GINTONIC EN MADRID

Y como no sólo de arte vive el hombre, ni la mujer, ya que estamos siendo sinceras, además de pasear por museos, tapear a lo castizo o lo más "in", nos fuimos de copas.


Para ser exactos de gintónics, esa nueva afición que convierte una copa con amigos en una búsqueda algo snob, pero divertida, y como tener "contactos" tiene muchas ventajas, haciendo realidad aquello de amigos hasta en el infierno, acabamos por los suelos del Glass Bar del Hotel Urban. (cuando llegamos estaba muy lleno y nos colocamos en las escaleras, a las que añaden colchonetas, eh?)


Un local curioso, pequeño pero muy visible, ya que es todo de cristal, en el aire música de los 80, y entre la parroquia un poco de todo pero con estilo, gente joven y no tan joven, parejas en negociaciones previas y grupos demasiado numerosos para alcanzan ningún objetivo.

En la carta, al menos dos nuevas adquisiciones en esta lista de Ginebras que empieza a ser enciclopédica, sólo recuerdo la de Junípero, pero es que entre los fresones con chocolate negro que te ofrecen a la llegada, los cuencos de palomitas, el cóctel que te acercan y lo amable del servicio, casi no me dio tiempo de analizar con detalle a los que salían de una boda de postín, y menos a quedarme con el nombre de esa que servida con aceitunas, no terminó de gustarnos a ninguno.

Lo mejor, la compañía, lo peor seguro que el precio, porque cuando te cuidan tanto y te traen la nota en una cajita de cuero blanco grabado, seguro que duele. Y es que aunque compramos lotería en Sol, por ahora nos conformaremos con ser afortunados en el amor.

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