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OTRO DIA EN ROJO


Hoy es otro de esos días que no deberían existir, de esos que no sirven para celebrar nada sino para recordarnos, al menos un día, que algo terrible vive a nuestro lado.

Hay muchas formas de acercarse a la lacra de la violencia contra las mujeres, desde el relato de terror soterrado y silencioso de quienes lo sufren en la que debería ser su fortaleza, su propia casa, pasando por la muestra de esperanza de quienes han conseguido regresar de una guerra en la que todo está perdido, hasta el mensaje dirigido a l@s otr@s, vecin@s, amig@s, familiares, profesionales que pueden ayudar dando el paso primero que ellas no pueden dar. Hay incluso quienes se dirigen a ellos, los maltratadores, tratando de romper la barrera que los convierte en crueles animales incapaces de amar.

Hay tantas modos de abordar este drama como mujeres que lo sufren y hoy quiero alejarme de los golpes y de la sangre para detenerme un instante a recordar que la violencia de género es diferente de otras porque quien agrede no es un extraño, sino la pareja de la agredida ¿y cómo se llega a ese punto?

En todas estas terribles historias hubo un principio que si bien quizás no fué de valses a la luz de la luna seguro que no estuvo exento de aletear de mariposas en el estómago, de ternuna y de ilusión. Ella se enamoró de él. Y sin ese amor nada de lo que convierte el sueño en pesadilla sería posible.

El amor es un estado de locura transitoria y ellas quedaron atrapadas ahí, no supieron ver los primeros signos, ningún maltratador se saca el título con una paliza en toda regla, el proceso es más sutil; una mala mirada, un reproche, una negativa... Y poco a poco el proceso de cortar amarras, de limitar la realidad a escenarios controlados, impedir el contacto con quienes pueden ayudar a despejar la mente y enfrentar una realidad que sin ser aún dramática ya no es sana.

Si encontrásemos el modo de enseñar a las mujeres que son dignas de amor y de respeto, que el amor no duele, que no es amor lo que se impone ni hombre quien se siente amenazado por una falda, unos tacones, una sonrisa o un@s amigos, si lo encontrásemos no me daría tanto miedo contemplar como las jóvenes que vienen detrás siguen ofreciéndose como víctimas en este altar.

9 comentarios :

  1. Como bien dices, todo empieza enamorándose, a pesar de los poetas y de los blog que hablan de dolor que produce el amor, es mentira, amar no duele.

    Un abrazo.

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    1. Pero ¿porqué cuesta que lo entiendan?

      Un beso

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  2. El problema es que hay muchas mujeres que renunciaron a su vida para meterse en una jaula de oro, que el marido no les permitió trabajar ni tener una vida propia y por tanto un escape. Si renuncian al marido no tienen donde ir porque no hay vida más allá de él. Hay que acabar también con la expresión un "buen partido" que consiste en llevarse al macho más rico de la manada, a ese que te lo dará todo hasta que se canse y luego a ver qué haces. Hay que enseñar a una mujer a ser independiente desde el colegio. La libertad o la esclavitud no siempre son innatas, hay que enseñarlas. Y por supuesto están todas las otras razones que apuntas para abordar el tema. Besos.

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    1. La libertad es sin duda parte de la clave, libertad y autoestima.

      Un abrazo

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  3. Educación desde pequeño e información de mayor

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    1. Y todos los días cariño y seguridad.

      Buena receta estamos haciendo entre tod@s, ojalá funcione

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  4. Triste realidad. Siempre he creído en la educación desde abajo, pero cuando oyes las edades de los asesinos y violentos, creo que es una lacra que subyace bajo capas en esta sociedad y surge en lugares, momentos y situaciones aplastando a sus víctimas o llevándoselas por delante a las que anula la capacidad de reaccionar. Siempre hay una primera vez, un algo por lo que habría que cortar tajantemente y nada de segundas oportunidades. Es un tema que me exaspera.
    Besos y feliz semana

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    1. Es un tema tan doloroso y complejo que debería centrar muchos más debates, pero ahora no toca ¿verdad?

      Un beso

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  5. lo que hoy cuentas, es tan cierto que a veces lo perdemos de vista...
    todo empieza en el amor, y poco a poco, sutilmente, las van anulando...
    todos hemos oído (y puede que incluso dicho) que si nuestra pareja nos pegara una sola vez lo dejaríamos... pero ese primer tortazo, cuando llega, lo hace después de mil y una violencias disfrazadas que han ido minando a la víctima hasta el punto de hacerla sentirse culpable hasta de ese tortazo...
    no es simple... y estoy contigo en que hay que encontrar la manera de que aprendamos que el amor no tiene porque doler... quizás así podríamos empezar a hacer algo...
    que me ha encantado tu post!
    besos!!

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