HOGAR

Mientras termina el domingo y me preparo para una nueva semana de trabajo, niños y otros caldos, tengo la televisión puesta y no me resisto a comentar lo que  veo, se llama ¿Quien vive ahí? La idea es simple, enseñan por dentro esas casas llamativas, impresionantes o curiosas que nos saludan al pasar con el coche o que "cotilleamos" desde el portal.


Realmente las han elegido bien, son curiosas, espectaculares, caras o carísimas, pero lo que me llama la atención, son los dueños, el aire de vanidad con el que muestran sus dormitorios de 120 metros, sus jacuzzis, las obras de arte de sus paredes, comentando "al desagaire" la antiguedad de unas piezas, el precio de las reformas, las peculiaridades de sus  dormitorios o las actividades que desarrollan en las estancias.


Ya dijo Warhol aquello de los 15 minutos de fama, y a su estela llevamos años viendo como gentes de todo pelaje cuentan sus intimidades sin el más mínimo pudor, unos haciendo de ello su jornal y otros por el mero placer de salir en la tele, pero casi todos guardan para sí su casa, su hogar, su refugio. Recuerdo con verguenza haber visto, hace años, el más que humilde piso de aquel pobre juguete que fué Tamara, sí esa de las canciones imposibles y la madre con el ladrillo en el bolsillo, me pareció que tocaba fondo y dejé de ver Crónicas Marcianas.


Esto es diferente, supongo que enseñan su casa llenos de orgullo y motivos tienen, pero ¿dónde queda el hogar cuando todo el mundo ha podido contemplar donde guardas tus zapatos o cómo es tu cama? Del mismo modo que estoy convencida que dormir con alguien es más íntimo que practicar sexo, sólo abro la puerta de mi casa a mis amigos y sólo franqueo el paso a cualquier habitación a los más queridos, asi que, aquí estoy haciendo voyeurismo inmobiliario.

1 comentario :

  1. todos llevamos un cotilla dentro, pero que verguenza damos ¿no?

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