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TRIBUNA AJENA: ELVIRA LINDO

A pesar de todo lo sucedido en El País, los domingos no consigo resistirme a buscar entre sus páginas las palabras de una mujer tan capaz de hacerme sonreír como de obligarme a meditar sobre quienes somos más allá de la imagen que proyectamos para los demás.

Hablo de Elvira Lindo, el alma de Manolito gafotas y de aquellas limpiadoras que te llegan tan dentro en Una palabra tuya, por rememorar tan solo un par de hitos de su extensa obra. 


El domingo 23 de noviembre su columna de El País se llamó "Al rincón de pensar" y me parece un análisis duro y certero de mucho de lo que nos sucede.

Al rincón de pensar

Esta es la conmovedora historia de un pueblo inocente, esta es la historia de un pueblo que, tras 37 años de democracia, se sintió de pronto profundamente estafado porque descubrió, cuando llevaba treinta y tantos años conviviendo en dicho régimen de cosas, que el sistema le había engañado. Y este engaño había sucedido a espaldas de ese pueblo calificado, hoy por hoy, por unos y por otros de inocente. Así como a la Pantoja la engañó Julián Muñoz dejándole un dinerillo sucio para que se lo blanqueara; así como una infanta desconocía que con el dinero de una organización sin ánimo de lucro no se pueden decorar los palacetes; así como los poseedores de unas tarjetas cojonudas con las que se pagaban desde una suite en el Ritz hasta el papel del váter ignoraban que los gastos de trabajo hay que justificarlos y que los vicios se los paga uno de su bolsillo; así como el presidente de la Generalitat no cayó en la cuenta de declarar un dinerillo que tenía fuera de esa España que le robaba; así, así mismo, muchos Ayuntamientos y Comunidades favorecían en sus contratos a familiares y amigos, pero eso sucedía, siempre, al parecer, a espaldas de un pueblo cuya inocencia era tan ciega que hicieron falta casi cuarenta años para caer en la cuenta de la estafa.

Esta es un poco la historia que ahora se nos cuenta, y hay mucha gente, por lo que veo, que está dispuesta a tragársela, o a comprarla, como ahora se dice. En realidad, alivia mucho estar del lado de los justos y pensar que en el curso de la vida de los pueblos es posible aislar, como si se tratara de una enfermedad contagiosa, pero perfectamente controlable, a un número determinado de personas que han mancillado con sus actos una reputación nacional que de otra manera sería intachable. En este relato hay algo que no cuadra. Cierto es que ha sido asombrosa la cantidad de dinero que unos cuantos han aligerado y que en algunos casos los corruptos eran los mismos que predicaban honradez y se erigían como ejemplo de masas, pero no acabo de entender esta especie de caída del guindo colectiva, como si los desatinos que saltaban a la vista en pueblos, costas y ciudades hubieran ocurrido de manera imperceptible. Pero la rabia se alía de pronto con una conciencia acrítica y no hay nadie dispuesto a decir, yo lo vi y, si yo lo vi, lo tuvo que ver mi vecino, premiamos los dos con el voto a los responsables de tales desmanes y sostuvimos que los errores cometidos por los nuestros eran más perdonables que los del adversario.

Comprendo que es tal el abuso de los que se han enriquecido mientras otros perdían sus ahorros, su trabajo y su poder adquisitivo que resulta fácil alimentar el sentimiento de inocencia colectiva para señalar a unos cuantos que nos alivien al resto de cualquier tipo de responsabilidad. De la misma forma que no creo que llevemos en nuestro código genético una incapacidad insuperable para dominar el inglés, tampoco podría admitir que estamos condenados a la marrullería, al escaqueo o a la picaresca. Sin embargo, es cierto que hay costumbres muy arraigadas en nuestra cultura que nos salvan tanto como nos condenan. Son muchas las ocasiones en que podemos comprobar cómo el compromiso que los pueblos del Sur asumimos con nuestras familias nos permiten superar fracasos y tropiezos que en otros países serían la causa de un destino fatal. Los lazos familiares y amistosos nos rescatan de momentos como este que vivimos, no sólo a nivel económico, también anímico. Sabemos apretarnos más, cobijarnos, sortear la mala suerte. Eso es algo que admiran y envidian muchos de los que recalan por aquí provenientes de otros países de cultura más implacable. Pero eso mismo que nos rescata de los tiempos sombríos también nos ata a comportamientos algo irracionales que favorecen los tópicos que arrastramos de siempre: el enchufismo, el desprecio al mérito, el colegueo, la tendencia irrefrenable a favorecer a los tuyos por razones familiares, de amistad o de partido.

