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Tribuna ajena: Aníbal Malvar

Descontando ya los días para iniciar las vacaciones, peleando con la parálisis del calor y el agotamiento de tanto esperar tanto que se diluye en casi nada, me tropiezo con esta columna de Aníbal Malvar en Público.es, titulada Ay, Podemos, (AQUÍ EN SU UBICACIÓN ORIGINAL) que no entra a valorar, proponer, imponer, exigir o descartar la palabrita mágica del verano "confluencia", sino que describe con simple desesperanza una marea silenciosa que desemboca en silencio.

             Ay, Podemos por Aníbal Malvar

Las encuestas van coincidiendo en que Podemos no va a ganar las elecciones, en que España no va a tener un presidente con coleta ni un ministro que cante en el Eurogrupo o en Eurovisión, que viene a ser lo mismo pero menos desafinado, y aquella ilusión de cambio se nos escapa por el fregadero de la Historia como enjuague bucal. Al final, en cuanto la calle dejó de ser calle y se metió en los despachos, la gente volvió a sus labores y a la Liga, harta ya de cambiar el mundo.

Al votante patrio, lo que le gustaba era ver cómo los UIP de Cristina Cifuentes apaleaban a Monedero y a Pablo Iglesias en la Puerta del Sol, cómo el 15-M debatía con Javier Krahe y con otros minoritarios en la tele de Vallekas, y no las macrocifras y los gramscejos que ahora Íñigo Errejón suelta por esa boquita en TVE1 y en Euronews.

Pocos días después de que Ada Colau ordenara la retirada del busto de Juan Carlos I del Ayuntamiento, la alcaldesa de Barcelona quiso darse un baño de perroflautas asamblearios en el Raval, y solo acudieron 200 personas. Y los mossos d´esquadra ni siquiera lanzaron una triste pelota de goma contra el ojo de nadie.

Al español le disgusta que sus revoluciones salgan bien, y eso lo venimos viendo desde la revuelta de los Irmandiños hasta ahora. Gustamos menos de los desastres goyescos de la guerra que de la rendición de Breda, y eso es lo que Podemos no ha sabido ni sabrá cambiar.

Lo explicaron muy bien desde Podemos cuando sus primarias no alcanzaron ni una participación del 20% de la militancia: esto nos pasa porque el pueblo está fatigado de tanto participar en la política activa, vinieron a confesar. Y es conclusión, digámoslo suave, muy triste.

Mientras Alemania nos impone su IV Reich con laca y tinte rubio, la ilusión de que el cambio de modelo europeo se active desde la bomba callejera y pacífica española se va difuminando. Aquella línea Maginot se va deshabitando y los futbolines de España recuperan parroquianos a velocidad de vértigo. Va a tener razón Mariano Rajoy: la gente ya percibe que salimos de la crisis. Pero yo creo que al obrero absentista se le escapa que solo hemos salido de una crisis: la crisis del sistema. Que era muy bella y coqueta crisis.
 
JuguetesSegún el último sondeo de Metroscopia para El País, el PSOE va a ganar las elecciones. Y no sería disparatado pensar que Pedro Sánchez va a gobernar con el civilizado beso de Ciudadanos, ese invento nacido de la banca catalana para desestabilizar la desestabilización. Podemos se quedaría así en flagrante fuera de juego, y posiblemente se desvanecería poco a poco en el olvido. Porque ya se encargarán el ciclo económico y la señora Merkel de repartir entre nosotros, los indígenas, la bisutería de una nueva hipoteca, aunque para un piso más pequeño, y la baratija de un trabajo, aunque recogiendo algodón mientras entonamos blues. Yo me quedaré con las ganas de ver qué iba a pasar, y eso, siento reconocerlo, me decepciona un poco. Así que también me vuelvo al futbolín, que tiran muy bien las cañas y no hay que votar primarias participativas. Se acabo la fiesta callejera: vuelve el plasma.
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Claro que también puede ser el calor, el cansancio, los agotadores tiempos de la democracia participativa (o no tanto), la pereza de la obligada confluencia con quienes se resisten a perder lo que tienen por poco que sea, la tristeza de asistir a la conformación de equipos de Gobierno con los de siempre, que lejos de haber entendido algo siguen aferrados a un pasado que fue mejor y no volverá, de comprobar como los pactos son un modo de diluírse o de perderse, de suspirar por un cambio y recibir a cambio una aspirina.

Quizás tras la canícula recuperemos las ganas, quizás para entonces ya no que quede nada por perder y encontremos bajo los escombros el valor que hemos perdido, o quizás tengan razón quienes afirman que somos incapaces de ganar. 


 

4 comentarios :

  1. ¡¡SOMOS INCAPACES DE GANAR!!.

    Saludos

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  2. Pues aquí estamos deseosos de votar para poder decidir nuestro futuro en el cual podamos silbar, o no sin ser multados.

    Saludos y buen verano Pilar !!

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  3. El artículo remarca la tristeza y la desilusión de los que olíamos un cambio que al final parece no estar llegando. O la tristeza de que podamos ver ese cambio y lo dejemos pasar por no cambiar el status quo. ¿Estamos en un país muy conservador? Pues no lo sé. Yo veo de todo. Pero lo peor es que si antes había dos españas ahora hay más de dos. En fín, ese "somos incapaces de ganar" me ha dejado chafado. A lo mejor es que me ha parecido muy cierto. Besos

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