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DE LA EPISTOLA AL WHASTAPP

Ya no se escriben cartas de amor como las de antes, ni siquiera en verano cuando las distancias y el tiempo pueden ser más propicios, ya no abrimos ilusionad@s el cajetín del correo porque qué emoción se esconde en la misiva bancaria, si es que aún no ha decidido prestarte servicio 24 horas al día via internet siendo tú quien asume el coste de conexión.


Tampoco se llevan mucho las largas horas al teléfono, con su "cuelga tú" "no, tú primero", nos hemos pasado a la tecnología y siendo un tema de trascendencia mundial ya hay estudios para explicarnos exactamente cómo lo hacemos.

Afirman desde Inglaterra que las mujeres decimos más veces Te quiero por SMS que los hombres, aunque éstos escriban a más gente, (bueno tampoco sería una gran idea que le dijeran te quiero a todo el mundo ¿no?) Que nosotras escribimos mensajes más largos revelando nuestros profundos sentimientos mientras ellos lo usan para cuestiones prácticas.

Desde la Universidat Oberta de Catalunya dan un paso más allá al afirmar que elegimos un medio u otro para las comunicaciones de pareja según nos encontremos en fase de conquista, en relajada meseta sentimental o camino del desastre. 

Explican que nos servimos del SMS para declararnos, conquistarnos, ir calentado el ambiente y cuando la relación es estable nos pasamos al WhatsApp,  supongo que con más o menos Te quiero según dicen los ingleses y a modo de caricia cibernética. 

Eso sí, al parecer cuando la cosa se tuerce, necesitamos más espacio, más calma, una pantalla más amplia y un teclado normal, porque para resolver problemas tras una discusión, para reflexionar, para explicarnos acudimos al email, incluso para romper.

De lo que se puede inferir el estado de la relación de los compañeros de trabajo estando atentos a si reciben SMS, contínuos WhatsApp o tras la lectura de un email, cambian de planes o se refugian en el lavabo.

No se puede elegir entre las ardientes cartas de Valmont, escritas sobre la espalda de otra amante, los email prewhastapp de Tom Hanks a la librera preebook de la esquina, o el tintineo del móvil con mensajitos cortos de letras trabucadas, porque el tiempo no corre en dirección contraria (o sí, ya disculpareis que aún no entienda lo del Bosón de Higgs), pero hay algo que sigue siendo insuperable; las palabras dichas frente a frente, y si nos ponemos...incluso pueden que sobren las palabras.


Y la sonrisa del día, ese placer anticipado desde que giras el grifo y te cae el agua fría sobre la piel ardiente.

24 comentarios :

  1. Como cantaba Tino Casál hace años : " comunicarnos por radar, ¿ a eso le llamas progresar ?, si ya no queda que decir ".

    Echo en falta el romanticismo de una carta manuscrita con palabras de amor.

    Últimamente, ya me mandan a paseo a través de un SMS, ni se molestan en llamarme siquiera.

    Y cuando abro el buzón, todo son facturas a pagar a través del banco, nichtsss, ¿ que asco ?.

    Saludos.

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    1. Venga...seguro que te llega algún SMS con intención...

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  2. Buen trabajo y bien documentado ,
    Pese a todo lo informático me gustan las relaciones epistolares y en su defecto un sentido y sincero comentario, que también así podemos transmitir emociones y sentimientos, es verdad que no hay tono , ni timbre ni gestos ; pero las expresiones nos hablan de cariño , de amistad y de afectos.
    Siempre es un placer pasar por tu casa.
    Besos.

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    1. Un placer recibirte y sin duda las palabras son mucho más importantes que el medio en el que se propagan.

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  3. Todo es muy nuevo, muy práctico y moderno, pero nunca se puede cambiar por una mirada, una sonrisa o un te quiero dicho mirándonos a los ojos.
    Un abrazo Pilar.

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    1. Eso lo que tiene la realidad ¿verdad?
      Un beso

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  4. Hoy es con aplausos! jaja, me encantó y me quedo con el cara a cara por más que esté bueno contarle tus fantasías por msn a alguien que te da ganas y pasarte al whatsapp cuando la cuestión pretende avanzar...Besitos

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    1. Pues ya sabes cada medio su intención. Gracias guapa.

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  5. Yo utilizo todos los medios que tengo para escribir... pero no había nada como abrir el correo y encontrarte una carta. Eso era mágico.

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    1. Comparto el gusto, sin duda.

      Un saludo

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  6. Una bloguera me ha propuesto unjuego este verano. Escribirnos cartas de verdad. He regresado a los cafés a escribir sobre una mesa a bolígrafo y con mi letra no demasiado buena pero espero que legible. Hasta para ese estudio que comentas soy un "rara avis".

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    1. Un rara avis encantador, por cierto. (si te ves pillado con la caligrafía, aún se venden cuadernos para mejorarla, je,je)

      Besos

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  7. Vamos a peor.
    Sin duda.
    Parecemos bytes que andan.

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    1. Mientras seamos bytes que sienten...

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  8. Que precioso post!!! cuánta razón!!!! un besazo

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  9. muy bueno!!! yo soy mas de cara a cara! la verdad! y los wasapp para picantonerias! que yo estoy todavia en fase de eterna conquista!

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    1. Eso de presumir de amor incandescente...que sea por siempre.

      Un beso

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  10. ¡Aquellas cartas DIARIAS cuando hacíamos la "mili"!

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    1. Aquello era amor, y lo de ahora, también.

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  11. Lo siento, voy contra corriente. Estuve cinco años carteándome con un novio que luego me salió rana.
    Y las redes sociales -incluído el whasapp- me han permitido conocer y querer a personas a las que he incorporado a mi vida. No es el medio, creo, es el/la escribiente y el/la destinataria lo que importa.
    Besos.

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    1. Sin duda el medio es menos importante que el mensaje, pero reconoce que era emocionante sacar del buzón algo más que propaganda o facturas, o ambas cosas juntas.

      Besos a tod@s (animalillos virtuales incluídos)

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  12. Qué razón tienes, la verdad que la expectativa a recibir una carta disminuye, aunque cuando la recibes también es cierto que te alegra.

    Un saludo

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  13. Creo que lo interesante de recibir una carta en el buzón era el hecho de recibir algo tangible, un objeto que había estado en las manos del amado(a); eso más el mensaje era lo que creaba la expectativa.

    Whatsapp, e-mail y demás nos permiten interactuar con mayor rapidez, pero a su virtualismo le falta el vínculo táctil, la prueba física (la carta misma) que podamos palpar.

    Me quedo con Velmont, que encontró en la espalda de otra amante el mejor vínculo táctil para escribirle a su amada.

    Pilar, confieso que no conocía la historia del conde, pero gracias a esta entrada tuya (y con un poco de ayuda de google) he dado con "Las Amistades Peligrosas", libro que será mi próxima lectura.

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