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ATRAPADO

Laberinto
Crecer es un proceso doloroso, buscarte y no encontrarte, no reconocerte en el espejo, salir a la calle y sentir miedo, miedo de ser invisible o demasiado visible, de no ser aceptado, de no encajar.

La adolescencia es como una película de tensión, vivir atrapado en un laberinto, lleno de curvas engañosas, de pistas falsas y atajos perniciosos.

La familia ya no sirve, los padres juzgan y controlan, los profesores martirizan con un futuro que no existe, sólo los amigos conocen la verdad, pero aunque ninguno lo reconoce están igual de perdidos, inmersos en un mundo loco de hormonas desatadas que les llevan de la alegría más desbordante a la tristeza más profunda.

Una colección de ciegos cogidos de la mano, paseando al borde de un precipicio. Crecer es duro, pero no consigo decidir si tanto como ver crecer.

Ver como tus hij@s luchan con sus contradicciones, como prueban actitudes y comportamientos como si de disfraces se tratara, como ocultan sus alas tratando de parecer duros y fuertes, y no poder hacer nada o casi nada.

El poder de la palabra te ha abandonado, nada de lo que dices es correcto, el mundo no es como tú lo muestras, ni los riesgos tales riesgos. Combinas palabras, premios y castigos que  penas con ellos y asistes impotente al combate, atrapada en tu papel de madre o padre, esperando que sus cuerpos aguanten el embate, con el hogar preparado para curar las heridas, esperando que ninguna sea mortal.

7 comentarios :

  1. Cada día te abro y te busco después del periódico como si de una medicina o un elixir fantástico se tratara. A ver qué encuentro, a ver si hoy me veo también y me leo también en tus letras.
    Gracias por poner blanco sobre negro lo que los demás solo acertamos a balbucear o como mucho a hilar... allí en el pensamiento y nunca con las palabras.

    Agua fresca para empezar el día con ganas, reflexiones tan polarizadas que van del amor y el sentimiento, los hijos o la moda a la política o los derechos humanos. Te leo. Te busco y te lo agradezco.

    Gracias Pilar.

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  2. No tengo un mal recuerdo de mi adolescencia, es mas podria decir que es una de las mejores etapas de nuestras vidas, eso si, como siempre visto desde la lejania del tiempo.
    Recuerdo que mi etapa estuvo marcada por los descubrimientos, tal vez ahora al tenerlo todo desde muy pequeños no son capaces de descubrir nada y eso les atormente mas.
    Es una etapa de cambios, de empezar a saber a que grupo perteneces y sobre todo son los primeros pasos para marcar en cierta medida quienes seremos en el futuro.
    Un beso

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  3. "Crecer es duro, pero no consigo decidir si tanto como ver crecer " esta reflexión me ha tocado ... me ha encantado el post !

    Besos y feliz fin de semana !

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  4. Me ha gustado mucho tu comentario. Guardo un mal recuerdo de mi adolescencia, esa época en la que todo me salía mal. Pasé por una etapa de despiste total: en una ocasión dejé que saltara una cafetera hasta el techo mientras yo miraba ensimismada - enmimismada, diría - como hervía. Mi madre gritaba: ¿Pero en qué estás pensando? Eso quería saber yo. Un desastre.
    No puedo por menos de mirar con misericordia a quienes pasan, en primera o en tercera persona, por ese proceso: abrirse a la vida, salir al exterior.

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  5. Espero no defraudar la espectativa mañanera, gracias por tus visitas y comentarios, Vestida de azul.

    Ragnarök, el tiempo difumina los malos momentos y realza los buenos, la adolescencia es dura pero hermosa, me alegra que tus recuerdos sean buenos, los míos se tiñen un poco de miedos, cambios y prisas.

    Bet, cuando son tus hijos quienes crecen, te duele tanto ver como luchan con un cuerpo nuevo y un mundo tan grande y tan pequeño a la vez que desearías poder preservarles lo malo y que solo disfrutaran de lo bueno, pero claro no es posible. Gracias por tus palabras.

    Tiza que bien me has entendido, esos lapsus, esos absurdos son terribles cuando se viven y cuando sólo cabe contemplarlos pues no sé si más, pero cuanto cuesta.

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  6. No podemos hacer nada, sólo darles nuestro ejemplo y esperar a que ellos descubran su camino, rezando mientras tanto para que pese más el Pepito Grillo de lo que han visto en casa desde pequeños que los encantos pasajeros de los descubrimientos adolescentes. ¡Y cuánto cuesta tener que dejar que se den un tozolón mientras te muerdes la lengua y te agarras las manos para no avisarles porque sino no aprenden!

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  7. Gracias Anónimo por la empatía, no me cabe duda de que eres madre. (?)

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