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Por la Ribera del Duero. 2ª Etapa. Vino y arte





Torremilanos

Amanecer entre viñas es un privilegio, un atractivo más de esta comarca que con empeño, tesón y capacidad ha conseguido en menos de cuarenta años pasar de producir claretes a granel a convertirse en una de las zonas con más renombre entre las que producen vino de calidad. 


Hablando con quienes conocen el terreno, la historia y asistieron al nacimiento de la criatura, se palpa el orgullo y casi la emoción contenida al narrar cómo una comarca agrícola y no especialmente desarrollada supo, apoyándose en un núcleo de visionarios, poner en marcha la idea “Ribera del Duero” sinónimo de vinos de calidad, que van colonizando espacios antes sólo abiertos a territorios históricos como La Rioja.



Viñedos ribera
Ahora el vino impregna la región, prolifera el turismo interesado en su cultura y producción, las visitas a las bodegas favorecen el desarrollo de la hostelería de la zona, de la puesta en valor de su rico patrimonio y aunque pueda parecer menos palpable, también alimenta el orgullo patrio, la satisfacción de ser de aquí.

Hoy combinaremos arte y vino, visitando bodegas, apreciando cultivos, aprendiendo, disfrutando y no olvidando que todo tiene un pasado.

Torremilanos
Aprovechamos la disposición del personal de Torremilanos para visitar su bodega repleta de roble francés y americano, y cuidada con el esmero de una familia que se lo juega todo a una carta, la que sirve en tu copa.

Salimos después con destino a Peñafiel dónde visitaremos el imponente castillo que se alza como un barco sobre la planicie y que alberga en su interior uno de los mejores Museos del Vino que conocemos.

Castillo de Peñafiel
El castillo de Peñafiel tiene como origen una fortaleza del siglo X, erigida por el rey de León Ramiro II, ocupada posteriormente por Almanzor y reconquistada por el conde castellano Sancho García en 1.013 quien la bautiza como Peñafiel (en latín Penna Fidele). Incorporada a la corona de Castilla por Pedro I en 1456 pasa a la Orden de Calatrava, quienes acometen su actual configuración.

De planta muy estrecha y alargada, 35 m de ancho frente a 210 m de largo, está defendido por una primera muralla exterior de lienzos lisos, que unido a la gran pendiente debían hacer, cuando menos, trabajoso su ataque. En el lado oriental se abre una única puerta de acceso flanqueada por dos torreones circulares y coronada por un matacán. El recinto interior cuenta con una segunda formación de murallas, con 28 cubos almenados unidos por un adarve transitable.

Torre del homenaje Castillo de Peñafiel
En el centro se levanta la torre del homenaje, con tres plantas abovedadas que pueden visitarse (para regocijo del heredero, en la planta baja se exponía una amplia colección de cliks de Famobil) y desde su terraza, a más treinta metros de altura, la vista es impresionante.

El resto del recinto se divide en dos zonas, en la situada más al norte apenas quedan restos de los primitivos forjados, en cambio en ala sur se ubica desde 1.999 el Museo Provincial del Vino, que según asegura la guía recibe más de 100.000 visitas al año.

Museo del vino
El Museo es muy completo e interactivo, así que recomiendo a los visitantes dedicar el tiempo que merece, con independencia de lo que conozcan sobre la cultura del vino, aprenderán muchas cosas y siempre pueden retarse a detectar, dejarse llevar por su video interactivo que nos convierte en uva o hacerse una foto tan… como ésta.

Desde las almenas se disfruta de una hermosa vista de la comarca, de Peñafiel y de una de las bodegas señeras de la DO Ribera del Duero, Bodegas Protos que nos hace un guiño, sus antiguas instalaciones se pierden en la montaña donde albergan más de 20.000 barricas de vino, sobre la que reina el castillo mientras las nuevas, toda una apuesta arquitectónica, saluda apenas unos metros más allá.

Bodegas Protos
La curiosa estructura de la nueva Bodega Protos, obra de Richard Rogers destila elegancia, su estructura de arcos y bóvedas de madera remite a las antiguas construcciones de las bodegas romanas, ofreciendo espacios amplios y diáfanos tanto a las salas de catas o de exposiciones como a la nueva sala de barricas. 

Camino de Aranda de Duero visitaremos otro buen ejemplo de la arquitectura de bodegas es la Bodega Portia en Gumiel de Izán, diseñada por el prestigioso arquitecto británico Norman Foster para el Grupo Faustino, que lejos de alzarse sobre el terreno parece fundirse con él, así su estructura, a modo de flor con tres grandes pétalos, se hunde sobre el terreno para aprovechar de forma natural la temperatura. 

Bodegas Portia
En la vendimia, los racimos que llegan en tractores se entregan en el techo del edificio donde están las tolvas de recepción y empiezan su viaje por gravedad, evitando bombas que puedan lacerar la piel de la uva y deteriorar su calidad, hacia el interior de la bodega, distribuída en tres grandes zonas: fermentación en depósitos de acero inoxidable, la crianza en barricas de roble y la fase de afinamiento y envejecimiento en botella.

La zona central de la bodega, la corola de esta flor, que permite la visión directa de las anteriores alberga tanto zona de oficinas como los diversos espacios públicos: restaurante, sala de reuniones y catas, y la cafetería con una terraza desde la que se obtiene una buena perspectiva de esta zona de la Ribera del Duero.

