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Del Rapitán a Canfranc: un recorrido en la nostalgia.

La cercanía del Pirineo y su diversidad lo hacen candidato ideal para alejarse del mundanal ruido y escapar el fin de semana sin más objetivo que recuperar cierto equilibrio y recordar qué es realmente importante. 

Habitación Fuente. Hotel Barrosse
En esta ocasión nos dejamos seducir por la singular propuesta que hace Barosse, habitaciones de ensueño y calma, mucha calma. 

Muy cerca de Jaca, a los pies de la Peña Oroel y bajo la atenta mirada del Rapitán, cobijado bajo su alero de pizarra, este diminuto hotel con encanto proporciona el escenario perfecto para cualquier fantasía a dos, al calor de su chimenea, mecidos por el burbujear de su jacuzzi o simplemente dejándose embrujar por un cielo pleno de estrellas. 

El generoso desayuno animado por la charla con Juan, tan dispuesto a marcarte una ruta, dibujar un itinerario o recomendar un sendero, junto a un sol radiante, nos empujan a vencer la pereza y elegir un recorrido vertebrado por arquitectura civil y militar, dejando a un lado, por una vez, el rico patrimonio románico de la zona, resultado de la elegante fusión entre los estilos lombardo y jaqués.

La ruta es sencilla, 
remontando el valle del Aragón, antigua vía tolosana del Camino de Santiago; Fuerte de Rapitán, Coll de Ladrones y Estación Internacional de Canfranc.

Fuerte de Rapitán Jaca
El Fuerte de Rapitán fue concebido a finales del siglo XIX como parte de la red defensiva proyectada de forma paralela a la línea internacional de ferrocarril Oloron-Canfranc, el sueño de un paso transpirenaico que uniría el valle del Aspe con el del Aragón, uno de esos sueños hermosos que devino en pesadilla hasta convertirse en un triste y borroso recuerdo, una quimera inalcanzable por mucho apoyo sentimental que despierte.

Foso del rapitán
Lo que suponía la oportunidad gozosa de quebrar el tradicional aislamiento fue visto por otros como un enorme riesgo para el que era imprescindible prepararse, así en 1884 se iniciaron las obras de lo que en seis años sería un castillo protegido por once enorme cañones, que se inauguró ya obsoleto. Convertido en cárcel tras la Guerra Civil a mediados de los años 50 inició un imparable declive apenas detenido en 1978 cuando, descansando su gestión en el Ayuntamiento de Jaca, se acometió una importante restauración que lo ha convertido en una suerte de residencia y centro cultural.

Las preciosas vistas sobre el Campo de Jaca y la ciudad son el merecido premio de quienes afrontan su ascenso en un exigente paseo de unos 40 minutos desde el centro de la capital de la Jacetania. (Quienes no se sientan tan deportistas, pueden subir en coche)

Coll de ladrones
Tras dejar atrás Castiello de Jaca y Villanúa con el río Aragón a sus pies, el valle comienza a estrecharse y alzarse, cercana ya la población de Canfranc encontramos el Fuerte de Coll de Ladrones, una estratégica posición varias veces fortificada y que en 1903 fue visitada por el joven Alfonso XIII. 

en la época de la Estación, se ubicaría la artillería tanto en las casamatas subterráneas como la curiosa galería aspillerada abierta en la peña que domina la carretera.

coll de ladrones 2Es otra buena muestra de la arquitectura militar de montaña, adaptada a la orografía que aprovecha la roca como elemento defensivo, este fuerte contaba con dos pabellones, uno para los oficiales, oficinas y enfermería sólido, soleado y señorial y otro en la umbría con capacidad para hasta 200 soldados. 

Al igual que el de Rapitán, en apenas 60 años fue cerrado debido a la obsolescencia de su planteamiento defensivo, y a finales del siglo XX fue adquirido por una sociedad privada, que no termina de tener clara la utilidad que puede darle, si bien actualmente desde el Hotel Santa Cristina organizan excursiones para visitarlo.

Torreta Fusileros Canfranc
A la retaguardia del antiguo Fuerte del Coll de Ladrones existían dos torres de fusilería, una desaparecida en 1910 cuando se construyó la boca sur del túnel ferroviario, y la segunda que defendía el paso carretero y se mantuvo operativa, acogiendo tres galerías con aspilleras donde se ubicaban los fusileros. 

Hoy lejos de resultar amenazadora ofrece el sencillo atractivo de su maciza base, los sillares, el foso, su curiosa planta elipsoidal, y un amplio patio central en torno al que se alzan cuatro alturas, la Torreta de Fusileros acoge diversas exposiciones programadas por el Ayuntamiento de Canfranc.

Canfranc Estación
Dejamos a un lado el túnel del Somport y nos adentramos en Canfranc pueblo, apenas sombra de lo que fue un importante núcleo fronterizo dedicado al comercio y que tras un terrible incendio acabó cediendo incluso la alcaldía a Canfranc-Estación, el núcleo nacido en el paraje de Los Arañones cuando se ubicó la Estación. 

Casonas de piedra antigua, rumor de agua que corre encajonada y laderas que se estrechan desde altas cumbres crean el fantástico escenario donde reposa la Estación Internacional de Canfranc.

Canfranc estaciónUn edificio amplio y hermoso concebido como escaparate para aquella España empeñada en ser Europa en los alegres años treinta. Cristal, cemento y hierro, básicos elementos de la arquitectura industrial del momento, no dudan en ceder espacio a la madera tallada en estilo Art Decó o al simple y puro mármol de los pasos subterráneos, creando un espacio que consigue hacerse oír a pesar de la ruina.