En mi opinión es algo que se puede corregir, más ahora en que los casos de corrupción han adquirido una visibilidad cotidiana y hemos comenzado a sentir la necesidad de saber lo que se hace con el dinero público. Ha llegado el momento de que algunos paguen por lo que se llevaron ilícitamente, con su dinero y con su libertad. Aunque, como no creo en la inocencia de los pueblos, no alcanzaremos un futuro menos turbio si no hay transparencia y leyes que detengan los desmanes antes de que se produzcan. Pero lo que de ninguna manera me parece constructivo es extender la idea de que con la eliminación de unos cuantos corruptos este país estará libre de culpa y responsabilidad. Ni tan siquiera de problemas, porque aún más determinante que la corrupción son el paro, el trabajo malamente remunerado y la falta de expectativas de futuro para la gente joven.

Yo no necesito que me halaguen colocándome en el lado de los inocentes. Ni me gusta el ambiente agresivo de revancha. Prefiero renunciar a una parte de mi inocencia y comenzar a entender que esto de ser ciudadano lleva un trabajo. Pero comprendo que esto que expreso de manera algo deslavazada no es lo que cuadra con el signo de los tiempos, y que más de uno antes de terminar el artículo ya me habrá mandando al rincón de pensar.

Elvira Lindo


Si hay algo peor que seguir dejando nuestro futuro en el actual partido de gobierno, es pensar que existe un salvador que nos llevará sin dolor y sin retraso de vuelta a la casilla de salida, ese instante anterior a la debacle, ese minuto en el que el futuro aún se presentaba mejor, siempre mejor.

Tenemos que cambiar de representantes, pero antes tenemos que cambiar nosotr@s, asumir quizás por vez primera desde el 78, el protagonismo que nos corresponde, porque si no es así, quedaremos atrapad@s en un angustioso día de la marmota en el que tan solo cambien las caras para que todo permanezca, en un contínuo vaivén de mejoras puntuales y pérdidas irremediables.

14 comentarios :

  1. Creo que ya lo dijiste tú no hace mucho contando aquella conversación familiar.
    Son mayoría los que piensan que si no roban ellos mismos es porque no saben hacerlo, en el fondo admiran a los sinvergüenzas. Fíjate, en un ascensor de los ministerios oí yo a un tipo que le decía a otro: " Pues si hay cambios habrá que reciclarse y hacerse amiguitos de los que vengan..." .Claro que hace pensar Elvira Lindo, nadie está libre de pecado, la materia prima es el pueblo, y ya sabes: es soberano cuando vota y un retrasado mental cuando compra el libro de Belén Esteban. Todos somos culpables de todo. A mi lo que me extraña es que ahora de repente se abran tantas cloacas...Hasta el Pontífice de Roma está por el cambio...Hay mucho trabajo por hacer, de todos, claro.
    Perdona la chapa, Pili. Un abrazo.

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    1. Siempre un placer debatir contigo.
      Yo creo que los "pecados" tampoco son universales y mucho menos comparables, Con que estemos listos para perseguir los delitos.

      Un abrazo

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  2. Uno de los síntomas de que somos una sociedad enferma es que nuestros intelectuales se han quedado muditos, con las honrosas pero escasas excepciones, una de ellas el marido de la Lindo precisamente.

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    1. Es que "el santo" vale mucho. Que pareja para una buena conversación gintónic mediante ¿verdad?

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  3. Te dejo este artículo de Vicenç Navarro que junto con el de Elvira nos dan una idea del porqué de las cosas que ocurren.
    http://www.vnavarro.org/?p=11535

    Saludos

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  4. A mí también me gusta muchísimo esta mujer y no me pierdo sus columnas.
    Y el artículo es muy bueno y le doy toda la razón. Lo leí también y me lo guardé para unas traducciones.
    Bss, Pilar.

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  5. Pero si yo, pasada la rabia por los que nos roban, también entiendo que inocentes hay los justos o casi ninguno. Pero es que aquí el sistema le da más facilidades al lado oscuro de las personas. Si se dificultase la corrupción y hubiera más traspariencia(peo de verdad y no de boquilla) nos pondríamos al nivel de cualquier país europeo.

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    1. SI vivieran con una cámara del GH nos iría mejor, quiero pensar.

      Un beso

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  6. Disfruté leyéndolo y reflexionando sobre ciertas certezas que plantea.

    Saludos!

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  7. Se puede decir más alto, pero no mas claro. Retratados hemos quedado todos. Hay que cambiar uso y costumbres implantados en nuestra sociedad como algo normal y si tú no lo haces es porque eres un tonto. Todo empieza llevándose el bolígrafo del ayuntamiento, el algodón del hospital... Ya sé que me van a decir que no es comparabl;, de acuerdo, que cada uno aguante su vela, pero la vela pública o la cuidamos todos o tragamos con lo que nos está pasando.
    Besos Pilar

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    1. No es lo mismo, cierto, pero si nos volvemos más suspicaces mucho mejor,.
      Un beso

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