LO TUYO (II)

Valga por burocracia, estructura organizativa caracterizada por procedimientos explícitos y regularizados, división de responsabilidades y especialización del trabajo, jerarquía y relaciones impersonales. 



Ya sé que es casi subersivo empezar un texto así, pero es ésta y no otra, la definición objetiva del término, aunque en el DRAE aparezca como cuarta entrada: administración ineficiente a causa del papeleo, la rigidez y las formalidades superfluas.

En este momento en que todos los voceros nos dicen que la causa de la crisis, o la recesión, o el desastre, o la catástrofe económica, es el exceso de gasto público (nos hemos olvidado todos de la avaricia sin medida de bancos e instituciones financieras) puede ser útil parar un instante a valorar qué estamos diciendo cuando aplaudimos ante los anuncios de reducción del gasto corriente, del número de funcionarios o de sacar al mercado las competencias públicas.

La adminisitración pública española, sufre de artritis, artrosis y todas las enfermedades propias de la edad y la mala conservación, incrementadas por el hecho de haberse convertido demasiadas veces en un sistema de creación de empleo y colocación de amigos, colegas y demás seres, así es muy cierto decir que es grande, lenta e inoperante. Pero ¿muerto el perro se acabó la rabia? No parece razonable. Auque quizás sencillo y bien valorado en el más que corto plazo en el que se mueven los políticos.

Desde un punto de vista más calmado y quizás interesado, ya que no puedo ser neutral, parece más oportuno buscar las causas de la baja productividad del sector público y tratar de solventarlas. 

La burocracia oferta a la gestión un conjunto de procesos regulados y la garantía de que éstos de desarrollaran igual ante cualquier instancia, pero se queda ahí, dos conceptos claves; la eficacia entendida como la consecución de metas y objetivos y la eficiencia como la relación entre los recursos utilizados en un proyecto y los logros conseguidos con el mismo; aún no han sido integrados.

La administración debe tener marcadas sus metas en términos medibles, objetivos y conocidos que permitan saber si se alcanzan o no, así poder valorar el trabajo y la implicación de sus empleados, y además, sobre todo en situaciones como la actual, deberían buscarse procedimientos y sistemas que permitieran alcanzarlas con el menor coste posible, y esto seguramente supone cerrar oficinas duplicadas, anular ministerios incompetentes, cesar funcionarios vagos y maliciosos, pero también incorporar nuevas tecnologías, nuevos modos y nuevos estilos.

Y además, aunque no lo ponga en los manuales de gestión económica, poner en valor la función pública, para que deje de ser para muchos un empleo seguro sin responsabilidad, porque se trata de gestionar lo nuestro, lo tuyo.

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