SOBRE EL DOLOR

Hace días que convivo con el dolor, y no me refiero al brazo/cuello/espalda que antes o después se apañarán, sino al que veo reflejado en los rostros de las personas con las que comparto tiempo y espacio en el gimnasio de rehabilitación.

Sus cuerpos muestran los costurones de operaciones no tan lejanas y en sus rostros compiten el dolor y la fuerza. Sufren con los ejercicios, a manos de los fisioterapeutas que cubren con una palabra amable el dolor que infligen, "lo que duele, cura" dice alguno de la vieja escuela, "verás como luego estas mejor" consuelan normalmente l@s más jóvenes, pero sobre todo con la limitación que les ha llevado hasta allí.

Aguantan en silencio la mayoría de las veces, aunque se escape un "Diossss", o un "ayyyy", sudan, refunfuñan, negocian el tiempo, el peso, el ángulo de flexión que se hace imposible, pero cada día vuelven.  Creo que mejoran, que se esfuerzan cada día un poco más, pelean duro, su fuerza de voluntad supera al dolor y al miedo, siguen adelante.

Con las corrientes enganchadas como sanguijuelas, los miro con disimulo e imagino sus metas; aquella chica tan delgada que tardará en volver a ponerse minifaldas desea volver a bailar con sus amig@s, quizás no este verano; el muchachote grande y tierno que lucha por retener las lágrimas cuando le "retuercen" el brazo habla alto de volver al tajo (cruzo los dedos porque le espere); el hombre maduro que ha decidido bajar de peso para ayudar a esa rodilla nueva, se sueña jugando en el parque con la niña pequeña que viene a buscarlo; todos pelean, todos se esfuerzan, menos ella.

Llega en silla de ruedas, apenas habla y la lucha por caminar parece un objetivo ajeno, le hablan, la animan, la empujan con delicadeza pidiéndole un paso más, tan solo uno. No la he visto dar más de dos, y vuelve a su silla, a esperar que el servicio de ambulancias venga a buscarla, repitiendo cada día la misma cantinela, la dirección completa de la residencia en la que vive.

Me asusta pensar que un día el dolor nos gane la batalla de este modo.


La sonrisa de hoy; la sensación de frescor cuando tras un día de playa o de piscina, una mano amiga te embadurna de crema aftersun, un gran final, o ¿quien sabe...

17 comentarios :

  1. Convivir con el dolor es de las peores cosas que nos toca pasar.
    Tener que pasar por sesiones de rehabilitación es complicado siempre, primero porque sufrimos ese dolor que no nos gusta nada y segundo porque tenemos que aceptar que para volver a estar como antes, o al menos intentarlo hemos de esforzarmos más si cabe. Es como si por un tiempo tuvieramos que renunciar a algo que es nuestro, de nuestro cuerpo que antes funcionaba de modo automático y que por un traspiés de la vida ahora no se mueve.
    Es duro, psicológica y fisicamente.
    Los hay que no lo llevan nada bien... y como el caso que nos presentas es duro ver como a veces falta la capacidad de hacerle frente a las putadas de la vida.

    Sobrecogedora entrada.
    Espero que no lo estés pasando muy mal. Mucho ánimo siempre... y un montón de besitos mediterráneos.

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  2. pues te deseo una pronta recuperación, este año me rompí un dedo y he estado cerca de tres meses de rehabilitación..así que tu estampa me ha resultado familiar. El estupendo trabajo de los fisios, el sacrificio de la persona q quiere volver a andar...es una muy buena lección para los que nos quejamos por cualquier cosa...un beso.

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  3. Espero q todo esté bien,
    Un beso, Pilar.

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  4. Hola Pilar, A los que la vida nos golpeó sabemos lo que es luchar, pero te diré que lo único que no se debe hacer es dejar de pelear.
    Un abrazo.

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  5. Cuando el dolor, físico o anímico, se hace tu compañero de vida, mal asunto. Se puede aprender a vivir con ese compañero, quizá a costa de perder la esperanza. A veces vienen a hacer compañía la Aceptación para los templados o la Resignación para los menos fuertes. En ocasiones aparece la Superación, otras en cambio llega el Abatimiento y la Derrota.

    Un abrazo en un martes caluroso.
    Marpín y La Rana

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  6. Lo peor no es el dolor, este se puede soportar e incluso aliviar, pero cuando el MIEDO se mete en el cuerpo ese es difícil de eliminar y te va carcomiendo por completo, tiene la capacidad de introducirse en todos los cuerpos tanto enfermos como sanos.

    Un abrazo

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  7. Estoy con Emilio Manuel a mi me puede casi más el miedo al dolor que el dolor en si mismo...
    espero que mejores y se te quiten todos los males ;)
    Besos

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  8. Qué gratificante es siempre encontrar tus consideraciones. Andamos de acá para allá pero te sigo cuando puedo. Besos y cuídate esas contracturas, tú, que tienes quien te masajee.

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  9. Mimos desde Barcelona, Catalunya, España (no vaya a enfadarse nadie)

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  10. Es curioso que tu sonrisa se haya decantado por el placer sensual, como para redimirse del dolor de la carne descrito. Yo el dolor físico lo resisto bien porque si es más fuerte que tú te desmayas y si no, pues anda, aprieto los dientes, insulto y lo tolero. Soy más sensible a los dolores del alma. Cambiaría una depresión por romperme las dos piernas. Hablo desde la experiencia de ambas. Besos.

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  11. Cuídate mucho y exige que te cuiden.

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  12. Qué bien expresado... de verdad. Yo también hice mi temporadita de rehabilitación (por una luxación de hombro), y he vivido las dos cosas, los ayyyy cuando con la jodida cinta me hacían sacar una espada que no era otra cosa que una goma que me sujetaba el brazo a la derecha mientras yo tenía que llevarlo a la izquierda (qué daño, qué daño... pero qué bien me fue para recuperarme), y también los ayyyy de los demás, las caras, los ánimos, las ganas, los deseos pospuestos...

    Qué te pasó a ti?? Espero que sea leva y que te recuperes pronto y sin más ayyy de los necesarios. Un abrazo.

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  13. El ser humano no cede ante los desafios. Si alguien se animo a casarse por segunda vez, porque no habran otros que teman al dolor.


    Besos

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  14. Discrepo en lo del aftersun, a veces es mejor darlo.....al menos para mí.

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  15. Ánimo Pilar, espero que te recuperes muy pronto..
    Bss

    Cecilia

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  16. Muchas veces el dolor está ahí, otras veces simplemente queremos sentir el dolor, por tal de sentir la sensación de la vida y otras veces es psicológico. Muchas veces pensar que se va a estar mejor refuerza y pensar que un dolor no debe ganar ni una batalla ni una guerra.

    Un saludo.

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