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Tribuna ajena: Ana I. Bernal Triviño

Low Cost...Tu vida a bajo coste, es el título del artículo que os traigo desde la edición andaluza del El Diario, su autora Ana I. Bernal Triviño, una periodista dotada con el don de la palabra justa, limpia de filigranas y adornos que consigue tocarme la fibra sensible a la par que activa el resorte de la rabia y la indignación.


Lo traigo hoy porque es posible que la noche del domingo os sentéis a ver el último Salvados de Jordi Évole y os cuestionéis muchas cosas, las mismas que se abordan en este artículo que yo subtitularía como Vidas de saldo, y es que por mucho que queramos, demasiadas veces no tenemos apenas margen de maniobra.

 Low cost... tu vida a bajo coste

No eres rico. Tu vida es de bajo coste. Si no lo fuese, no existiría la riqueza. Te quedas en paro, trabajas por horas o cobras una miseria y ya estás condenado a la vida low cost. Tú, con la necesidad de tener desde un pijama hasta algo con lo que calmar el rugido de las tripas, no encuentras otra alternativa. Tienes que tirar de lo que te venden como low cost. Queda con más categoría dicho así, simplemente porque está en inglés. Disfrazado en otro idioma queda mejor, porque su traducción no es para nada lujosa: bajo coste.

Te ponen low cost en todo: comida low cost, pan low cost, viajes low cost, dentistas low cost, fisioterapia low cost, ropa low cost, gimnasios low cost, telefonía low cost, peluquería low cost… Todo esto explica las colas en el Primark, en el Hiper Asia, en las nuevas clínicas de precios fabulosos y niños sonrientes en su publicidad, ese pan recién horneado que dos horas después se convierte en puro chicle, esas ofertas 2x1 que no suelen ser de pescado ni verduras, sino de napolitanas y cruasanes pringosos con los que atiborrarte de colesterol… El sistema funciona porque así crees que eres "rico", porque puedes salir de esos locales siempre con algo, hacerte el apaño y mirar un regalito extra.

Todo este sistema low cost esconde detrás la realidad que lo sostiene y que, siguiendo esta palabrería, podemos resumir en low rights. Ahora en castellano, para saber de qué hablamos: derechos de bajo coste. Entre tú y yo: derechos basura. No me refiero a los derechos que están escritos en la Constitución española o la europea, ni mucho menos a los Derechos Humanos. Esos los puedes tomar como la lectura de una tragicomedia.

Ayer escuchaba al ministro de Economía, Luis de Guindos, y decía que cualquier vuelta al incremento del gasto público perjudica a España. Y es así porque su negocio debe ser sostenible. No sólo les vale con robar dinero. Tienen que robar derechos. Mantener esos derechos y garantías requieren de un coste, pero no resulta rentable porque ellos dejarían de privatizar y de recortar, que es su verdadera inversión.

"¡Debes dar las gracias porque te dieron trabajo!"

Puedes acceder a esa vida low cost porque otros cosen tu ropa en el tercer mundo por cinco euros al mes, porque existe la explotación infantil, porque otros no tienen peces en sus ríos por los tintes de los tejidos que confeccionan para occidente, porque el cocinero de la hamburguesería trabaja por horas, porque las horas extras no se pagan, porque no se respetan cadenas de producción, porque usan materias primas más baratas, porque el agricultor recibe dos céntimos por su producto, porque te condenan a la obsolescencia programada, porque la clínica odontológica blanquea dinero, porque el sueldo de la azafata no llega a los 700 euros, porque los masajes te los da una persona sin titulación, porque incluso una etiqueta "Made in Spain" o "Made in Italy" esconde explotación laboral confeccionada en nuestros suburbios y polígonos…

Y tú y yo somos parte de esa vida low cost porque vivimos en precario, porque trabajamos gratis (pero, oye, ¡debes dar las gracias porque te dieron trabajo!), porque no llegas ni al salario mínimo cada mes, porque si quieres comprar algo que respete los derechos se sale de tu presupuesto, porque esos productos ecológicos que quieres te dejan arruinada, porque sólo con los recibos de luz, agua, gas, IBI y teléfono ya se te han evaporado la mitad de tus ingresos…

