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ALEVOSÍA

Cuando una persona que ya ha atentado contra otra, de modo que un juez ha decretado un alejamiento, se cuela ilegalmente en una casa de madrugada, armada con un cuchillo, busca a su víctima, la golpea una y otra vez, retorciéndole el cuello hasta darla por muerta, yo diría que actúa con ventaja, que elige el momento y el lugar arteramente; cuando al ser sorprendido en medio de la paliza por los gritos y llantos de unos niños, prosigue en el ataque, yo diría que además se ensaña.



No puedo entender cómo las manos que acariciaron con amor un cuerpo pueden ser las que golpean y maltratan, cómo quien quiso y dice seguir queriendo, puede planificar y perpetrar una salvajada así contra el objeto de su amor.

Pero menos puedo entender cómo puede determinarse que en este terrible caso no se aprecia alevosía, es decir, abuso de superioridad, cómo puede afirmarse que violar la intimidad de un hogar, en lo profundo de la noche, armado con un cuchillo, para golpear hasta la muerte a una mujer, no es alevosía; no pretendo que cinco años de carrera sean suficientes frente a una vida en la judicatura, pero ¿es tan difícil ponerse por un instante en la situación de ella, sentir el miedo, la angustia al darte cuenta, en mitad de la noche, de que el hombre que ha jurado matarte está en tu habitación, armado con un cuchillo, dispuesto a cumplir su palabra, mientras tus hijos duermen al fondo del pasillo?

Ley y justicia no son lo mismo y la segunda es aún más ciega que la primera, no se trata de aplicar otro rasero si la víctima es mujer, sino de ser capaz de entender que la violencia en el entorno familiar, y sobre todo la violencia contra las mujeres, las que antes fueron propias y ahora no, coloca siempre a la mujer en una situación de debilidad frente a su agresor.

El salvaje se llama José Luis R.C. y su víctima, que a pesar del salvaje ataque no ha fallecido y tiene ante sí una vida atrapada en el cuerpo inmóvil que no quiso seguir ofreciendo a su asesino, María Antonia, el señor magistrado que ha defendido la minoración de la pena de 21 a 16 años LUCIANO VARELA.

Seguro que este caso es mucho más complejo, jurídicamente, de lo que la prensa cuenta, la realidad se niega a condensarse en unas pocas líneas de letra impresa, sin duda se avanza en la sensibilización ante la violencia de género incluso entre los magistrados del Supremo, sin duda.

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