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EN EL PASILLO DE LAS VERDURAS

Hay veces que cuando ya crees que el día solo puede mejorar cuando te metas en la cama y se acabe, va y remonta. 

Trataba de emular a mi chico, mientras el pequeño cojito se peleaba con el solfeo y el canto, (menos mal que no somos austriacos porque como niño cantor, no termino de oírlo),  y empujada por el vendaval primaveral que se ha pasado el día tumbando vallas, tirando marquesinas y deshojando margaritas con raíces incorporadas, reponía las mermadas reservas de nevera y despensa, pasando de la carnicería a la panadería y de allí al supermercado, con las bolsas (mal por mi apuesta ecológica, no he cogido una bolsa de casa) avisando de que mi capacidad como estibadora es francamente limitada, cuando las cosas han empezado a cambiar.

Justo ahí, en el pasillo de las verduras, cuando trataba de no olvidar, otra vez, el código de las zanahorias, una agradable voz me ha preguntado Modigliani ¿verdad?. Me ha costado entender el comentario, y él ha señalado la manga de mi abrigo rojo, ¿es el mismo cuadro en la espalda?. Mientras se giraba a comprobarlo, me he dado cuenta de que se refería a la estampación y he conseguido articular un sí, con una sonrisa. Me encanta, una prenda preciosa, es uno de mis pintores favoritos, ha dicho mientras elegía con cuidado unas manzanas.

¿Me están entrando en el súper? No, simplemente un hombre joven, de voz agradable y buen aspecto, que sorprendido por una prenda original, ha sido tan amable de comentarlo.


De repente he sido consciente de mi mala cara, de mis pelos revueltos, del maquillaje desvanecido, de las bolsas con la carne y el pan, de mis pintas con un guante de plástico en la mano y un manojo de zanahorias en la otra, y me ha dado la risa, esa ligera que te acaricia por dentro, le he dado las gracias y he seguido con lo mío.

He salido de la tienda sonriente, he recogido al peque, nos hemos regalado un taxi, preparado un trabajo sobre el efecto invernadero (nuevo toque al olvido de la bolsa ecológica), preparado cena calentita, de dos platos, y repasado el tema de la organización del estado y la democracia representativa, sin acritud, de verdad.

Y ahora que los niños están en la cama y disfruto de este tiempo que me regalo cada día, aún me dura la sonrisa. Que ha crecido en amplitud al abrir el correo y leer el mensaje de un amigo que adjunta un vídeo desternillante, y para que el día tenga ese punto de glamour que en el fondo me gusta tanto, Nano ha recuperado una costumbre de antes y me ha mandado un correo con este adjunto:

6 comentarios :

  1. Esas pequeñas cosas, son las que cambian el día a que si.

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  2. No me lo puedo creer !!! yo pensaba que esto del super era una leyenda urbana.
    Impresionante!!

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  3. Cuanto me alegra ese comentario, capaz de cambiar tu paseo por esos pasillos del super....
    Enhorabuena, seguro, seguro, la sonrisa fué amplia.

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  4. Me quedo con el impacto de un comentario amable, ¿cuántas veces nos lo callamos?

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  5. Mmmm... ¡uy! creo que no tengo calabacines para mañana ¿dónde dices que estaba el super?... ¡porras! no tengo nada estampado ;-)

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  6. Relamente sólo fué un comentario amable, de un hombre agradable, pero ¡qué subidón!

    Gracias por vuestros comentarios.

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