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El poder tras la palabra

Cuando Pablo Iglesias personificó en un periodista de El Mundo el uso partidario de los medios de comunicación provocando la reacción unánime de un colectivo que lleva años padeciendo una crisis de dimensiones épicas, amén del descrédito por haber soportado uno a uno y en silencio todos los desplantes de un Partido Popular en modo rodillo, bien retratado en aquella comparecencia vía plasma y sostenido mediante ruedas de prensa sin preguntas, o con respuestas 'a la segunda, ya si eso' en las que la prensa extranjera era la única en obtener algún premio, pensé que la prensa, al menos, la escrita había tocado fondo y remontaba.

Aunque buena parte de ellos no quisieran ahondar en la realidad de una caverna mediática que le hace el juego a los que mandan más allá del tradicional sesgo editorial, periodistas de todos los medios reflexionaron en voz alta o a través de sus tribunas sobre una profesión que se debate entre un pasado glorioso y un futuro digital complicado.

Prensa comprada
Los nuevos medios digitales que apuestan por la financiación directa de sus lectores se posicionan con fuerza como alternativa a los tradicionales (en manos de corporaciones financieras a quienes no les duelen ERES u ofertas de trabajo en régimen de gratuidad) cada vez más dependientes de los ingresos por publicidad de grandes marcas; cómo olvidar aquella mañana del Santander copando los kioscos, o las revelaciones sobre la financiación de El Corte Inglés a algunos periodistas, o de las propias Administraciones Públicas, en curiosa desproporción a su nivel de difusión, mientras todos tratan de encajar el nuevo papel de las redes sociales que ya han superando la fase en la que hacían de altavoz para convertirse en fuente y canal de información.

PRISA contra todos
Pero como Bruja Lola no tengo futuro y en apenas una semana compruebo que la tormenta lejos de amainar, arrecia y que los frentes se multiplican; los recortes en derechos y libertades comienzan a afectar a medios tradicionales, como a los dos periodistas de ABC acusados por el fiscal tras la publicación de información sobre Bárcenas; el anuncio por parte del Grupo PRISA de acciones legales contra los medios que difunden en España los #panamapapers, que va más allá y expulsa de sus medios a periodistas como Ignacio Escolar, director de El Diario.es o impide a su personal que colabore en La Sexta.  

censura en TVY mientras los periodistas de la televisión pública se desesperan por la pérdida de calidad, de independencia y evidentemente, de audiencia de sus informativos, sometidos al escrutinio de un equipo político empeñado en mostrar solo aquella parte de la realidad que piensan favorece los intereses del Partido Popular; la Iglesia Católica reconoce destinar más dinero a su televisión que a Cáritas convencida de obtener así más rédito; apenas ha conseguido volver a los medios Jesús Cintora cuya cabeza se presentó a Rajoy cual Juan Bautista, cuando ya resuenan tambores de guerra; media caverna despedaza a Jordi Évole antes de ver su entrevista con Otegi; los que empezaron siendo espacios de debate, quizás por el efecto del prime time, han mutado en una especie Sálvame de gritos e insultos; definitivamente el periodismo tiene un problema y nosotros también.

4 comentarios :

  1. La baja calidad del periodismo, que arranca de más atrás y que tiene mucho que ver con la irrupción de los empresarios de nuevo cuño, ajenos al significado de la prensa y atentos exclusivamente al los beneficios, esa baja calidad, digo, tiene mucho que ver con la baja calidad de nuestra democracia. La democracia puede subsistir sin gobierno pero no sobrevivirá sin un periodismo responsable.

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    1. Menos mal que queda sangre de periodista valiente y ciudadanos dispuestos a pagar por una independencia que es imprescindible.
      Besos

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  2. El periodismo cayó ya hace mucho tiempo... a mediados de los 90 ya distaba de lo que había sido, y las redes sociales lo acabaron de rematar. Hoy la prensa se cae de las manos.
    Respecto a Cebrián y su nepotismo con Escobar, una pena, otro más que se ha dejado llevar por la concupiscencia, sabiendo quién fue en su día, aquel tipo brillante fundador de El País... Recuerdo con qué ansia leíamos sus editoriales a finales de los 70 y los 80.
    El tiempo - y el dinero - lo estropean todo.
    La calidad hace mucho tiempo- y no sólo en este ámbito- sino en general, la hemos ido perdiendo en aras de la inmediatez y la insensatez ya sea consumista, derrotista, y demás -istas, y muchos de los responsables somos nosotros... y nadie más. ¿Cómo parar esto ahora? Tú me dirás... ya no hay vuelta atrás. Ahora bien, nacionalizar la prensa y los medios de comunicación (que ya viene siendo lo que está ocurriendo casi casi hoy día) no lo quiero ni pensar.

    Besos, Pilar.

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    1. Creo que no hay futuro para algunos que olvidaron quienes eran, pero el periodismo como todo no depende de uno o dos nombres, sino de un colectivo que quiere seguir luchando y es capaz de convencernos con su trabajo honrado y valiente.
      Un beso preciosa

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