pérdidas las miradas en su simetría, la belleza delicada de sus arcos y  el bucólico encuadre de su vegetación en la que un ciprés impone su esbelta presencia. En las salas que a él se abren el descubrimiento de un Greco original no consigue atraer más miradas que la exposición de las vestimentas de la serie Isabel que se exponen en el refrectorio, somos como somos. 

Claustro catedral de Sigüenza
Ya encaminados a la salida nos detenemos en la hermosa sala de tapices (que me recuerda que le debo una visita a los de la Seo de San Salvador en Zaragoza) y volvemos al templo.

Poca atención le dedicamos al impresionante tras coro y sus inmensas columnas salomónicas de mármol que protegen y empequeñecen la delicada talla gótica de la patrona de la ciudad, porque nos las roba todas el trabajo de encaje y preciosismo de una de las capillas laterales. 


Capilla lateral Catedral de Sigüenza

Aunque Sigüenza es mucho más, apenas nos hemos asomado a sus conventos extramuros, al influjo de la ilustración, a la Sigüenza comercial abierta al ferrocarril, a su época de cotizado retiro veraniego del que surgen villas, huertas y jardines, nos quedamos sin tiempo, pero nada mejor de dejar anotados espacios por visitar e historias por escuchar para desear volver.



1.- Alojarse en el Parador de Turismo de Sigüenza en una opción estupenda para sumergirse en un tiempo que pasó pero del que parecen llegarnos los ecos, sobre todo si paseamos despacio por su amplios salones o nos dejamos conquistar por el frescor de la caída de la tarde en su patio de armas.
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Escapada a La Alcarria, con perdón del Nobel y la Provenza

Provenza
El año pasado recorrimos cientos de kilómetros para extasiarnos ante un cultivo, dicho así suena un poco bobo, pero si añado que se trataba de campos de lavanda quizás se entienda algo más. 

Recorrimos la Provenza tras los pasos dolientes de un Van Gogh sublime y un Cezánne enamorado de la luz, el agua y el perfumado ambiente de una de las regiones francesas más genuinamente mediterránea.

Y celebramos como niños pequeños (o japoneses) cada recodo del camino que descubría campos plenos de lavanda y superamos el zumbido sordo de los abejorros para caminar con cuidado entre los caballones y tratar de inmortalizar la sensación en cientos de fotos que siendo hermosas no reproducen esa alegría simple (similar al principio de una nevada) que te embarga, pero como siempre, las vacaciones terminaron y a pesar de traer con nosotros esencias, flores y recuerdos grabados al fuego de las tardes sofocantes bajo el estridente canto amoroso de las chicharras, los campos mágicos quedaron lejos.


Pero una vez más el tan traído "buscamos lejos lo que tenemos cerca" nos sorprendió al descubrir que aquí, en España, en la parte alta de La Alcarria tenemos una zona que cada julio se viste de púrpura y perfuma el aire con el inconfundible aroma del espliego, que es como allí se ha venido llamando a la lavanda. 

Así que pendientes de las páginas web y decididos a revivir la experiencia nos aseguramos de contar con entradas para el Festival de la lavanda de Brihuega y ésta es la crónica de un fin de semana que no puedo sino recomendarnos.

Tras mucho buscar establecimos nuestra base en Hita, el pequeño pero delicioso pueblo medieval que conocemos por el Arcipreste y su Libro de Buen Amor donde entre otras muchas cosas recomendaba enamorarse de aquella que "tenga el genio alegre y ardiente el corazón", "no duda" y "pide de todo la razón". 

No es la opción más cercana pero la distancia de apenas media hora a Brihuega se premia con un agradable viaje subiendo y bajando por el curioso paisaje alcarreño que combina campos de cereal con extensiones de flores amarillas, vegas de ríos que apenas se aprecian y pequeños pueblos con orgullosas iglesias.

Campos de flores de La Alcarria


Bodegas Casas de ValoisNos alojamos en las Casas de Valois, la apuesta decidida de un par de hermanos con una casa familiar enorme y mucho, mucho gusto (una de esas iniciativas apoyadas por los Fondos Europeos y que han permitido dotar de alojamientos turísticos a localidades en las que un hotel no sería viable, a la par que proporcionan otra vía de ingresos a quienes a pesar de todo siguen resistiéndose a abandonar su tierra).

