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Solo puede quedar uno o la muerte del bipartidismo

Como una pelota de pinpon
La tan cacareada muerte del bipartidismo finalmente se ha concretado y tras los resultados del 20D no cabe hablar de dos agentes y una serie de pequeños grupos parlamentarios (nacionalistas o no) con escaso peso, pero parece prematuro anunciar el fin de la alternancia, sobre todo porque los dos grandes aún superan juntos la psicológica barrera del 50%.



El color es vida
En ningún momento nos hemos planteado la posibilidad de que no sean Partido Popular o PSOE quienes formen el nuevo gobierno, estamos muy lejos de asistir a gobiernos multicolor en el que casi todos tengan un peso similar, quizás porque los aún grandes partidos sienten como arrebatado el espacio que ocupan los nuevos, cada cual a un lado del espectro que históricamente dominaban, quizás porque las propuestas más novedosas de los recién llegados no se han podido desarrollarse suficientemente al estar sumidos todos en la batalla electoral, quizás porque son fruto de una coyuntura que no puede mantenerse o dicho de otro modo, son flor de un día, o simplemente porque para llegar a ese lugar es preciso dinamitar el actual sistema electoral en la dirección opuesta a la que reclaman quienes agitan el miedo a la ingobernabilidad y contemplan el arcoiris del Congreso con miedo y prevención.

En la Dinamarca de Borgen (aquí la reseña de la serie), referente para Ciudadanos y Podemos por motivos diferentes, ningún partido se entiende propietario de la mayoría y viven con naturalidad acuerdos, pactos y repartos de las áreas de gobierno, aunque no conviene olvidar que llevan más de 100 años perfeccionando este modelo y son del norte, dónde siempre se acerca el invierno. 

Mientras entre nosotros, ardientes gentes del sur, aún hay quién recuerda lo sencillo que resultaba cuando uno se ocupaba de todo sin preguntar, porque malo sería un rato pero cómodo también, y quizás por eso nos ha resultado tan sencillo partir en dos partes la tarta e ir cambiando cada cierto tiempo, sorprendidos siempre de que la hacienda no prosperase tan bien como debiera pero incapaces de hacer un alto en nuestras vidas para ocuparnos del común, más allá del día de las votaciones y sin excesos.

8 comentarios :

  1. Lo que se ve claramente en esa serie, Borgen, es que no se casan con nadie en el más mínimo síntoma de corrupción. Un candidato queda descartado inmediatamente por utilizar su tarjeta de gastos del partido para usarla en un simple gasto particular. Y en realidad no ha sido un acto de corrupción al uso; sino que ha sido una emergencia de fuerza mayor. Y dimite inmediatamente.
    No sé cuanto tiempo vamos a necesitar aquí para que ese estado de cosas ocurra.

    Un beso.

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    1. Entre eso y la postura de la prensa cuesta entender que existen de verdad.
      Besos

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  2. Más que el determinismo de la sangre, lo que marca nuestra política es su especial diseño que permite la corrupción y no digamos la permanencia. Si no se diera la oportunidad de irse al lado oscuro, nadie lo haría. Es más bien lo mal que lo tenemos montado. Como dice la sabiduría popular, "la ocasión hace al ladrón". Besos

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  3. En mi opinión el bipartidismo no trae nada bueno.
    En estas elecciones ha pasado algo bueno: aquí no va a mover ficha uno solo y van a tener que entenderse.
    Ya es hora de cambiar y renovar. No más corrupción ni abuso, entre mil asuntos más, como es el tema trabajo.

    Abrazos

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    1. Lo que no trae nada bueno es poner a dos zorros a vigilar por turnos a las gallinas, me temo.
      Soplan aires de cambio, esperemos que no amaine. Un beso

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  4. Hace tiempo que vi Borgen.
    Enterita.

    Comparar Dinamarca con este país es perder el tiempo.
    Ellos ya están en otro universo.

    Aquí todavía tiran cabras de los campanarios o lancean al toro de la vega.

    Besos.

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    1. Vale, pero hace frío y ... no se me ocurren más pegas ;(

      Un besazo

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