LECCIÓN DE GEOGRAFÍA

Cuando yo estudiaba el Guadiana nacía en las Lagunas de Ruidera, y éste era el único dato que tenía sobre el enclave, así que cuando decidimos volver de la playa por un camino diferente, recordé aquel viejo mapa físico de la península que trabajosamente colgaba mi profesor frente a la pizarra y fijamos la escala.

Que soy más de ciudad que los atascos no sorprenderá a nadie que se pase por esta casa de vez en cuando, así que tampoco es tan raro que me esperase las Lagunas a buena altura o como mucho a medio camino de una ascensión trabajosa, como pasa con los ibones del pirineo, pero no.

Las Lagunas de Ruidera, por donde incluso pasó el Quijote con su eterno Sancho al quite, están a pie de calle, perdón de campo. De repente, el camino que transcurre entre carrascas, sabinas y matorrales (de esos tan oportunos para un buen gintónic, como el enebro) se vuelve más revirado y a un lado te encuentras con ellas. 

Son grandes (y eso que a finales de agosto de un año seco, no se encuentran en su mejor momento), profundas y de diferentes colores, desde el impresionante azul turquesa de la Laguna de la Lengua, al verde profundo de la de San Pedro, pasando por el azul profundo de la Laguna Salvadora. 
 
En las orillas de las más cercanas, la gente se instala como en la playa, disfrutando de un baño helado o una travesía en patín, compartiendo espacio con unos patos que simplemente remontan el vuelo cuando se ven incordiados por el niñ@ impertinente que tod@s conocemos. Chiringuitos modestos y mesas plegables conviven en armonía, acogiendo un turismo que parece anclado en los setenta.

Bañistas más preocupad@s por la calidad de su calzado (universo Decathlon al rescate) que por la modernidad del bañador o del bikini; niños extasiados persiguiendo peces (o gamusinos con red); lugareños contemplando a los guiris con sonrisa socarrona (¿cómo habrán llegado hasta aquí irlandeses o asiáticos?) pero encantados; machos cabríos que miran desde lo alto, mientras los turistas organizan un atasco de seis coches en un camino diminuto, (todos cámara en mano, menos nosotros, que lo descubrimos).



En las lagunas más alejadas la calma es absoluta, las riberas están tomadas por juncos, espadañas y carrizos en líneas apretadas y frondosas interrumpidas muy de vez en cuando por un pequeño embarcadero, apenas unas tablas y unos metros de arena, que permiten el acceso y el baño. 
 
Una delicia pasear en piragua, disfrutando del silencio tan solo roto por el batir de remos en manos poco expertas. Un lugar para perderse, valorando el agua de otro modo, recordando un mundo sin conexión (qué bien elegimos las compañías de móvil e internet), reconociendo sabores antiguos, ajustando los horarios al dictado del sol.
Nosotros nos quedamos en el Hotel Albamanjón, frente a la Laguna de San Pedro, que se merece una entrada de escapadas para dos, sin dejar de ser un hotel perfecto para viajar en familia. Y para los que buscan combinar, relax, naturaleza y cultura, muy cerca queda la Cueva de Montesinos donde Don Quijote que entró en ella para probar su amor por Dulcinea, descubrió el maleficio que mantiene a Guadiana convertido en río y a los parientes de Durandarte en lagunas. 


En fin, ahora dicen que el Guadiana no nace allí, aunque sin duda el salto del Desprendimiento sería un lugar ideal, ¿no os parece?



 (las fotos, con todas sus limitaciones, sí son originales)

La sonrisa de hoy; tenderte a contemplar la estrellas, ver una estrella fugaz, pedir un deseo y darte cuenta de que ya se ha cumplido. 

19 comentarios :

  1. También me considero de city pero ese recorrido geográfico me iba a sentar tan ricamente, sobre todo para recuperarme de las vacaciones.

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    1. Vacaciones de las vacaciones...mucha juerga tienes tú. ¿eh?

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  2. Pilar, qué regusto leerte. Estamos medio desconectados pero he venido a la biblioteca para saber qué pasa por el mundo. A Ruidera hay que ir en primavera.
    Que sepas que la cueva de Montesinos la guarda un sapo gordo y feo.

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  3. No quise besar al sapo por si se convertía en príncipe, que ya tenemos bastantes

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    1. Algo más de lo necesario, sin duda.

      Besos guapa

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  4. El sitio, por las fotos, parece espectacular. Yo también recuerdo: "El Guadiana nace..." pero no sabía que se trataba de un sitio tan bonito.

    Saludos.
    Buen día!

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    1. A nosotros nos ha sorprendido muy gratamente.

      Un saludo

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  5. Soy muy de ciudad pero este verano lo hubiese pasado en cualquiera de esos lugares muy contento y feliz. De hecho la ciudad no hace más que recordarnos lo hermoso que es el campo.

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    1. Ha sido un cambio muy interesante, de verdad.

      besos

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  6. Un lugar precios y que no conozco. Tomo buena nota para futuros viajes.

    Gracias por compartirlo.

    Un beso.

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  7. Precioso enclave.Me entraron ganas de visitarlo :-)

    Abrazos,saludos afectuosos y buen finde Pilar!

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    1. Pues es sin duda un lugar que sorprende.

      Un beso

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  8. aibaaaaa, yo he estado en todos esos sitios, y me has ayudado un montón, la foto de la última cascada no sabíamos donde la habíamos hecho, ya ves, fui en el 2002 jejejeje e hice la ruta del Quijote también, pero esa cascada no estaba en los planes y no sabíamos ni si tenía nombre.

    Un besazo.

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    1. Pues ya lo sabes, cascada del Desprendimiento a las afueras de Ruidera.

      Un beso

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  9. Que sitios más hermosos.... tengo tantos lugares aún por conocer. Algunos paraísos cercanos.
    Besos

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    1. Esa era la idea, avanzar hacia el interior de lo nuestro y vala la pena.

      Besos

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  10. Tiene otros paisajes imprescindibles el Guadiana. No hay que dejar de vistar "O pulo do lobo" en Mértola. (Busca en San Google).
    Un besino.

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    1. Le pregunto a San Google, pero sin duda te prefiero como guía,
      Kiss

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