A media tarde, acalorados por las altas temperaturas y aún sonriendo con un poco de maldad urbanita a costa de la parada en el Área 167 de Arcos de Jalón y su curioso bar, restaurante, hotel, tienda de productos locales y "establecimiento chino", tomamos posesión de Nairobi, nuestro apartamento ambientado en un África elegante, amplia y fresca. 

Spa Casas de ValoisAcompañados por uno de los hermanos recorrimos las instalaciones tomando buena nota de lo oportuno que es el lugar para una celebración familiar, sala de juegos, comedor, y la joya de la corona en un recodo de sus laberínticas y frescas bodegas, el pequeño spa del que hicimos refrescante uso.

De nuevo en la calle, en cuesta como todo Hita, recorrimos despacio la parte extramuros donde campa El palenque donde celebran justas medievales en los festejos más conocidos de la zona. 


Y sin prisa pero sin pausa, tropezamos, ya en los límites del pueblo con el Asador de Hita, donde contábamos con iniciar la parte gastronómica de la escapada con un asado tradicional, sin saber que sus responsables iban a sorprendernos con un local más que curioso, un servicio impecable y una cocina de gran calidad que no teme arriesgar sin olvidar las recetas básicas de la abuela.

Puerta de Muralla Hita
Para bajar la cena nada mejor que un paseo nocturno por la villa desde la plaza de la puerta de acceso, primorosamente restaurada y que se abre a un mirador precioso a la luz de unas estrellas que parecen relucir al vernos, hasta la Casa Museo del Arcipreste, cuestas y más cuestas de un pueblo orgulloso de su historia y cuidadoso con su apariencia, corona el pueblo las ruinas de un castillo que lo dominaba todo y que hoy es rendido por senderistas dispuestos a la conquista.

La mañana del sábado promete calor sin medida, pero sufridos turistas nos lanzamos a la aventura de disfrutar de los campos de lavanda antes de la cita con la Oficina de Turismo de Brihuega, así que con dispares indicaciones de GPS nos lanzamos por pequeñas carreteras de curvas y cambios de rasante hasta entrever ese tono uniforme entre morado, púrpura y violeta encajado como una pieza discordante en la colcha de retales de campos amarillos de cereales cosechados y zonas de barbecho, allí.. allí, la lavanda1.

Campos de lavanda La Alcarria España

Campos de lavanda BrihuegaEl primer contacto, el olor, el calor, el zumbido de los abejorros, la sorpresa de encontrar tanta belleza sin más preludio que un coche aparcado en el arcén. Las primeras fotos, las sonrisas, el aspirar, el roce cuidadoso sobre las flores, otro tramo, otra parada, este campo cercado y con un cartel, el otro algo más grande y más lejano, sin dejar de mirar por las ventanillas llegamos a Brihuega, que nos espera engalanada de morado y blanco consciente de ser un reclamo excepcional para una región no muy visitada.

Tal y como nos habían confirmado amablemente,  la visita guiada gratuíta comenzará a las 12:30 en la puerta de la antigua cárcel hoy convertida en Oficina de Turismo si se apuntan a ella 10 personas (lo que no parecen haber previsto es lo complicado de moverse con más de 60). 


Como tenemos tiempo y nos aseguran que la temperatura es más agradable, aprovechamos para visitar antes las cuevas del carnicero, que quizás no se llaman así, pero son de su propiedad. A la entrada nos espera para cobrar un par de euros por cabeza y asegurar que si nos perdemos no hay más problema que acabar siendo chorizos.



Emprendemos la bajada y la temperatura desciende con nosotros escalón a escalón hasta acariciarnos con helada mano, muy apropiada para la truculenta historia que mi amiga nos cuenta para justificar por qué le producen cierta incomodidad las enormes cántaras de vino y aceite que se allí se conservan, comprensible tras saber que la leyenda narra que una pobre mujer embarazada de quien no debía, optó por esconder a su bebé en una de ellas. 

Bodegas Brihuega



Con risas y sustos recorremos las cuevas tan bien conservadas como las de nuestro alojamiento y aún más amplias, destacan los miradores, las vueltas y revueltas y los arcos visigóticos de algunas zonas. 

