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LA VIDA ES PURO TEATRO

Todos somos actores, preparamos nuestros papeles, diseñamos nuestros personajes, nos caracterizamos, maquillamos y vestimos con el único objetivo de salir al escenario.


Representamos con más o menos éxito el papel que otro escribió para nosotros o vencemos el miedo a la improvisación y dirigimos hacia la comedia lo que comenzó siendo un drama.

Compartimos las tablas con otros, con algunos plano, escena y diálogo, mientras otros sólo aparecen para ocupar el sitio que queríamos para nosotros, y rara vez estamos solos.

La vida no se prodiga en monólogos, ni en momentos de gloria y más parece entonces que nos desplazamos al patio de butacas para asistir atónitos, sorprendidos o maravillados a la inesperada actuación de quien hace un instante temblaba en lo más recóndito de las bambalinas.

Y de repente, no sabes muy bien cuándo, el libreto deja de darte frases y poco a poco pasas a figurante, hasta casi desaparecer como una candileja apagada. Y la vida se vuelve más triste, fría y oscura, abandonados como títeres sin dueño, olvidados entre la tramoya.

La función no ha terminado, el telón no ha caído, pero nadie te reclama en la escena.

Basta de teatro vacuo, de culto a la efímera belleza de los rostros sin arrugas, reivindica tu espacio, tu lugar, la función continúa y no es preciso ser la enamorada para ser un personaje importante, mucho menos si la función que se representa es tu propia vida.

1 comentario :

  1. Lo bueno es tener el papel protagonista de nuestra propia vida.

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