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COROS (Estado de la Nación IV)

La izquierda plural lo tiene complicado, tres ponentes, tres discursos y el tiempo que se pierde como arena entre las manos. Comienza Cayo Lara, un comunista a la antigua usanza que se ubica enseguida en la lectura triste, oscura y pesimista de la realidad, casi como si se encontrara en la barra de un bar a media mañana compartiendo el tiempo doloroso de un lunes al sol cualesquiera.


Desfila la realidad en sus palabras, las mareas de colores frente a los poderosos que insultan a tod@s con su abuso y su desvergüenza, y enfila las soluciones que esgrimen desde el primer día, subida de impuestos a las empresas a quienes más tienen. Bancos para las personas, no personas para los bancos. Cayo Lara insiste en que hay otro modo, dentro del sistema, sin dinamita, pero con un martillo pilón que acabe con la estructura del poder en las manos del capital.

No compra Lara el discurso del deber, él es de los de antes, la legitimidad democrática se basa en el contrato electoral entre programa y voto, y ante el fradude electoral, refrendum. 

Su discurso es seco y áspero y a Rajoy no le gusta, se le nota, de algún modo es el primero de sus contrincantes que no nada guardando la ropa y eso lo hace más peligroso, si es que alguien siguiera mirando esta película y aún no se hubiera pasado al calentamiento del Barça curioso aliado. 

Coscubiela entra con el pie izquierdo y aunque habla tan rápido como un opositor bien entrenado, enseguida se queda sin tiempo y Posada le regaña, su discurso es claro, llama a las cosas por su nombre, pero son demasiados nombres, demasiados asuntos y se le acaba el tiempo; ley de costas, paro, desahucios, eléctricas...

Yuste no es "el abuelo" pero lleva la voz de Aragón al Congreso, pregunta por nuestras cosas, las de andar por casa, sanidad, dependencia, inversiones...breve conciso, consciente de que no tiene "la frase".

La réplica es dura, cortante seca, con aire de maestrillo explica que de donde no hay no se saca (que haya para los bancos no entra en la ecuación), y que es él quien manda, tiene la fuerza de los votos y no precisa la calle.

Fin de escena, ellos dijeron lo suyo y él no los escuchó, quizás usan un lenguaje demasiado sencillo.

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