Fuente Brihuega
La visita merece la pena a pesar del desolador contraste de temperaturas al salir, qué ganas de echarse al pilón, una de las muchas y hermosas fuentes con las que cuenta Brihuega.

Un poco en manada, un poco en fila india, las calles no son muy amplias, seguimos a la guía hasta la puerta medieval de Santa María que da acceso al Castillo de la Piedra Bermeja, hoy en restauración, y disfrutamos de sus explicaciones que se deslizan suaves de la historia y la arquitectura a la evocadora y romántica (?) leyenda.

Arcos entrada Iglesia de Santa María de la Peña Brihuega


Un poco más adelante la Iglesia de Santa María de la Peña de plena transición del románico al gótico, 


Museo de las miniaturas Brihuega


abandonando el recinto amurallado del Castillo, la plaza de Toros, el Museo de Miniaturas..



el Arco de Corazón, las ruinas de la Iglesia de San Juan... 

la visita guiada sigue adelante, pero nosotros nos rendimos, la promesa de algo fresco guía de nuevo nuestros pasos hacia la muralla donde el restaurante La Peña Bermeja nos espera.

Lo cierto es que emulando al Nobel habíamos pensado en comer en el restaurante Quiñoneros de quien dejó dicho que "preparan unas croquetas memorables, una coca de cebolla casi divina, una tortilla paisana diga de elogio a calzón quitado, una empanada de bonito que no la mejoran en ningún lugar del mundo, un queso frito en su punto y sazón, un costillar de corderito que remuerde la conciencia de bueno que está..." pero al igual que el alojamiento2, ya habían colgado el cartel de completo.

Pero no lo lamentamos nada, la ubicación, el espacio, la atención y la comida de la Peña Bermeja (también su aire acondicionado) nos encantan, desde el brie fundido con albahaca, las berenjenas en tempura, la sopa fría de melón, las chuletitas y la presa a la brasa hasta el helado de lavanda todo es un éxito de sabor y presentación. Una mezcla entre tradición y modernidad que aporta a cada plato unas notas diferentes a las esperadas.

Vistas desde la Fabrica de Paños Brihuega
Reconfortado el cuerpo y conscientes de que tanto exceso debe pagarse, emprendimos la subida, digna de una etapa reina del tour de Francia, hasta la Real Fábrica de Paños, un edificio del s.XVIII con puerta barroca de 1810, ejemplo de arquitectura industrial y que acogía el impresionante número de 84 telares en su curiosa planta circular. 

Hoy no se pueden visitar más que sus jardines, famosos por su ubicación dominando el conjunto de la ciudad y su diseño de parterres y cipreses adornados con farolas, cenadores y fuentes, así que nos dejamos llevar por su atmósfera de delicada decadencia.

Al límite de nuestra capacidad como turistas nos recogemos para una reparadora siesta y obedeciendo las indicaciones de nuestros anfitriones (el nivel de detalle las guías que ponen a disposición de los huéspedes es digno de una oficina de turismo) a las siete de la tarde estamos preparados para el plato fuerte de la escapada, el Festival de la Lavanda



Vestidos de blanco, con calzado cómodo y algo de abrigo3 para cuando caiga la noche, descubrimos que casi 3.000 personas entran realmente despacio por un pasillo estrecho abierto en un campo de lavandas.

La espera es amena, el aroma lo impregna todo, las hileras de lavandas parecen reclamar incesantes una foto tras otra y debo reconocer que criticar valorar las diferentes formas de interpretar la etiqueta para un evento en el campo dan para llegar sin aburrimiento al momento mágico de bajar la loma y contemplar uno de los escenarios más especiales que se puedan ver.

Hileras de sillas suben y bajan acompasando las oscilaciones del terreno, situadas junto a las matas tubulares de lavanda apenas dejan un diminuto espacio para pasar pero poco a poco se van llenado de personas que relucen de blanco bajo el sol que declina.

Encontramos acomodo en una fila al lado izquierdo4, muy cerca del límite del campo y esperamos entre fotos y miradas sorprendidas el inicio del concierto. Diego El Cigala va a cantarnos con esa voz suya, tan rota, profunda como limpia en ocasiones, tangos y boleros entre lavandas bajo un cielo que se pavonea inmenso y brillante.

