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DESDE EL INTERIOR DE LA CARACOLA

Interior de la caracola


Y nuestros sueños se acunan con el rumor de ese mar que se aleja y esa playa que se deja. 


Acompasamos la respiración y el vaivén nos lleva de la mano de aquellos que se marcharon tan lejos para poder volver.


Ojos como los nuestros, hechos de desierto, no dejan de sorprenderse ante la inmensa variabilidad del color verde, que aquí parece cubrirlo todo.

Montañas de suaves pendientes, tapizadas de alfombras mullidas donde parecen puestas de adorno casas y ganado. Esbeltos bosques de eucaliptos se mecen en la brisa que juega entre las montañas y el mar.

Curvas, cuestas, cuevas, naturaleza y al fondo, como vigilando, el mar, pero otro mar, un mar profundo y oscuro que conquista ola a ola la playa, para una vez que la ha vencido, comenzar a abandonarla. El mundo cambia, crece y muere al ritmo de este amor que no se sacia, la ría sube y se mecen sus barcas, la ría baja y las abandona en el barro, desamparadas víctimas de una lucha que no entienden.

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