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SUSPENDIDA EN EL TIEMPO

Cayó la oscuridad; no como una noche nublada sin luna, sino como cuando una lámpara se extingue en un cuarto cerrado. Se oía el gemido de las mujeres, el llanto de los niños y los gritos de los hombres. Unos buscaban a sus padres, unos a sus hijos y otros a sus mujeres. Intentaban reconocerse por el sonido de sus voces. Algunos se lamentaban de su suerte, o de la de sus seres queridos; otros pedían la muerte. Muchos alzaron las manos hacia los cielos, pero la mayoría pensó que ya no había dioses y que la oscuridad había descendido para siempre sobre el mundo” 
Texto de Plinio el Joven




El 24 de agosto del año 79, el Vesubio entró en erupción y algo realmente parecido al fin del mundo cayó sobre Pompeya y Herculano y lo que fue la desgracia de los más de 40.000 ciudadanos es lo que nos permite atisbar cómo era la vida en una ciudad romana.

Haciendo caso a nuestros mayores, que habían insistido en ello, nos fuimos de excursión a Pompeya, el trayecto hasta Nápoles se hace en tan solo una hora y desde allí a Pompeya hay unos cuarenta y cinco minutos en un cercanías (que en nada envidiaría los vagones del metro de Bronx). Como todo el mundo recomienda comenzar la visita a primera hora de la mañana, salimos la tarde anterior, lo que nos permitió conocer el otro gran foco de atracción de Pompeya, el Santuario, dónde asistimos a una más que fervorosa celebración religiosa en el interior de una iglesia de 1930 (?).

Se nota en el hablar de la gente, en lo ruidosa que es y el grosor de la pizza, que hemos abandonado Roma y no hemos colado un poco en el sur, el taxista que nos zarandea por las mal pavimentadas calles de Pompeya camino de las excavaciones nos ofrece encantado muestra de su folclore y nos pregunta una y otra vez si nos gusta la Tarantella de Sorrento, avisándonos cómplices de que no debemos pagar entrada para los niños ni tampoco en la consigna donde debemos dejar la maleta.

A las ocho y media, entradas (gratuítas para los menores de 18, grazie Peppe), y acompañados por un guía, cuya contratación recomiendo, entramos en la ciudad por la Puerta Marina, y desde su promontorio contemplamos el mar ahora mucho más lejano que entonces.

Con calma, pero sin perder un momento, vamos recorriendo las empedradas calles de Pompeya, contemplando como tras el aluvión de ceniza y lava, tan solo los techos han desaparecido, y ni siquiera ellos cuando se trataba de edificios abovedados porque éstos aguantaron tan bien la acometida del volcán, que tan solo harían falta unos pocos arreglos para poder usar de nuevo instalaciones tan atrayentes como las Termas.

Las pequeñas casas, los negocios, las numerosas cantinas o bares (casi uno por cada 80 habitantes), los templos, las basílicas, el foro, acertadamente peatonalizado en la época, los pasos de cebra, elevados para no tener que pisar el suelo, las fuentes que orientaban al paseante, las panaderías, las tiendas, los lupanares, los baños y las hermosas casas de los más pudientes.

Y sobre todo, el color, hemos "aprendido" que el mundo clásico era gris y blanco, del color propio de la piedra y el mármol, quizás decorado de vez en cuando por los mosaicos, pero no es real. Todas las casas eran cubiertas de yeso y pintadas de colores, destacan en Pompeya el rojo, el amarillo, el verde y en menor medida el azul, el color era "chupado" por el yeso aún tierno y al teñirlo se convertía en parte de él, cuesta imaginar las columnas del templo de Apolo de color rosa, pero eran así.

Debemos imaginar las calles, llenas de color, bien ordenadas en cuadrículas, con sus aceras decoradas al gusto y capacidad del dueño de la casa o comercio, y de vez en cuando un enorme portón que dejaba entrever una domus, casa de patricio o elevado ciudadano que recibía en el atrio de su casa, mostrando su prosperidad al perder la vista en sus jardines y patios de columnas.

Al acabar la vida en tres días convertidos en noche, queda en Pompeya todo aquello que sus moradores no pudieron recuperar, como las estatuas del foro y las imágenes de sus dioses. Podemos pasear entre sus calles y disfrutar de los frescos que aún adornan sus paredes, es una suerte que la arqueología haya cambiado y ahora se pretenda la recuperación in situ y no el expolio camino del museo, porque así podemos entrar en las casas y contemplar las mismas paredes decoradas que los pompeyanos cuando disfrutaban de sus banquetes, o valorar como ellos el tipo de servicio que nos parece más sugerente.(curioso y divertido realismo el de los cuadritos del lupanar)


Si bien la visita al Coliseo de Roma, no es comparable con nada, el circo de Pompeya, nos permite quizás una evocación más fácil, así como sus dos teatros a los que tan solo falta el techo.


Una visita preciosa, agotadora, pero impresionante, en la que al final, no se puede discutir la primera afirmación de nuestro guía: "no hemos inventado casi nada"


6 comentarios :

  1. Me alegra mucho ver que hicísteis caso a los consejos de los mayores y como todos, salís de Pompeya enamorados de ella.
    No importa la carretera, el piso ya dentro, el calor..., por encima de todo esto, queda en la retina para siempre esta maravilla.
    Como es habitual, lo cuentas de ensueño. A mí me ha servido para volver a recorrerla. Gracias y besitos.

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  2. Gracias por cedernos una parte de tu tiempo para que podamos "ver" desde aqui tus viajes.

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  3. leer este blog, es aprender cultura!:)
    muá

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  4. Yo hasta que ví Pompeya en un catálogo turístico me imaginaba que los antiguos vivían en lugares cuadriculados con piedras y sin techo. Se conserva tan mal todo lo griego y lo romano... Pero en Pompeya el pasado se mantiene como si fuera presente. Qué inagotable es Italia. Tenías razón con lo del mal de Stendhal. Yo sólo he pisado Florencia y casi lo cogí allí... No sé qué me pasaría en el resto de la bota.

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  5. Vaya! A mi lo que más me gusta de visitar lugares nuevos, son las historias que han pasado por dichos lugares... es fascinante conocer la historia de un pueblo para entender su importancia en la actualidad.

    Es fascinante ver Italia tras tus ojos, nos la dibujas maravillosa, y de hecho, lo es.

    Ojala pudiese verla con los mios! xD

    Un beso!! ^^

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  6. Hola a tod@s, ya nos quedan pocos días en Roma y andamos disfrutando del simple deambular sin rumbos demasiado claros, aunque reconozco que siempre acabo frente a la Fontana de Trevi.

    Besos

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