El escenario apenas se adivina, una simple plancha poco más alta que las lavandas que la rodean, a sus lados torres de sonido que permitirán que su voz y la del piano de Jaime Calabuch "Jumitus" lleguen con facilidad a todo el auditorio, y una imponente encina o ¿será una sabina? como telón de fondo a una treintena de metros más allá y que se convertirá ,gracias a la iluminación, en un foco de magia.

El sol se va escondiendo, la lavanda se oscurece, su color se torna más profundo, el aroma más pesado, el aire más fresco y al fin las luces enmarcan el piano abierto y la banqueta alta a la que encarama ágil y elegante como un gato la figura trajeada de Diego El Cigala y el espectáculo da comienzo.

De la zambra al tango o el bolero pasando por temas tan conocidos como La vida loca de Pancho Céspedes, el artista se va gustando, se va mirando, se va queriendo y desgranando. Incluso trata de convencernos de nuevo que es posible querer a dos mujeres a la vez y no estar loco, y aunque ya la noche ha caído y el aire sabe a dulce abandono, sigo pensando que quizás no sea un loco quien a dos mujeres quiera, la locura es pensar que ellas van a desear amar a medio hombre entregándose enteras.

Así que con Bebo en la memoria y la piel erizada me dejo llevar por su Vete de mí,

Mira el paisaje del amor
Que es la razón para soñar y amar...
Yo, que ya he luchando contra toda la maldad.
Tengo las manos tan desechas de apretar,
Que ni te pueden sujetar
 Vete de mi...
Seré en tu vida lo mejor
De la neblina del ayer
Cuando me llegues a olvidar.
Cómo es mejor el verso aquel
Que no podemos recordar





El concierto termina tras un par de emocionados vises entre los que disfrutamos de su versión de El día que me quieras de Gardel y emprendemos el camino hacia la zona iluminada de la cena. Asusta un poco moverse casi en la penumbra en lentas filas entre los caballones de lavanda, pero finalmente llegamos. Parece que no menos de 800 personas han optado por la opción concierto y picnic buffet a la luz de las estrellas lo que explica las prisas de algunos.

El catering corre a cargo de Manolo Moreno y su equipo de La Cocina de Mallorca y pronto disipa cualquier duda sobre si vamos a cenar o quizás capturar una croqueta al vuelo. Bajo un emparrado de bombillas se distribuyen barras con bebidas a un lado, mesas a otro y curiosas estructuras de palés sobre las que se van depositando platos fríos y calientes a una velocidad que poco a poco consigue equipararse con el apetito de los comensales.

Gazpachos, ensaladas y ensaladillas variadas, arroces, pasta, migas, brochetas de carnes y pescados, bonito con pisto, mini hamburguesas, pepitos de lomo de diminuto tamaño...hasta llegar a la fruta pelada y partida, los pasteles y los exquisitos bombones. Un ejército de personal reponiendo y recogiendo que finalmente gana la batalla a los siempre presentes, pero perfectamente prescindibles reyes del acaparamiento foribundo.

Copas bien servidas, aire fresco, música suave y un cielo que compite con la luz eléctrica, la noche termina y en el paseo hasta el coche vamos tratando de atrapar la esencia de una noche irrepetible, aquí, cerca, en La Alcarria.


(el domingo nos llevó a Sigüenza, pero esa es otra historia)


Notas prácticas

El Festival de la lavanda se celebra normalmente un sábado de mediados de julio, estad atentos si queréis entradas porque el aforo es limitado.

1.- Quienes vienen de Madrid por la A II, no tienen más que salir en el 103 y recorrer unos pocos kilómetros para tropezar con los primeros campos.
2.- Alojamiento en Brihuega: Hotel Spa Niwa y   Hotel Princesa Elima
3.- Es conveniente llevar una botella de agua y no tener necesidad de acudir al WC. De igual modo, no olvidar alguna prenda de abrigo la temperatura baja significativamente.
4.- Mejor ubicarse en lado derecho según se mira al escenario si se tiene alguna limitación de movilidad y te vas a quedar a cenar
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