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Otra lluvia, otra nieve

Nieva en Zaragoza
En un lunes tan lunes como el de ayer, el frío se convirtió en sonrisa. Ayer nevó en Zaragoza, lo que empezó como un día frío e incómodamente lluvioso se convirtió a media mañana en un guiño. 

Como las ventanas de mi despacho dan a un triste patio interior han sido las risas de mis compañeros las que me han puesto sobre aviso. La infantil cantinela de ¡nieva, nieva! solo interrumpida por el pesimista que asegura que no durará, que no cuajará, nos pinta una sonrisa en la cara, una sonrisa sencilla, fácil.

Y es que para quienes no nos hemos criado en inviernos duros y blancos, la nieve es un alegre regalo, la mirada se nos pierde en los copos (cada vez más grandes) e imaginamos una ciudad blanca, cubierta por un manto silencioso solo roto por risas de niños que juegan. 

La verdad es que el sombrío compañero tenía razón y tras un par de horas, la lluvia desplazó los blancos copos y la ilusión se desvaneció. 

Llueve en IdomeniYa en casa con el telediario de fondo caí en la cuenta de cómo pueden la lluvia y la nieve dejar de ser un acontecimiento más o menos festivo para convertirse en una nueva barrera, un nuevo peligro, tan sólo depende de dónde te ha tocado nacer. 

Anoche me dormí con rogando que no nieve en Idomeni.

10 comentarios :

  1. Yo aún no he visto nevar...y como dices será que como no sé lo que es el duro invierno, tambien sonrio y sueño infantilmente, con verla.
    Besito

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  2. Gracias a Europa no solo va a nevar y tronar en toda esa zona, este fin de semana se firma un acuerdo que los convierte en basura, mientras tanto la Europa xenofoba se extiende gracias a su política y lo peor, nadie se mueve.

    Tristes saludos

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  3. Suerte la tuya. Yo no conozco la nieve, y eso que vivo a poco más de una hora de la cordillera de los Andes, donde sí se da ese fenómeno jaja De todas maneras, de ambas formas es un instante poético que se le adosa a la vida de quien no vive inmerso en esa blanca realidad: el ir al encuentro de la nieve, o que ésta te sorprenda en tu propio barrio.

    Saludos!

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  4. si la blancura de la nieve fuera al menos capaz de disipar las negruras, ¡tantas!, que nos afligen...
    pero en tanto soñamos con el remiso mundo (in)feliz mejorable, somos lo suficientemente ingenuos como para celebrar como chiquillos un fenómeno atmosférico con que rara vez gozamos los zaragozanicos que , sí, allá por nuestra infancia aguantábamos la nieve hasta convertirse en charcos negros intransitables.

    ¡que nieve, pero que nieve de verdad, jejej!
    besos

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  5. Sí.
    La lluvia en ese campo de refugiados es de una tristeza infinita.

    Besos.

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  6. Sí, hace años lo descubrí leyendo historias sobre los campos de concentración en Siberia y su trabajo en la terrible nieve. Eso lo relativiza todo. Pero es normal. Yo también soy de los que se emocionan cuando le cae una nevada y no pierdo ocasión de salir a la calle y portarme peor que los niños con las bolas de esta. Pero aquí en Barcelona me parece que tenemos incluso menos opción. El día está frío y ya está. Por otro lado, hay gente que tiene el corazón más helado que la nieve y se toma lo de los refugiados como un problema burocrático más. Increíble.

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  7. Lo de Idomeni -por extensión, los refugiados de Siria y, ampliando la mirada, todos los expulsados de su tierra que vemos vagar por caminos inhóspitos- deberían empujarnos a pedir cuentas pero, al menos yo, me limito a sentir vergüenza.

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  8. Todo cambia de color según lo que vivimos, Pilar
    lo que es alegría para unos es un terrible dolor para otros
    Y si , hoy te leo y me pasa , creo que es normal que nos pase, disfrutar de lo bueno y al mismo tiempo quedaros helados al pensar cuantas almas estan sufriendo por esta humanidad , sea nieve o lluvia, sea lo que sea todo es tan relativo y sin ser egoistas lo mejor es disfrutar de cada instante porque nunca se sabe como será el mañana
    pssssshhh a tu compi el sombrío algo le pasa .. a veces uno necesita una palmadita o un pellizco a tiempo para sonreir jaja
    besos

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  9. Cualquier cosa que pase, nos lleva a volver la vista a los campos de refugiados. Eso es señal que aún nos queda algo en el corazón.

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  10. Una noche más, las imágenes de los campos duelen muy dentro mientras asistimos al desfile vacuo y sucio de quienes en nuestro nombre quieren pagar a Turquía para que "solucione" el problema, al peor estilo de lo que no se ve no existe.

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