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OTROS VERANOS


Aguadulce AlmeriaDesde que recuerdo el verano es una sucesión de días brillantes, cielos azules y limpios, el sol jugando a reflejarse en los millones de espejos con lo que se adorna el mar.

Mañanas que resuenan a niños jugando en la orilla, revoltijo de sombrillas y tumbonas, bikinis festoneando la breve cinta de playa en la que se construyen castillos, se juega a las palas o se pasea luciendo palmito, mientras el sol te lame la piel como un amante codicioso.


Mis veranos siempre han sabido a cañita fresca o tinto de verano en la precaria sombra del chiringuito, preludio de gazpacho, pescaítos y paella. Comidas tardías, camino de la siesta con banda sonora de chicharras y aroma a aftersún, donde el roce buscado choca con la pereza de la digestión pesada.

Tardes lentas, a medio camino entre el libro y el chapuzón, tejiendo planes con sabor a pipas con sal o garbanzos secos en la pradera de la piscina y noches eternas de cielos estrellados donde la temperatura da un respiro y las velas apenas alejan a los mosquitos.

Veranos de tirantes y bambula, chancletas y sandalias, pamelas contra el sol y vestidos vaporosos para la noche. Noches de feria a ritmo de sevillanas, regadas con fino y acompañadas de jamón y fritura.

Espacios en los que el tiempo se mide en levantes y ponientes y dónde la lluvia es un acontecimiento ruidoso acompañado de truenos y relámpagos, intempestivas tormentas que se alimentan de un calor insufrible y que apenas dejan atrás unos pocos grados menos.
Ridasella Asturias Playa de Santa Marina

Pero hay otros veranos, ahora comprendo que cuando yo pienso en ese espacio de sol, calor y sueño, much@s rememoran el trascurso lento de los días donde se alterna la lluvia fina con la danza errática de las nubes, siempre dispuestas a ocultar un sol poco atrevido. Playas, huérfanas de sombrillas, que crecen o merman al ritmo vivo de las mareas y dónde se pasea, se juega al fútbol o se espera una ola embutido en un traje de neopreno.

Veranos a ritmo de chubasquero o gorro de lluvia, de chaqueta en el cuerpo y gafas de sol de adorno, veranos de lana fría y algodón de manga larga, de calcetines y vaqueros largos, de excursiones rodeados de montaña y verde, de ríos con aguas cantarinas.
Días que saben a guiso de cuchara y fiestas a medio camino entre el pasodoble y la gaita siempre regadas con sidra repicando en los vasos inclinados. Noches de manta en el prado y búsqueda de estrellas apenas entrevistas entre las nubes que ni siquiera en la noche cesan sus carreras.

Pero en ambos espacios tan opuestos que parece broma nombrarlos del mismo modo, la mismas miradas, la misma calma, niños que corren, jóvenes que se buscan y adultos que disfrutan del eterno placer de olvidar reloj y calendario.

5 comentarios :

  1. Norte, sur. Templado, calor. Marmitako, gazpacho. Sombrilla, paraguas. Ay! que diferencias, pero siempre gustan mientras sean vacaciones. Caprichos de la naturaleza según las coordenadas.
    El otro día salia de surfear y dos señoras estaban en la orilla. Les digo, !Que!, mal tiempo, no? Que va! -me contestan-, este sirimiri es fabuloso comparado con las noches madrileñas. No sabéis la suerte que tenéis. Me dejo pensativo, lo juro.
    A lo dicho, hay para todos los gustos. Y más si son vacaciones. ¿Verdad Pili?

    Besos veraniegos! ;-)

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  2. Pues eso. Que lo importante es el tiempo para uno mismo frente al tiempo que durante el año le entregamos de saldo a un patrón o a nuestro negocio o a la administración. Que cualquier verano es válido si está hecho a la medida de nuestros deseos como un traje a medida. A seguir así. Viviendo el presente cuando vale la pena. Un beso.

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  3. Donde el roce buscado choca con la pereza... Que hermoso y atinado , Pilar, resonara todo el finde en mis oídos

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  4. Mis veranos siempre han sido un poco aburridos :(

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  5. Pues yo me tomo quince dias ahora....en septiembre..así que a disfrutarlas..un saludo desde Murcia...

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