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LA MALDICIÓN DE MRS ROBINSON

Una mujer madura, el sueño del jovencito. Un jovencito, el pecado de la mujer madura And here's to you, Mrs. Robinson,
Jesus loves you more than you will know.
God bless you, please Mrs. Robinson.
Heaven holds a place for those who pray,
Y aquí está usted, señora Robinson
Jesús la ama más de lo que usted sabrá
Dios la bendice, por favor, señora Robinson
El cielo tiene un lugar para aquellos que oran
Simon & Garfunkel
Esta estupenda mañana de domingo, cobijada en casa, con la calefacción puesta y sin tener que salir a la calle, tomando un café con el periódico he tenido una experiencia que no sé si cabría calificar de religiosa, pero que no me resisto a contaros.

Leía un reportaje sobre Iris Robinson, a la sazón esposa del primer mandatario del Ulster, una estupenda señora de unos magníficamente bien llevados sesenta años que además de primera dama es concejala, diputada y firme puntal de la hiperconservadora y puritana iglesia evangelista protestante, capaz entre otras cosas de declarar que la homosexualidad es una abominación.

No me resulta difícil entender que una mujer de tan estricta moral que renunció hace años al placer de una copita de vino de vez en cuando, y que no sale a cenar con su marido por cuestiones de moralidad y buen ejemplo, se haya visto arrastrada a la pasión en brazos de un jovencito. La imagino recordando cuantas veces le habían hecho la gracieta de mentarle aquella película o de tararearle la canción y de repente todo aquello tenía mucho más que ver con ella que con Anne Bancroft.

Pero la causa de mis malvados pensamientos ha sido comprobar que Iris, my darling!, una vez metida en faena, se ha dado un amplio paseo por los círculos del infiermo, supongo que una vez consciente de su maldad, robar, codiciar y mentir han venido de la mano, lo malo es que su "pecado privado" no deja de ser un problema doméstico y si acaso de conciencia?, pero hacerse con dinero de forma fraudulenta, obtener licencias ilegalmente y quedarse con el 10% de todo a modo de "mordida" tiene peor arreglo y no se limpia con una penitencia, o eso espero.

Y mientras me regocijaba en la desgracia ajena, me he dado cuenta de que no encontraba el modo de ver bien el periódico, he encendido la luz, me he acercado a la mesa, pero no era capaz de enfocar, luchaba con la nube borrosa que se formaba ante mis ojos, cuando una vocecita algo sardónica me ha susurrado: a partir de los cuarenta la presbicia es inevitable, la edad no perdona querida aclaro que no ha sido Fernando sino mi conciencia.

En fin, ¿cómo me quedarán mejor las gafas? Por cierto, Mrs Robinson no lleva.

1 comentario :

  1. Una cosa es pecar y otra delinquir, para lo primero rezar, para lo segundo pagar en la cárcel. Lamento lo de tus gafas, pero todo llega

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