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PAGANOS

Salvo un frío que imagino duro y hermoso, la singular Björk y el dificilísimo nombre de su capital, Reykjavik, hasta hace unos días no era capaz de hilvanar más pensamientos al nombre de Islandia, pero ahora me viene a la cabeza en muchas ocasiones. 

La quiebra de uno de sus bancos atrapó a 300.000  británicos y holandeses. Londres y La Haya tuvieron que devolver estos ahorros, que sumaban 3.700 millones de euros, con dinero público. A cambio, llegaron a un acuerdo con el Gobierno islandés por el cual cada familia de ese país debía pagar una factura de 40.000 euros en 15 años y con intereses del 5,5%. En Islandia se ha celebrado un referéndum sobre este acuerdo y el 98% de los votantes ha dicho no.



Entiendo que los británicos y holandeses que habían invertido dinero en Islandia (les queda más cerca que a nosotros, supongo) quieran que sus gobiernos les rescaten de la quiebra y que éstos quieran cobrárselo al gobierno islandés, porque ni unos ni otros tienen culpa de que el sistema bancario islandés no obligase a tener reservas suficientes para el pago a sus clientes. (he dicho que lo entiendo pero no tanto ¿eh?) Pero ¿deben los islandeses pagar por ello? Pagar porque un banco de su país se hiciera tan rico que perdió el norte y se pasó de frenada, porque buenos ciudadanos ingleses y holandeses quisieran ganar dinero honradamente en Islandia y no les saliera bien.

¿Debemos los aragoneses destinar dinero público para mantener la Opel, mientras el nuevo vicepresidente de GM cobra 1.000 euros al día de salario base, y los trabajadores se congelan el sueldo? ¿Debemos los funcionarios rebajarnos el sueldo, como cada vez se dice más, para pagar la deuda de otros? 

Debía andar muy ocupada cuando los grandes bancos, las prestigiosas entidades de inversión las constructoras o los empresarios, repartían entre todos sus impresionantes beneficios, ocupada como los islandeses que padecen la resaca de la fiesta a la que no fueron.

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