, , , , , ,

En busca del gobierno de los mejores, los notables, los otros, nosotros

Angel Gabilondo
En estos tiempos líquidos, convulsos y quizás por ello, apasionantes, en los que nos movemos asistimos con curiosidad a la resolución de la escandalera del PSM, donde el Secretario General del PSOE surfea sobre la democracia interna destituyendo candidato y organización, alegando una falta moral por concretar y una pésima expectativa de voto en las próximas elecciones a la Comunidad Autónoma de Madrid, y en un giro muy interesante sobre las primarias, impone un líder, ajeno a la disciplina del partido, un hombre valorado por su trayectoria personal y profesional, un nuevo viejo profesor, y la ilusión crece, el clima emocional cambia y puede que incluso en la sede de Génova se les haya movido algún palo de su indecente sombrajo.



Luis García Montero
Por su parte, siempre a remolque y en trabajoso esfuerzo, IU Madrid ensaya el modelo haciendo sonar el nombre de otro reputado y querido intelectual, dueño de palabras y sentimientos, si bien miembro del partido, siempre ajeno a la gestión, y parece que la primavera se atreve a sonreír.


Pero ninguno está innovando, Platón defendió el gobierno de los mejores; los filósofos, los buscadores de la verdad y defensores de un claro sistema ético, los mejor dotados para buscar el beneficio del pueblo. Y Weber, definió al gobierno de los notables, como aquél encabezado por aquellos a quienes su situación socioeconómica les permitiría dirigir y administrar, sin precisar una remuneración real por ello.


Y en este línea no son los únicos, Podemos plantea un programa elaborado por los mejores, los más expertos, los más capaces y Ciudadanos da el salto al escenario nacional de la mano de un economista de relumbrón, asumiendo quizás que el ideario se someterá a los designios de los números.


Buscamos otro modo de hacer, de ser, de elegir, de representar, y quizás sin darnos cuenta ponemos en cuestión los principios básicos de nuestro Estado; así la Constitución de 1978, prohibe el mandato imperativo (los representantes no están sometidos a sus electores) mientras consagra la democracia de partidos (quiebra de la separación de poderes mediante la disciplina de voto) generando situaciones tan rocambolescas como los tránsfugas dueños de un escaño nominal, aun cuando no exista libertad de elección real (listas cerradas).


Y a pesar del marco regulador, iniciativas ciudadanas como Zaragoza en común, insiste en la posibilidad de revocar a sus cargos electos si no cumplen, abrazando las teorías de Rousseau que considera al representante mero mandatario.


Zaragoza Ebro crecido
Cuando las puertas se cierran suele abrirse una ventana, y del mismo modo que el Ebro sobrepasa las motas y defensas (privadas de mantenimiento y atención en mor del ahorro de hoy, ya veremos el daño de mañana) la sociedad desborda sus límites para alcanzar ese otro modo aún por dibujar, en el que nos podamos sentir a la vez, libres y responsables de nuestros actos.

6 comentarios :

  1. Atinado símil, Pilar. Los ciudadanos españoles estamos ante las urnas como los aragoneses ante el Ebro: a la espera de ver qué pasa, qué trae el río y qué queda en el fondo.
    En Madrid hay como un rayo de sol, oh, oh, oh.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Pues el Ebro trajo agua, mucha, demasiada

      Eliminar
  2. Estamos quemando los últimos cartujos para creer en lo que llaman democracia,solo con nombres no se cambia nada, los cambios han de venir desde abajo controlando y exigiendo, mientras esto no ocurra, ya que te refieres a Zygmunt Bauman, mi pregunta es ¿que tiempo nos espera?.

    Saludos

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Pues el climatológico complicado, y el otro...

      Un beso

      Eliminar
  3. No deja de ser una atractiva tentación la de estar gobernados por personas de valía y formación contrastada, otra cosa será los posibles resultados de su gestión. En estados Unidos prefieren actores (Reagan, Swarzenegger, Eastwood, ...) aquí, al menos, buscamos filósofos, poetas, escritores, ...) aunque, como dice Emilio, con nombres no se cambia nada (no se cambia todo, diría yo), aunque a lo mejor esos hombres, logran cambiar algo más.

    Saludos

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Imagina una lista abierta, tú eliges; yo la llenaría antes con estos que con aquellos.

      Un beso

      Eliminar