,

ENTENDIENDO MI PIEL

cuerpo de mujer
La soberbia de la juventud, la ignorancia de quien no valora lo que tiene y una cultura que siempre ha negado una íntima relación entre cuerpo y alma, me hicieron fácil creer que yo no soy el cuerpo que habito. 

Mi alma, mi pensamiento, lo más íntimo, lo que conforma mi ser, está más allá de estas manos, piernas, espalda, pecho, cabeza, pelo o color de ojos; porque además cuando me sueño, me pienso, me imagino, no me veo limitada por él.

Así, a lo largo de los años, y cuarenta no son muchos pero empiezan a ser algunos, he vivido disociada de mi cuerpo. Como si fuera un abrigo, una funda, una armadura, un objeto puesto a mi disposición, de hecho, la parte más prescindible de mí misma, aunque lo necesito para acariciar, besar, sentir el roce del viento en el pelo, gozar la ingrávida sensación de un baño tibio y relajante, o porque es lo que los demás ven de mí, el vehículo que soporta mi voz, mi mente.

He usado de él y lo he cuidado para poder seguir usándolo, y eso está muy lejos de entender que mi cuerpo soy yo. Debo encontrar el camino de vuelta, no hablo de aceptar mi cuerpo con los  fallos de programación que se hacen cada día más evidentes, sino de asumir que formamos dos partes indisolubles de mi propio ser, que no soy nada si me limito a ser el reflejo en el espejo.

4 comentarios :

  1. ¿Tu también eres de las que te miras al espejo e intentas ver mas allá de la fachada?
    Lo poco que he podido ver de ti por los blog, me ha encantado siempre encuentras las palabras justas y siempre me haces pensar y me encanta pensar aunque a veces prefiero no hacerlo mucho, y me dejo llevar por algún impulso que otro,
    pero estoy segura que eres una persona muy bella por dentro y por fuera.
    BESOTE GRANDE y no me prives de tu sabiduría. XD

    ResponderEliminar
  2. Me parece muy oportuno tu comentario, Pilar.
    La cultura occidental mantiene totalmente disociado el envoltorio del contenido. Desde la infancia te enseñan a cultivar el espíritu por encima del cuerpo como si éste fuera el peso inevitable que se ha de soportar para acceder a la existencia.
    Las culturas orientales, por el contrario, contemplan a las personas como un todo formado por cuerpo y espíritu y enseñan a querer y utilizar ambas partes a lo largo de la vida.
    Aqui nos enseñan donde nacen y desembocan los ríos, que no está mal saberlo, pero no nos enseñan cómo saborear el placer de nuestros sentidos, a disfrutar del paso de los días o a esperar y gozar de la madurez del cuerpo y de la mente.

    ResponderEliminar
  3. Espejos!!! yo fui la que pasé mucho tiempo de espaldas a él. NO me gustaba nada lo que en él se reflejaba... no lo que se veía por dentro... sino la fachada, esa "carta de presentación". He aprendido con el tiempo a mirarme de frente, a gustarme como soy a ser mi mejor admiradora.
    Entiendo tanto lo de la disociación... ni te imaginas lo que me he visto "reflejada" en tu post de hoy.

    ResponderEliminar
  4. Me ha encantado saber que no estoy sola en este lío de cuerpo y alma, de espejo y reflejo.

    Creo que La de la Tiza, está en lo cierto, no hemos aprendido a cuidar, vivir y sentir nuestro cuerpo, nos lo presentaron como la parte impura, pasajera y despreciable de nosotras mismas, pero no es verdad.

    Un beso :)

    ResponderEliminar