,

CUANDO CASI NADA SE CONVIERTE EN TODO

Tres amig@s me han enviado este artículo de Ángeles Caso, publicado en la Vanguardia el pasado diecinueve de enero, sencillo y profundo, titulado Lo que quiero ahora 


Será porque tres de mis más queridos amigos se han enfrentado inesperadamente estas Navidades a enfermedades gravísimas. O porque, por suerte para mí, mi compañero es un hombre que no posee nada material pero tiene el corazón y la cabeza más sanos que he conocido y cada día aprendo de él algo valioso. O tal vez porque, a estas alturas de mi existencia, he vivido ya las suficientes horas buenas y horas malas como para empezar a colocar las cosas en su sitio. Será, quizá, porque algún bendito ángel de la sabiduría ha pasado por aquí cerca y ha dejado llegar una bocanada de su aliento hasta mí. El caso es que tengo la sensación –al menos la sensación– de que empiezo a entender un poco de qué va esto llamado vida.

Casi nada de lo que creemos que es importante me lo parece. Ni el éxito, ni el poder, ni el dinero, más allá de lo imprescindible para vivir con dignidad. Paso de las coronas de laureles y de los halagos sucios. Igual que paso del fango de la envidia, de la maledicencia y el juicio ajeno. Aparto a los quejumbrosos y malhumorados, a los egoístas y ambiciosos que aspiran a reposar en tumbas llenas de honores y cuentas bancarias, sobre las que nadie derramará una sola lágrima en la que quepa una partícula minúscula de pena verdadera. Detesto los coches de lujo que ensucian el mundo, los abrigos de pieles arrancadas de un cuerpo tibio y palpitante, las joyas fabricadas sobre las penalidades de hombres esclavos que padecen en las minas de esmeraldas y de oro a cambio de un pedazo de pan.

Rechazo el cinismo de una sociedad que sólo piensa en su propio bienestar y se desentiende del malestar de los otros, a base del cual construye su derroche. Y a los malditos indiferentes que nunca se meten en líos. Señalo con el dedo a los hipócritas que depositan una moneda en las huchas de las misiones pero no comparten la mesa con un inmigrante. A los que te aplauden cuando eres reina y te abandonan cuando te salen pústulas. A los que creen que sólo es importante tener y exhibir en lugar de sentir, pensar y ser.

Y ahora, ahora, en este momento de mi vida, no quiero casi nada. Tan sólo la ternura de mi amor y la gloriosa compañía de mis amigos. Unas cuantas carcajadas y unas palabras de cariño antes de irme a la cama. El recuerdo dulce de mis muertos. Un par de árboles al otro lado de los cristales y un pedazo de cielo al que se asomen la luz y la noche. El mejor verso del mundo y la más hermosa de las músicas. Por lo demás, podría comer patatas cocidas y dormir en el suelo mientras mi conciencia esté tranquila.

También quiero, eso sí, mantener la libertad y el espíritu crítico por los que pago con gusto todo el precio que haya que pagar. Quiero toda la serenidad para sobrellevar el dolor y toda la alegría para disfrutar de lo bueno. Un instante de belleza a diario. Echar desesperadamente de menos a los que tengan que irse porque tuve la suerte de haberlos tenido a mi lado. No estar jamás de vuelta de nada. Seguir llorando cada vez que algo lo merezca, pero no quejarme de ninguna tontería. No convertirme nunca, nunca, en una mujer amargada, pase lo que pase. Y que el día en que me toque esfumarme, un puñadito de personas piensen que valió la pena que yo anduviera un rato por aquí. Sólo quiero eso. Casi nada. O todo. 



Para mí no quisiera más, ¿y vosotr@s?

19 comentarios :

  1. Yo también quisiera para mí ése "casi" nada que verdaderamente es lo que importa en la vida...Para no quedarme nunca con las ganas de decir que "casi" lo tuve un día.

    Preciosa entrada que habla por sí sola. ¿quién se resiste a ése casi?

    Besos guapa.

    ResponderEliminar
  2. Tesoro yo me conformo con la mitad, nunca fui avariciosa, nunca me gusto alardear,ni aparentar, siempre pensé que pasar desapercibida es lo mejor que una persona puede hacer, no levantas ni odio, ni pena.

    Un besote.

