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Maridaje a la riojana 1ª etapa: El vino

Viña Tondonia
La Rioja, con sus apenas 5.000 kilómetros, ofrece cientos de excusas para una escapada, esta vez con reservas en Haro para visitar su más antigua bodega, López de Heredia/Viña Tondonia y en Ezcarary para disfrutar de una experiencia gastronómica en el Rincón de Echaurren emprendemos camino.


Colinas onduladas que se muestran a finales de septiembre plenas de vida sobre las que destacan las bodegas, un batiburrillo de estilos en los que caben castillos, fortalezas, simples naves o guiños a la arquitectura de vanguardia, todo cabe en La Rioja, protegida al sur por la Sierra de Cameros y regada por un Ebro fértil y generoso a quien ceden sus aguas ríos alegres y caudalosos como el Oja, el Tirón, el Cidacos o el Najerilla.

Uvas 2016
Antes de llegar a Haro los campos nos anuncian que estamos en tierras de vino, las amplias extensiones de viña, desparramadas las ramas escondiendo el fruto o en modernas espalderas, identifican las dos almas de La Rioja, la más tradicional, de recogida a mano, espalda cargada y paso lento compite en magia con la tecnología más avanzada, cepas plantadas a milimétrica distancia para permitir el paso de las máquinas que sustituyen a las cuadrillas de vendimiadores.

Bodegas López de Heredia Ya en la capital de La Rioja Alta, en el barrio de la estación, la torre mirador, la bodega cuya arquitectura recuerda la francesa Aquitania, el Chalet suizo vivienda de la familia, la galería modernista de cristal (encargada a Basilio Paraíso de Zaragoza) que los une y la escultórica frasca de Zaha Hadid nos confirman que hemos llegado a Bodegas López de Heredia - Viña Tondonia, una empresa familiar que se remonta a finales del siglo XIX y que encara con atrevimiento el XXI.

Entrada uva septiembre 2016 Viña Tondonia
Guiados por una empleada henchida de orgullo tomanos nota de que no estamos en una bodega normal, aquí todo es de la familia, herederos de un pasado de trabajo, esfuerzo e innovación que recorren el negocio como columnas vertebrales; la uva, el transporte, el tonel, la barrica, la bodega, el cementerio, la degustación, la venta… todo estaba y sigue estando bajo la misma mano, una familia que lejos de dejarse llevar se empeña en dar un paso adelante en cada generación, sin olvidar de dónde vienen, como recuerdan los cientos de objetos rescatados del pasado que adornan y acompañan la visita.

Viña Tondonia Vendimia 2016En estas estamos cuando hemos de romper filas ante la estrépitosa llegada de un camión que viene de los viñedos propios como se afana en remarcar la guía  y comienza a descargar la uva sobre la despalilladora, la bodega hierve de actividad.

Recorremos las antiguas oficinas, conservadas en ese estilo de principios de siglo que parece capaz de detener el tiempo, entramos en el cocedero dónde se producen las primeras fermentaciones sin más control que el tradicional abrir y cerrar las puertas y donde en enomes tinos de madera y piedra empieza la uva a dejar se serlo, sorprendidos por el volumen de producción avanzamos hasta la primera zona de ampliación con otros cinco tinos de proporciones bíblicas y nos disponemos llenos de respeto (y algo de cuidado, se ve entre poco y menos) a bajar al calado

El cocedero Viña Tondonia El calado es la obra de ingeniería clave de esta casa, la base en la que se sustenta el sueño del fundador, una gran bodega de crianza excavada en roca que se extiende 140 metros bajo tierra hasta reencontrarse con el sol al borde el Ebro, desde dónde pueden contemplarse parte de los viñedos. Los sillares extraídos del calado proporcionaron la cantería para el resto de los edificios.  

El calao Viña TondoniaLa oscuridad y el silencio proporcionan al vino una temperatura constante de 12 grados y al visitante la sensación de caminar entre fantasmas.

En la penumbra recorremos mudos de sorpresa y casi paladeando tanto rico caldo, la bodega nueva con sus torres de barricas, la de reservas donde duermen las botellas a la espera de resucitar en la copa y el cementerio donde se acunan en el moho botellas de 1883, la esencia de la familia, el tesoro que nadie descorchará jamás. 