Y así, después de esa invitación low cost, te dan todos estos datos. Y tú, te muerdes las uñas porque apenas puedes esquivar todo este camino lleno de basura y estiércol. Y te sientes mal. Y culpable. Y miras tu cuenta con números en tembleque y ese monedero que está en las últimas y te preguntas… ¿Y qué hago? Te señalan con el dedo a ti, y los culpables son ellos. Diseñaron todo así, en frío, sin cargo. Tú eres culpable en la medida en que te convierten en cómplice. Eres pieza fundamental del engranaje. Y ahí sabes que te derrotaron. Porque te robaron los derechos, te robaron la conciencia y te convirtieron en esclavo. Esclavo de una vida de bajo coste y de derechos bajo mínimos. Así de mísero… Salvo que te lo digan en inglés, que queda más cool, más pijo, más disfrazado, menos real. Porque de eso se trata… De camuflar la realidad.
Duro, sencillo y directo, pero sobre todo lo demás, sincero, a pesar de que la última baza que nos queda en este mundo mercado globalizado es nuestro papel como clientes, lo cierto es que tampoco es cierto, puede elegir quien tiene capacidad económica, no quien a duras penas cierra el mes. 
Por eso, el sistema está llamado al fracaso y a la hecatombe, antes o después, porque al sustituir la política por la economía financiera, hemos puesto en manos de quienes solo viven para acumular más el destino de todos y el planeta. 

Quizás ideas muy negras para pensarlas un domuingo, ya disculparéis.

11 comentarios :

  1. Han abaratado la vida, la nuestra claro, que los mayores no sabemos qué hacer no sé si para llegar a fin de mes o para qué, y los más jóvenes parecen vivir sólo porque no les queda nada más. No sé si alguna generación, presente o futura, podrá perdonarles lo que han hecho, pero han metido a este país en unos miedos que será difícil quitarles. Y mientras ellos, los otros, paseando por los juzgados... y poco más.

    Un abrazo Pilar. O dos.

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    1. Dos, siempre dos Chesana, de lo bueno, doble dosis

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  2. Primer y último párrafo, lo demás es relleno, pero no por eso deja de tener toda la razón, salvo unos poquísimos privilegiados, el resto de ciudadanos llevamos una vida low cost o de bajo coste; además, hasta tenemos que dar gracias al dios de cada uno por poder llevarla, hay quien ni puede hacerlo, a ese punto hemos llegado.

    Aquella sociedad llamada de los 3/3 en la que una era la clase dirigente, la otra la que se beneficiaba y disfrutaba de cierto "lujo" y el último tercio se excluía y apenas contaba, se está reduciendo hasta tal punto que podríamos llamarla la sociedad de 1/6, una parte dirigente, 1 parte que vive bien, 1 parte Low Cost y 4 partes malviven.

    Saludos

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    1. A mi me gusta todo el artículo, pero en todo caso lo del sexto no me parece desencaminado. Miedo da pensar que no seamos capaces de reaccionar antes de repetir una historia que ya conocemos.
      Un saludo

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  3. Estoy de acuerdo en que el capitalismo no funciona, porque el problema no es de España, es del mundo, pero aquí mucha crisis pero bares y restaurantes llenos, todos vamos de vacaciones.... Y ojo que no digo que no haya familias mal, muy mal, pero también se despilfarra mucho.

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    1. Sin duda, quizás porque si no me da para nada más me lo voy a gastar en vino, no lo sé, siempre me ha sorprendido como cuando todo parece ir fatal nos quedan ganas para reír.
      Y por supuesto que no es nacional, es un problema global, y global será la solución o la pagaremos todos.
      Un beso

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  4. Toda la razón el artículo.
    Al final todos seremos low cost,como los productos,menos los diez que manejarán el mundo.

    Besos.

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    1. De saldillo, vamos, quizás algún dia entendamos que son solo diez. Quizás,

      Besos

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  5. Un retrato de nuestro diario vivir, triste, ¿pero como salir de ella?

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    1. Esa es la parte terrible, ¿puedes elegir no comprar productos fabricados en semiesclavitud? Si no podemos, mal vamos a encontrar respuesta.
      Un saludo

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    2. Un articulo bastante lúcido. En Cataluña, por desgracia, hace ya demasiados años que vivimos eso que se llama "deslocalización", que no es otra cosa que trasladar empresas a otros lugares donde los salarios son mas baratos, y generan un margen de beneficio mas alto para los empresarios.

      Al mismo tiempo llegaban aquí los mismos productos de las empresas "deslocalizadas", elaborados con materia prima de ínfima calidad y mano de obra batarata, y con unos precios imbatibles por lo bajos.

      Y empecé a pensar que si aceptábamos este consumo de bajo coste, acabaríamos todos con salarios de "bajo coste" y con vidas de bajo coste.

      Desgraciadamente no me equivocaba y el tiempo me ha dado la razón. .

      Particularmente, la crisis ha hecho que sea un consumidor con un presupuesto bastante ajustado, y sin apenas gastos innecesarios.

      Pero a pesar de esto, procuro "escapar" de la trampa de los artículos de "bajo coste", prefiero estirar el presupuesto y adquirir algo que tenga un mínimo de calidad, con una referencia clara de donde ha sido producido.

      Aún practicando una economía de austeridad, se puede elegir.

      Un besazo.

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