CIEGA DE VERDAD

 

No voy a pararme a intentar explicar los argumentos judiciales, hay en toda la prensa información suficiente para no entender nada, de nuevo nada de nada en el Auto del magistrado Luciano Varela (1) acusando a Garzón de prevaricador. 


Tampoco voy a detenerme en el perfil personal, aprendí mucho de un consejo de mi cuñada sobre lo poco oportuno que resulta conocer a las personas que admiras por su obra, qué hacer cuando descubres que es un impertinente o huele mal.

Pero hay algo que no puedo entender, más allá de un tecnicismo o pasada de frenada en la  línea de lo que se puede y no se puede hacer, en el marco del  ordenamiento jurídico,  más allá de la verguenza que me dan las leyes de punto final, incluso más allá de la personal antipatía que un personaje tan mediático pueda haber despertado entre sus pares, ¿lo que está bien fuera está mal aquí? 

Los desaparecidos de Argentina, con sus madres de la Plaza de Mayo no pueden merecernos más respeto que los nuestros, y digo nuestros porque eran españoles, los arrebataron a sus familias y no saben dónde están. ¿Los bebés arrebatados merecen más respeto si ahora van al psicoanalista que si son del Madrid o el Barça?

Sé que lo legal y lo justo no siempre coinciden, pero me atraganta pensar que lo malo y lo ilegal no coincidan, cuando hay tanta sangre derramada sobre la que tan sólo ha caído olvido y desprecio. ¿Tendrá que venir un Juez argentino, alemán, o noruego a preguntar por los que nadie sabe dónde están?

(1)  Es el mismo magistrado de la polémica Alevosía.

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