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Palabra de mujer (Pan de limón y Cuando éramos ángeles)

8 de marzo
Hoy Día de la Mujer, quiero aprovechar este espacio para visibilizar un sencillo sistema que sirve para evaluar la brecha de género en películas, cómics, obras de teatro, etc. y que poco a poco se va haciendo hueco.
Se trata del Test de Bechdel que con tres sencillos puntos mide si la obra en cuestión aborda a las mujeres desde una perspectiva igualitaria:

 - Aparecen al menos dos personajes femeninos.
 - Ambos personajes mantienen, al menos, un diálogo.
 - Esa conversación no gira sobre un varón.

Porque quizás un modo sencillo de romper estereotipos sea dar la voz y la palabra, también en la ficción a la otra mitad, atender sus preocupaciones, su modo de ver el mundo, su forma de reaccionar ante los retos de la vida, porque quizás si nos conocemos mejor, nos resultará más sencillo comprender que somos diferentes pero iguales.  

Hoy os traigo dos libros que dan un paso más porque están escritas por una mujer, dos novelas que hablan del mundo que nos rodea y que comparten algo más que el pequeño detalle de incorporar recetas de cocina en su interior. Dos historias que dibujan un tiempo, el nuestro, en el que el amor, la comprensión, la amistad, el trabajo, el odio y la venganza tienen su cuota de protagonismo, dos novelas en las que el pasado se proyecta para explicar quienes somos. Dos novelas escritas por mujeres abiertas a cualquier lector.


Pan de limón con semillas de amapola, de Cristina Campos.

A pesar de una portada tremendamente cursi y un título propio de cualquiera de esas cafetería/tienda/obrador que se reproducen por esporas en cada esquina en mi ciudad abanderadas del té de colorines y el bizcocho de zanahoria, esta novela entra en mi casa por el cupo (libros escritos en castellano por mujeres y cuyas protagonistas también lo son) y la vitola de haber sido elegida en el Festival de Cine de Berlín como uno de los once Books at Berlinale, textos seleccionados como material interesante para futuras películas.

Se trata de la primera novela de Cristina Campos (1975), profesionalmente dedicada al casting para largometrajes y series de televisión, y cuenta la historia de Anna y Marina, dos hermanas con proyectos vitales muy diferentes que se reencuentran en el invierno de 2010 en Mallorca.

Con este punto de partida y con la isla, la roca, como algo más que el telón de fondo de la historia, conoceremos a Marina
… la ingenuidad de los veinte y la fuerza de los treinta habían ido menguando al cumplir años, dando lugar a la serenidad, a la templanza y Marina, era, ahora, una mujer madura, una profesional comprometida que trabajaba desde el corazón de cada persona a la que atendía. Sin pretensiones, más allá de mejorar la vida de esas personas.
 Y a Anna
¿Qué hace una mujer sola caminando por la vida? Son la comidilla del resto, que se compadece de que estén solas. La mujer, siempre acompañada de un marido. A veces, el matrimonio no es lo que uno espera. Pero hay que aguantar, hija. Ver, oír y callar.
Dos hermanas separadas por años de silencio y unidas momentáneamente por un misterio, la herencia de un molino en Valldemosa. Con esta excusa la autora abordará el papel de la mujer en un mundo que parece haber cambiado muy deprisa, el desarraigo, la cooperación internacional, la maternidad, la corrupción, la amistad entre mujeres y la valentía de cambiar.
Una casa es el lugar dónde uno es esperado.
La historia narrada en tercera persona avanza sin prisas, combinando acción con reflexión e intercalando algunas recetas de pan recogidas con la sencillez con la que se comparte lo que se ha sabido siempre. Sorprende el alto número de personajes femeninos clave para el desarrollo de la historia, mujeres de todas las edades y condiciones, alegres, cobardes, inteligentes, solitarias, entregadas, mujeres que aportan su peculiar modo de entender una vida que nos empeñamos en encasillar, ordenar y juzgar.

A pesar de algunos altibajos como las sorprendentes notas de un pudor extemporáneo, creo que estamos ante una gran ópera prima.

Cuando éramos ángeles, de Beatriz Rodríguez

La historia de un crimen rural, una muerte violenta propias de la crónica de sucesos, la historia de la superación de un duelo, el despertar inevitable a la vida de quien se creía muerto, una novela negra en un escenario idílico, una novela generacional con su propia banda sonora como afirma haber escrito su autora, Beatriz Rodríguez (1980). Todo es cierto y todo se queda corto.

Cuando éramos ángeles transcurre en un pequeño pueblo a medio camino entre el Macizo del Montseny y el mar, un valle donde el agua surte de vida las huertas que sustentan la economía local, siempre de modo dispar porque unos son los señores y otros, apenas la humilde mano de obra.

Atrapada por decisiones que no tomó sola, encontramos a Clara la protagonista a quien el asesinato de uno de sus vecinos obligará a mirar de otro modo la cerrada sociedad en la que vive y a la que cree conocer ya que escribe las crónicas de la comarca.
Decidió que podía construir su realidad alrededor de la realidad de Marcos
Los pasos de Clara tratando de esclarecer los hechos se mezclan con continuos giros al pasado en los que conoceremos a la cuadrilla de ángeles que tras transformarse en jóvenes son los adultos de hoy, una buena excusa para abordar el siempre atractivo tema del fin de la inocencia y de lo complicado que resulta reconocerse en aquellas fotos que aún siendo en color tienden a volverse sepia, qué lejos y qué cerca estamos de quienes fuimos.
Pensaba que el orgullo era un síntoma de debilidad, que mostrar los sentimientos de una manera descarada, algo de no lo que era en absoluto partidaria, aunque todavía no pudiera razonarlo de esa manera.
Hábilmente sazonado con música, el verdadero lait motiv de cualquier adolescencia, sencillas reflexiones sobre la igualdad, el rencor, la envidia o la venganza, unas notas de sexo e interesantes recetas de cocina tradicional, la historia avanza sin demasiadas prisas y se cierra dos veces, para quedar abierta.
La nostalgia de algo que todavía no ha terminado es, precisamente, la gestora del recuerdo y un recuerdo no es más que la evidencia de un tiempo muerto.
Una historia interesante con un tempo oportuno aunque algo débil en las formas; los vulgarismos, las cursiladas y sobre todo la elección del narrador omnisciente como soporte de la trama, lastran un producto que bien merecería una revisión a fondo.

6 comentarios :

  1. Pues a pesar de los peros del de Beatriz Rodríguez, parece interesante, me lo apunto.

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    1. Es interesante, sin duda gana lo bueno a lo mejorable.
      Un beso

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  2. Me las apunto. Muchas gracias por la sugerencia.

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    1. Me encantaría me que contases si alguna la lees y te gusta o no.

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