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Tras el conejo de pascua

Conejo de pascua
La de buscar los huevos de chocolate por el jardín tras las huellas del simpático e invisible conejo de pascua, es una de las pocas tradiciones que todavía no hemos incorporado. Quizás porque las propias de las mismas fechas son demasiado potentes como para hacerle un hueco o porque todavía no ha llegado su momento.

En todo caso me parece una idea tan atractiva como la cerveza de jengibre (ese mejunje que trasegaban los protagonistas de mis novelas infantiles) e imagino el proceso con toda la parafernalia; niños corriendo por los jardines llenos de flores y sol con sus cestas decoradas a la búsqueda y captura de los dulces huevos, mientras padres y madres tratan de dirigirlos hacia la zona en la que los escondieron. Y después, una fiesta campestre en la que los dulces son el postre. Una imagen idílica que probablemente no sea cierta, pero que me gusta conservar.

Al fin y al cabo, es mucho más agradable que la realidad que nos espera agazapada tras los días de fiesta, en los que me he mantenido conscientemente alejada de los medios de comunicación, empeñada en tomar aire para encarar la primavera con la mejor de mis sonrisas.

Conejito de Pascua
Porque la realidad no es más grata si no la miras, pero tampoco mejora si te dejas llevar por el desaliento de la barbarie humana (ayer mismo en Lahore) o te dejas sumergir en la zozobra de la indefinición política, escenario en el que más parece cada cual pendiente de su personal futuro que de prestar servicio a quienes deberían representar (curiosa la disyuntiva de Sánchez, Presidente o nada). 

Hay que seguir despiertos, dejarse tocar hasta el alma si es preciso, por la realidad, pero tratando de mantener la cabeza fría, a pesar del arrebato con el que pretenden convocarnos a las respuestas sencillas y actuar en la medida de nuestras posibilidades, conscientes de que cada vez más lo que queremos como personas no es lo que defienden nuestros mayores.

Y a la vez, tratar de no perdernos nada de lo hermoso, de lo valioso, de lo digno, estar dispuestos a dedicar tiempo y pasión a aquello que nos eleva sobre la crueldad y el negocio que no distingue el origen de su perpetua ganancia. 

Huevos de Pascua
De algún modo limpios tras la bendición urbi et orbi del Papa Francisco, valiente en sus discursos, quizá timorato o incapaz en sus acciones, encaremos la primavera, con una hora de menos, dispuestos a disfrutar con la misma intensidad con la que sufrimos, al fin y al cabo eso quieren representar los huevos, el nacimiento, la vida, la sorpresa.


(Por cierto hoy rinde homenaje Google a Ángela Ruiz Robles, la maestra e inventora española responsable de la Enciclopedia mecánica, el primer antecedente de los ebooks)

4 comentarios :

  1. Lo de intentar mantener la sonrisa a lo largo de esta primavera, no se, te veo optimista.

    Un abrazo.

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    1. Llena de optimismo, será el efecto secundario del chocolate ;)

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  2. Tomo de tu comentario una parte por el todo. Ay, esa disyuntiva de presidente o nada es hoy aplicable a Pedro, a Pablo, a Mariano y a Albert. Eso es lo malo. Siempre me ha preocupado esa tesitura personal, de ser algo o nada. Porque, si bien lo piensas, ¿qué somos, realmente?
    Debe ser la primavera.
    Besos.

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    1. Será la primavera, sin duda. Todos se juegan mucho, pero creo que Pedro se juega más, su partido más hecho, y más duro está dispuesto a cobrarse la pieza. Los más nuevos se juegan menos en lo interno, por mucho ruido que se traslade. Y Mariano creo que sabe que sólo unas nuevas elecciones pueden salvarle, si en las nuevas cuentas suma con Albert, y aún así. Pero él no es de hacer nada, ¿verdad?
      Un beso

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