Bodega de reservas. Viña TondoniaAbrumados por los números; dimensiones, barricas, botellas y añadas desembocamos en el moderno espacio de cata bajo la frasca de Zaha Hadid y salimos a la plaza central, desde dónde nos dirigimos al taller de barricas (de nuevo la liturgia de la tradición y lo propio, impresiona el sentimiento de pertenencia de todos los empleados con los que nos cruzamos en el camino) y finalmente a la sala de catas, una joya art-decó que apenas consigue competir con los caldos que por fin procedemos a degustar.

Cata Viña Tondonia Reserva Tinto
La cata, sencilla en su exposición, abarca tanto blancos de Viura y Malvasía a quienes no temen someter al envejecimiento en barrica y botella, como tintos reservas y grandes reservas en diferentes coupages de Tempranillo, Garnacha, Graciano y Mazuelo. 

Viña Tondonia, Viña Gravonia, Viña Bosconia y Viña Cubillo son los nombres de sus marcas comerciales, vinos sin prisa, con años de sueños perdidos en la fría oscuridad del calado y la bodega de reserva.

Stand Lopez Heredia 1910La experiencia culmina en la tienda, pues no es otra la función de la llamativa frasca de la arquitecta iraní que reconoce la guía lleva algún que otro año de retraso en el proyecto y que a pesar de su moderna factura no consigue hacer sombra a la última joya de la visita, el stand que la Bodega llevó a la Exposición Internacional de Bruselas de 1910, un kiosco de nogal al más puro estilo modernista.
  
(merece la pena recorrer su completa página web, como aperitivo a la visita, que también puede incluir los viñedos)

Y como lo prometido es deuda, si pinchas en ESTE ENLACE, te propongo un libro ideal para acompañar o preparar esta escapada: El bouquet del miedo.

18 comentarios :

  1. Contigo los jueves son gloria. Beso fuerte.

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    1. Al menos un día a la semana escapemos ;)

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  2. Este post se merece un chin chin!
    Y encima maridado con un libro...
    : )

    Besos.

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  3. Hace unos años realicé una ruta similar a la que nos enseñas, fue en una de esas grandes bodegas donde el sumiller, un chico joven, nos dijo que dentro del vino hay mucho chorras, que el mejor vino es el que nos guste a nosotros, una suerte que me dijera eso, porque a mi me tenían locos con los olores, los sabores y los colores.

    Saludos

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    1. Toda la razón, pero ¿sabes? el que te gusta suele tener un color brillante y limpio, unos aromas agradables y un sabor bien ensamblado.
      Salud

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  4. Ya he salido medio borracho. Yo lo que visité hace años fue las famosas bodegas de Sidra El Gaitero.

    Besos.

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  5. Menudos viajes te pegas y nos regalas Pilar ¡¡
    Hace unos años no voy ... tantos como no veo Burgos y tu ciudad :)
    un beso y un brindis ¡¡

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    1. Se hace lo que se puede, me alegro te gusten.
      A tu salud

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  6. Tras el tour riojano, ahora te falta una visita a las bodegas de la Ribera del Duero

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    1. Está en cartera, voy recopilando datos.
      ¿un brindis?

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  7. Las rutas gastronómicas que incluyen otros placeres son ideales. Ya no sólo es ver la tierra, es comer o en este caso, beber de ella.

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  8. Un buen "post" para desconectar de nuestra pesadilla cotidiana. Tomo buena nota para alguna salida por la zona, tengo ganas de conocer alguna de esas bodegas casi míticas. Últimamente también me ha dado por el eno-turismo, pero por los productores de cava que tengo por aquí cerca.

    El mundo de los vinos de calidad es fascinante.

    Un besazo.

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    1. Esa es la idea, escapar, al menos un día a la semana de la realidad cotidiana y daros pistas por si no tenéis planes para el fin de semana.
      Las bodegas de cava tienen un encanto especial.
      Besos

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  9. Magnífico recorrido por esa tierra afortunada que admiramos y queremos los amantes del buen vino.Mi enhorabuena.Un rioja nunca decepciona...al menos a mí.

    Saludos.

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    1. Gracias, me alegro que te guste.
      Un saludo

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