ESCANCIANDO SIDRIÑA (o mejor no)

Y canta-y a la mi xente con les gaites retumbando
Y les estrelles
Cayendo en les teyes
Como roba el corazón esta mozuca que se baña en el Nalón
Se llama Asturies

La mi mozuca.Melendi
 
La atrevida ignorancia y algo de "puntillo" nos permite adentrarnos en el pantanoso mundo del complicado proceso de beber sidra. Para quienes la sidra se llama "El Gaitero" y la tomábamos los niños en Navidad, estas elucubraciones le parecerán  extrañas, no se me ocurre mejor consejo que recomendarles un par de días por estos lares.

Para los que saben de qué estamos hablando, una invitación a dar su, seguramente más reputada, opinión. 


El caso es que desde que llegamos aquí, vamos de sidrería en sidrería o de merendero en restaurante, (comiendo tan estupendamente que menos mal que lo de la playa es mayormente para la contemplación, porque si bajo así me detienen por ballena) y en unos sitios y otros tomamos sidra.  

Está fresquita y rica y en cada sitio te la traen de un modo, porque hay que servirla bien y no todo vale, eso de quitar el corcho y servir, a cada quien en su vaso, no. Hay que agitarla y compartirla así que cuatro adultos, dos vasos. Nos la han traído con una manzana mecánica que la revuelve por dentro y la lanza al vaso, debidamente dispuesto, con un barril que realiza la misma función, si no se queda sin pilas,  con un tapón de plástico abierto como con dos caños y lo mejor de todo, nos la han servido "de verdad".

Un alto mozo de la tierra, te deja la botella y dos vasos, y se va. Piensas que vendrá enseguida con la manzana, el barril, el tapón raro o quien sabe qué, pero no. Te traen comida, abundante y rica pero nada para "echar la sidra". Hasta que el mozo vuelve y pregunta cómo vamos de sed, abundante, gracias, coge la botella, se aleja un poco, se enfrenta a un medio barrilete, se pone la botella de peineta y zas!, como un chorrillo, salpicando y todo. Vuelta a la mesa, coge otro vaso y más de lo mismo, si te quedas embobado mirando, haces mal, porque entiende que no quieres más y dejas a alguien sin beber. Va y viene y no sirven sonrisas o carantoñas, bebes cuando toca, ni antes ni después. Pero te sabe de rica.

Mientras lo esperas, te vas fijando y compruebas que es todo un ritual, frente al barrilillo medio abierto, las piernas separadas y bien plantadas, la vista al frente, lejana, el brazo alto, la botella sobre la cabeza y en la otra mano, sin mirarla, simplemente confiando, el líquido cae, rebota y entra en el vaso, un culín de pura magia.

1 comentario :

  1. Seguro que la tradición pesa mucho, pero beber a tu ritmo tiene muchas ventajas. También hay escanciadores con forma de jugador de fútbol.

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