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Economía ficción

Vaticinio económico
Hoy os traigo a Santiago Niño Becerra (podéis leerlo en La Carta de la Bolsa) su aspecto poco convencional, su explicación de la evolución del capitalismo en clave astrológica y su gusto por hacer predicciones en plan Nostradamus con cátedra, hacen de él un economista peculiar, muy diferente por ejemplo, de Daniel Lacalle o Luis Garicano convencidos de poseer la clave para el éxito económico.



A diferencia de sus colegas Santiago Niño no cree que podamos regresar al dorado pasado del que venimos.

Santiago Niño BecerraAfirma que “existe un excedente de oferta de trabajo y unas posibilidades tecnológicas que sólo están esperando a que alguien las desarrolle. El crecimiento tecnológico no se va a frenar porque es imposible algo que es consustancial a la especie humana, luego, o la masa trabajadora pone en marcha la revolución contra el capital, o la miseria será creciente entre una creciente parte de la población, o se instaura la renta básica a fin de evitar la miseria absoluta y mantener el orden público. La primera no está de moda, la segunda no es conveniente, queda la tercera

No se corta en augurar lo que para muchos es una mera distopía catastrofista, en un cercano futuro “no habrá trabajo para tod@s”, que es una elegante manera de reconocer que “sobra gente

Como apasionada lectora de Isaac Asimov y enamorada de la psicohistoria, me parece un interesante punto de partida; un mundo en el que teniendo la capacidad de cubrir con holgura las necesidades básicas de la población, un cada día más pequeño colectivo acapara el poder económico mediante el control de un bien curioso "el capital", algo que no se come, no calienta, no protege, no consuela pero puede proveerlo todo o impedir su acceso.

Las élites valoran sus posibilidades: obviar el número creciente de los desposeídos, confiando en su miedo; trazar la línea que separa la subsistencia y entregar capital suficiente para una calma resignada; explorar caminos alternativos que les permitan desligarse de tanto peso muerto ya sea mediante pasados instrumentos como guerras, o pandemias o buscando nuevos espacios a los que desplazarse.

Las masas demasiado angustiadas con su día a día, se debaten entre la esperanza de vovler a la Arcadia perdida o asaltar los cielos.

Podemos consolarnos pensando que no tendremos tiempo para leer el final.

12 comentarios :

  1. Este hombres desde luego muchas esperanzas no da, de que el asunto se enderece. El sábado pasado lo vi en la tele.

    Besos.

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    1. No es muy optimista, pero creo que si no se cambia el rumbo, se equivoca poco.
      Un saludo

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  2. No me fío nada de los economistas, si no te la hacen a la entrada te la hacen a la salida y Niño Becerra es de estos últimos. Me quedo con esa opción que no veremos y dice: "o la masa trabajadora pone en marcha la revolución contra el capital, o la miseria será creciente".

    Saludos

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    1. Una opción poco probable me temo.
      Un saludo

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  3. Solo el "mulo" podra salvarnos, roguemos para que no sea una mula terca.

    Besos

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  4. Para darse cuenta de que hay que acabar con el capitalismo antes de que el capitalismo acabe con todo, no hace falta ser economista, vidente, ni adivino, basta con ver el estado del mundo.

    El gran dilema que se nos presenta es ¿que ponemos en su lugar? Yo hace algunos años creía tener la respuesta a esa pregunta, pero estaba equivocado y resulto casi peor el remedio que la enfermedad, hoy solo tengo dudas sobre casi todo, digo casi porque hay una cosa de la que estoy seguro, con el capitalismo vamos derechitos a la extinción.

    Besos, Pilar.

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    1. Pones el dedo en la llaga, ¿qué ponemos en su lugar?

      Besos

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  5. Esa bola mágica me empieza a dar miedo...
    :S

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    1. Pues me temo que se acerca bastante a la dura realidad.

      Besos

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  6. El pasado tampoco es que fuera esa ciudad dónde atábamos perros con longanizas. De todos modos lo de la renta básica será el remedio que pondrán los ricos para que los de abajo no se enfaden más allá del nivel de tolerancia. De hecho, ya he oído otros economistas que usazn ese azucarillo de la renta básica para evitar que lleguemos a la sangre. Y en cuanto a lo del trabajo es cierto. Sobra gente. Y cada vez más. Por más que nos guste sentirnos tan únicos y necesarios.
    Sobre tu afición al señor Asimov la desconocía. Recuerdo mis juveniles veranos en Lorca leyendo La Fundación o sus cuentos de robots. Qué grande era... a pesar de sus patillas.

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    1. Era muy grande y merece una relectura desde la madurez, te lo recomiendo.
      Sobra mano de obra, nunca sobran las personas ¿seremos capaces de ver la diferencia?
      Besos

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