WOODS vs AGUIRRE

Asisto sorprendida a las declaraciones en las que Tiguer Woods pide perdón a la gente por sus infidelidades matrimoniales, mientras escucho que no pueden ser tenidas en cuenta las malsonantes palabras  de Esperanza Aguirre sobre un compañero de partido, porque se produjeron en el marco de una conversación privada.

En Estados Unidos el ciudadano público se debe a los demás, así los políticos son permanentemente analizados no sólo por lo que dicen o hacen en su esfera pública sino por quienes son en todas las áreas de su vida, y detrás de ellos todos los demás, es una sociedad que a veces nos sonroja por su pacatismo, pero que juzga de modo global a cualquiera que se arriesge a ocupar un lugar visible, sin perdonar fisuras entre la imagen proyectada y la real.

Aquí, en el mundo de la política, lo privado es privado, da lo mismo que se diga publicamente una cosa y se haga otra en la intimidad, puedes defender con arrojo y violencia la unidad de tu partido y tratar de hijo de a tus compañeros en una conversación informal. No es juzgable más que el personaje, nunca la persona, lo que es coherente con un sistema en el que no elegimos personas sino siglas que cubren, elevan o despeñan a quienes bajo su ala se cobijan.

Si no tiene sentido juzgar a un golfista más que por la calidad de sus golpes, tampoco lo tiene valorar a un político más que por sus actos políticos. Dicho así suena coherente, pero algo, muy en el fondo, me dice que en esta verdad hay mucha mentira.

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