CanfrancLa línea internacional nunca tuvo la suerte de cara, la indudable gran idea de crear un paso fronterizo a través de los pirineos en su zona de mayor tránsito debió esperar el final de la I Guerra Mundial para dar sus primeros pasos, entrando en funcionamiento en 1928. 

Tras unos brillantes años de éxito, y desempeñar importantes papeles tanto en la Guerra Civil como en la II Guerra Mundial, las consecuencias de ambos conflictos acabó suponiendo su cierre y abandono, de nuevo la frontera se vuelve barrera. 

Techumbre Canfranc
El Gobierno de Aragón compró hace tiempo la estación y parte de los muelles y trata de devolverle algo de luz a esta joya que apenas comienza a salir de entre las brumas el tiempo. 

Su corta vida hace casi increíble el número de apasionantes historias en las que fue algo más que el telón de fondo; la lucha del hombre contra el medio en su fase de construcción, los velados misterios de quienes por ella pasaron disfrutando de su casino y su Hotel Internacional, los republicanos huyendo por los tortuosos pasos helados, las terribles historias de judíos escapando del horror, la confusa historia del oro alemán o el Wolframio, las historias de espías en territorio neutral durante toda la guerra europea.

Trenes Canfranc
Todo parece reducido a polvo y herumbre, o al menos esa es la principal sensación del visitante cuando tras la amable y emocionada exposición de la joven encargada de la visita guiada, deja vagar la mirada sobre las viejas vías, los cuerpos muertos y oxidados de algunos trenes varados y piensa ¿acaso puede volver a vivir el pasado? aunque el paso ferroviario vuelva a abrirse, el tren no se detendrá más que en un hipotético viaje ceremonial. 

El ahorro en tiempo y emisiones que proporcionará una indudable ventaja logística a los valles del Ebro y del Aspe, no devolverán a Canfranc su esplendor, el tiempo no sabe y probablemente no quiere mirar atrás. 

Arbortum
Para remontar la nostalgia os recomiendo el sencillo recorrido botánico del Arboretum, apenas 15 minutos en comunión con un espacio que fue profundamente transformado por el hombre. 

Quienes necesiten reconectar con el siglo XXI y desprenderse al fin del triste abrazo del pasado, pueden dar un paseo por el entorno del Laboratorio Subterráneo de Canfranc, más concretamente por su Sede exterior, el laboratorio se sitúa bajo el Tobazo y se accede a él mediante el túnel carretero, fantaseando con los experimentos de física de partículas y astropartículas que en él se desarrollan.

 Por último os dejo dos indicaciones prácticas: cenar de tapas por Jaca para los que os recomiendo empeza por Casa Fau  seguir por el entorno de la Plaza del Marqués de la Cadena visitando Tasca de Ana y el 19 tapas y 500 noches.  Y para compensar a quien no ha vido, comprar dulces en Echeto, pasteleros desde 1890, cuyo escaparate al ladito de la catedral, es sencillamente delicioso.

Y una recomendación literaria, la novela Volver a Canfranc de Rosario Raro, cuya reseña os espera en Libros viajeros. Una obra, que sin parecerse en nada, recuerda al Tiempo entre costuras o Palmeras en la nieve con las que comparte ese deseo de recuperar la memoria de lo que fuimos y de de algún modo nos ha sido arrebatada.

16 comentarios :

  1. Nos das el viaje y hasta el libro para los ratos muertos. El recorrido nostálgico de hoy es otra delicia más. Difícil ponerse de acuerdo con cualquiera de los lugares a los que nos envías cada semana.

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    1. Seguro que acertáis en la elección, ¿me contarás?

      besos

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  2. Conozco la zona. Es impresionante.
    El hotel no lo conozco, pero lo apunto. Ganas de esfumarse unos días allí :)

    Abrazos

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    1. Ganas de olvidarse un poco de la realidad cotidiana ;)

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  3. Mi niña, que de sitios bonitos que me apunto, para hacer con mi casita móvil.

    Un besote.

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    1. Creo que hay muchas comodidades para ese sistema, ya contarás.
      Un beso

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  4. Qué chulo todo...
    Este sí me gusta.
    Y sí, con calma, con mucha calma.

    Besos.

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  5. Muy bonito recorrido y mejor contado, se nota la calma de los parajes y me han gustado las fotos que has puesto.
    Me ha encantado que nos añades propuestas gastronómicas que son muy importantes para acabar de disfrutar de esos parajes. Muy interesante.
    Un saludo

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    1. Me alegro que te guste, la realidad es mucho mejor, no dejes de probarlo.
      Un saludo

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  6. Tan hermosamente narrado que te queda la sensación de haber estado. Qué bien lo cuentas!
    Besos

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  7. ¿No tienes la sensación de que la estación de Canfranc se da un aire a la del Oriente Express de Estambul?

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    1. Se parecen mucho, la turca con sus peculiaridades que la hacen más oriental y ésta un poco más sobria y afrancesada, pero son la misma idea.
      Si piensas dónde esá esta, anclada en un valle alterado para albergarla y rodeada de la nada, entenderás mejor la extraña sensación de salir de la estación (Hotel y dependencias incluídas) y cruzando el puente caminar hacia un diminuto pueblo, el contraste debía ser increíble, a diferencia de Estambul dónde la estación te susurraba la belleza exultante que te aguardaba fuera un espacio entre Asia y Europa con lo mejor(?) de ambas.

      besos

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  8. Interesante relato y acogedor. La recomendación de las tapas todo un detalle... Lo de la fantasía a dos, sugerente.

    Un abrazo, Pilar.

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    1. Ernesto, me alegro que te guste.
      Un saludo

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