Aranda de Duero
Con el apetito bien despierto proseguimos hasta una Aranda de Duero sumida en fiestas que llenan de colorido y ruido sus elegantes calles, a pesar del hambre, no somos capaces de pasar de largo ante la Colegiata de Santa María, impresionante ejemplo del poderío económico y político de la Castilla de los siglos XV y XVI, cuya portada nos deja casi sin aliento.

A modo de retablo el enorme templo gótico isabelino, se adorna con un soberbio trabajo de escultura en el que participan entre otros los afamados Simón y Francisco de Colonia y Juan de Gumas.

Aranda de Duero
El vano de acceso esta dividido en dos arcos, presidiendo el parteluz una gran estatua de la Virgen María y el Niño. Sobre ellos relieves alusivos a la maternidad que aún conservan parte de su policromía, con un delicioso detalle.

Por encima de la puerta un muro repleto de bajorrelieves, donde se disponen escenas de la pasión en medallones y sobre ellos, los escudos reales y de Aranda.

Es tal la riqueza de figuras, adornos y detalles que resulta difícil cruzar la estrecha calle, hoy abarrotada para entrar en el templo, de cruz latina con cuatro calles, con elevadas bóvedas de crucería gótica y en la que baila la luz multicolor de las vidrieras. 

Aranda de Duero
A los pies del templo la impresionante escalera de la subida al coro, cuya autoría aun discuten los expertos, pero que al visitante conquista con ese trabajo como de encaje en la barandilla que la hace sencillamente espectacular al combinar formas mudéjares como las estrellas de ocho puntas o el entrecalado de motivos vegetales.

Sin duda merece el templo más tiempo del que podemos dedicarle porque en El lagar de Isilla nos aguarda un lechazo a punto de abandonar el horno y del que estamos dispuestos a dar buena cuenta por mucho que al Castillo de Peñafiel hayamos subido en coche. 

Bodegas histórica  Aranda de Duero
Para dar un respiro a la somnolencia que provoca el buen comer y mejor beber (lo difícil es elegir) visitamos la bodega histórica que se extiende por debajo del local, exactamente a 12 metros bajo el suelo, en una bajada endiablada de 59 escalones, se encuentra parte del entramado de galerías subterráneas que recorre el casco antiguo de Aranda.

Las galerías, cuya historia se remonta al siglo XV, eran excavadas en los duros inviernos, cuando no se podía ir al campo por las nieves y hielos. Se excavaba la roca arcillosa, hasta encontrar una veta de roca de arenisca por donde se iban haciendo las galerías. Se usaban básicamente para conservar el vino, aunque también proporcionaban refugio y almacén, en esta que visitamos, hay constancia de la elaboración de vino de forma artesanal hasta 1900 momento en el que se incorporaron los medios mecánicos de la época como la embotelladora o la prensa mecánica.

En cada galería se hacía un agujero hasta la superficie denominado zarcera, que servía de respiradero y vía de aireación de la bodega, y así conservar la temperatura y humedad constante que caracteriza a estas instalaciones, entre 12 y 14 ºC y una humedad del 85 %. En cada nave o cruce se construyen arcos, de sillería y más adelante de ladrillo, que sirven de refuerzos a los techos de las naves, algunos de los mismos se distinguen en su arquitectura por estar cruzados "al bies”. 

Aranda de Duero Bodega
Casi helados y con el sueño olvidado, retornamos al sol de las calles de Aranda, donde las peñas disfrutan de comidas comunales, y somos incapaces de resistirnos al ofrecimiento de una de ellas de visitar su bodega, de factura muy similar a la del restaurante, pero acondicionada para usos más lúdicos. Aunque la pendiente, la humedad y la escasa iluminación puedan convertirse en una prueba difícil de superar tras unas cuantas rondas ¿no?

El tiempo pasa veloz entre amigos y la despedida siempre es triste, así que besos, abrazos y promesas por cumplir nos empujan al coche para tomar el camino de vuelta a casa.

Cruzamos la Ribera, perdiendo la mirada en sus viñedos acostados a los lados del río y nos vamos alejando hacia los inmensos pinares de la provincia de Soria, no es el camino más rápido, pero sin duda el más apropiado para perder el ritmo más alocado de las vacaciones y convencernos de lo bueno que será retomar la rutina.

10 comentarios :

  1. Estupenda ruta propones.
    Gracias por los detalles.
    Apetece una vuelta por la Ribera ahora que habrá poca gente.
    Y un chin chin.

    Besos.

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    1. Brindemos, qué mejor razón que un buen Ribera.
      Besos

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  2. Me encantan los vinos de la Ribera del Duero.
    Estuve en Peñafiel hace años. El castillo es impresionante.

    Abrazos

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    1. Toda la razón, el castillo y sus vistas son realmente únicos.
      Un saludo

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  3. Esa última bodega al la que fuisteis invitados es la bodega del Bolo, sede de la Peña El Chilindrón.
    Es como volver al recorrer los sitios de entonces pero sin el lechazo asado.
    Besos

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    1. Lástima lo del lechazo con lo riquísimo que estaba, y ¿qué era aquel postre...?
      Una delicia recordarlo.
      Besos

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  4. Pobrecilla Pilar... siempre sufriendo...

    :P

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    1. Ciertamente, sufriendo estas desventuras para daros ideas...

      Un beso poeta

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  5. Cualquier vino tinto de la Ribera del Duero, salido de esas estupendas bodegas que has visitado, es una verdadera delicia si lo acompañamos con un buen lechazo asado en un horno de leña.
    ¡Precioso e inolvidable recorrido por tierras de Castilla!
    Cariños y buena semana.
    kasioles

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    1. Que buen comer tenemos, ¿verdad?
      Un beso

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