    ResponderEliminar
  3. Estoy de acuerdo con ese razonamiento. Yo también pienso igual. Pero,..porque normalmente se piensa así cuando los años pasan?
    Yo he visto como se me apagaban amigos del alma y he visto enfermedades de gente querida sin poder hacer nada. Yo, que me comía el mundo no podía hacer nada. Y eso, con el paso del tiempo, me ha hecho ver distinto todo. Hoy, con muy poco me conformo. Con muy poquito. Pero porque no pensaba así a los 20 o 28 años? porque tienen que pasar los años, y con ellos las desgracias, para pensar distinto como lo hace mi querida Ángeles Caso? Por desgracia la vida te tiene que azotar para que veas que con muy poquito se es feliz.
    Un fuerte beso Pilar

    ResponderEliminar
  4. ¡Hola Pilar! cuando nos detenemos a pensar... esas pequeñas grandes cosas de las que habla Ángeles Caso son la receta de la felicidad. Como dice arkaitz llegamos a la conclusión con la serenidad de los años cumplidos pero siempre se está a tiempo.
    Besitos

    ResponderEliminar
  5. La madurez bien asumida y llevada tiene esas cosas. El problema no es que queramos seguir esas palabras de Angeles. el problema es cuando no nos dejan llevarlas a cabo.

    ResponderEliminar
  6. "Seguir llorando cada vez que algo lo merezca, pero no quejarme de ninguna tontería. No convertirme nunca, nunca, en una mujer amargada, pase lo que pase".
    Ultimamente le doy vueltas a esto! ojala lo logre!!
    muy muy bonito Pilar, y muy cierto!
    Gracias por traerlo aquí!
    Besos

    ResponderEliminar
  7. Yo tampoco quiero más.
    Conforme uno va cumpliendo años, añora y aprecia cosas que antes nos pasaban muy desapercibidas.

    ResponderEliminar
  8. Un estupendo artículo de mi tocaya...yo tampoco quiero más...quizás un poquito menos de dulce...pero es lo que me ha tocado y lo llevo con alegría...gracias por compartirlo...besooosss

    ResponderEliminar
  9. Chapeau. Lo del éxito económico, el poder y todas esas estupideces solo puede dejar encandilado a eso, a gente estúpida, por más glamour y chorraditas con que quieran envolverlo.

    Un abrazo Pilar

    ResponderEliminar
  10. Gracias a tus amigas y gracias a ti, por permitirme leer este articulo que no conocía.
    Gracias a Ángeles Caso por describir también lo que algunos sentimos, desgraciadamente creo que pocos. Personalmente lo suscribo de la a a la z y añado:
    Esos hipócritas egoístas se habrán percatado de que todo queda aquí y ellos van a acabar en un montoncito de polvo igual que todos.
    Ha sido un placer descubrirte.
    Un beso

    ResponderEliminar
  11. Me gustó tanto cuando lo leí y me sentí tan identificada (será la edad o las circunstancias, vete tu a saber) que lo colgué en mi blog, por el placer de leerlo de vez en cuando.

    Lo bueno de llegar a la madurez con la cabeza bien asentada sobre los hombros es que sabemos bien lo que queremos y lo que no, y no nos ruborizamos ni tenemos sentimientos de culpa por expresar lo que pensamos, pero sobre todo lo que sentimos.

    Un beso

    ResponderEliminar
  12. Yo lo firmaba ahora mismo y por todos los días de mi vida, no es poco con lo que se conforma...

    ResponderEliminar
  13. energia positiva, no dejarse contaminar por malas vibras...


    saludos!

    ResponderEliminar
  14. suelo decir que no tengo grandes aspiraciones por menos materiales... salud siempre y ganas de disfrutar y nunca darme por vencida ni perder la capacidad de sorprenderme, ilusionarme
    besos

    ResponderEliminar
  15. Qué hermosura de texto. Me lo guardo, lo busco, lo enlazo, no sé, hago algo con él, probablemente sólo guardarlo para volverlo a releer muchas veces.

    ResponderEliminar
  16. Ya lo había leído, y me quede impresionada la primera vez, tanto, que lo compartí también por correo electrónico, yo también quiero ese nada y todo.

    Un besazo.

    ResponderEliminar
  17. Bellísimo. Ya lo quisiera yo para mí. Gracias por compartirlo, Pilar.

    Besos.

    ResponderEliminar
  18. Todo el mérito para Angeles Caso.

    (se me pierden los comentarios....)

    ResponderEliminar