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Altas expectativas, grandes caídas

Las personas que conozco se dividen en dos grupos, el de quienes se aferran a la visión más cruda de la realidad y quienes hacen esfuerzos para no despegarse del suelo en alas de sus expectativas.

pesimismo
Los primeros son pesimistas, realistas bien informados o simplemente práctic@, no se permiten ilusiones o sueños más allá de lo que de ell@s depende, no depositan en otros sus esperanzas de futuro y ni siquiera fantasean especialmente con las vacaciones, la próxima fiesta o el libro que acaban de comprar, de este modo, no sufrirán el desencanto de una quincena lloviendo, un comensal pesadísimo que les impidió hablar con los amigos o un tostón infumable por buena portada que luciese. Su regla es no esperar nada y aseguran que de este modo, lo bueno les sorprende y lo malo les pilla preparados.

optimismo
El otro grupo es más "tierno" a pesar de no ser más joven o menos inexperto, (uno y otro grupo están conformados por personas de todas las edades) está casi siempre dispuesto a ilusionarse, y así sueñan despiertos con unas memorables vacaciones frente al mar, una cena divertida y estimulante o un libro que les atrape entre sus páginas. Muchas veces sus expectativas no se ven cumplidas, porque a ell@s les llueve, les toca el pesado de turno o se equivocan de libro tanto o más que al primer grupo, pero siguen adelante dispuest@s a apostar de nuevo.

En política también son diferentes sus posturas y no porque opten en grupo por una misma opción, sino porque los que viven apegados al suelo votan con frialdad, sabiendo, y la historia les regala argumentos a montones, que del candidato al elegido se produce una metamorfosis que pasa de mariposa a capullo sin solución de continuidad. Por su parte quienes se ilusionan votan con ganas, cruzando los dedos y deseando con fuerza que "esta vez, sí".

Resulta curioso charlar estos días con unas y otros, el análisis es parecido, las pequeñas pinceladas de nuevas formas (reunión de Zaragoza en Común con la CHA en plena plaza, por ejemplo) se combinan con encuentros a escondidas de quienes proclamaron transparencia (Pedro Sánchez y Pablo Iglesias cenando de tapadillo en algún reservado). Unos dicen; nada cambia y otros sufren; cambia poco. 

Yo quiero pensar que aún es pronto para hacer valoraciones ¿y tú?

 

12 comentarios :

  1. Es pronto todavía, se necesita tiempo y sobre todo hablar unos con otros, que parece mentira, pero se habían olvidado de como se hacia.

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    1. Que respiren hondo y se atrevan a transitar por caminos nuevos

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  2. yo también, quiero creer, que aún es pronto...

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  3. Ya sabemos como actúan los viejos partidos, esperamos otra cosa de los nuevos, al final, y dada la falta de costumbre en esto de negociar o pactar, lo más probable, ya lo estamos viendo, es que se nos presentan de forma intermedia, solo con esto avanzaríamos mucho, hay que dejar algo para las Elecciones Generales.

    Un abrazo.

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  4. Todo se reduce a la cantidad de información que tenemos y a cómo la gestionamos. Pero si nos informamos con un mínimo de objetividad solemos ser del primer grupo de ese tipo de amigos tuyos. Al final la verdad parece tenerla la historia, cuando miramos hacia atrás y vemos si lo prometido fue deuda o decepción. Besos.

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    1. Debería ser del primer grupo, pero... soy una romántica.
      Un beso

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  5. Casi todos los latinoamericanos hemos sufrido el marxismo como de la tos ferina, de modo que lo alarmante no es tanto haber pasado por esas tonterías como seguir repitiéndolas — o, lo que es peor, creyéndolas — sin haberlas confrontado con la realidad. En otras palabras, lo malo no es haber sido idiota, sino continuar siéndolo.
    Con mucha ternura podemos compartir, pues, con nuestro amigo recuerdos y experiencias comunes. Tal vez el haber pertenecido a una célula comunista o a algún grupúsculo de izquierda, haber cantado la Internacional o la Bella Ciao, arrojado piedras a la policía, puesto letreros en los muros contra el gobierno, repartido hojas y volantes o haber gritado en coro, con otra multitud de idiotas en ciernes, «el pueblo unido jamás será vencido». Los veinte años son nuestra edad de la inocencia.
    Lo más probable es que en medio de este enfermedad, común a tantos, a nuestro hombre lo haya sorprendido la revolución cubana con las imágenes legendarias de los barbudos entrando en una Habana en delirio. Y ahí tendremos que la idolatría por Castro o por el Che Guevara en él no será efímera sino perenne.
    Tal idolatría, que a unos cuantos muchachos de su generación los pudo llevar al monte y a la muerte, se volverá en nuestro perfecto idiota un tanto discreta cuando no sea ya un militante de izquierda radical sino el diputado, senador, ex ministro
    o dirigente de un partido importante de su país.
    Pese a ello, no dejará de batir la cola alegremente, como un perrito a la vista de un hueso, si encuentra delante suyo, con ocasión de una visita a Cuba, la mano y la presencia barbuda, exuberante y monumental del líder máximo. Y desde luego, idiota perfecto al fin y al cabo, encontrará a los peores desastres provocados por Castro una explicación plausible. Si hay hambre en la isla, será por culpa del cruel bloqueo norteamericano; si hay exiliados, es porque son gusanos incapaces de entender un proceso revolucionario; si hay prostitutas, no es por la penuria que vive la isla, sino por el libre derecho que ahora tienen las cubanas de disponer de su cuerpo como a bien tengan. El idiota, bien es sabido, llega a extremos sublimes de interpretación de los hechos, con tal de no perder el bagaje ideológico que lo acompaña desde su juventud. No tiene otra muda de ropa.
    (Manual del perfecto idiota latinoamericano)
    Un libro muy interesante.
    Besos

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    1. Me tienes impresionada, no digo más.

      Besos

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  6. Yo,que soy del segundo grupo,opino como tú,aún es pronto para hacer valoraciones y por ello hay que mantener una cierta esperanza en que esta vez sí, ya que alguna vez tendrá que ser sí porque tanto no nos va a llevar a los infiernos.

    Encantado de llegar hasta tu blog que me parece muy interesante.

    Saludos.

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    1. Bienvenido Joaquín, yo analizo con frialdad, pero luego cruzo los dedos deseando lo mejor, vamos que dejo a un lado lo que sé para seguir soñando.

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