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Unas puntadas de norte, una ola con apellido y un árbol que te mira

Con apenas un par de días decidimos saciar las ganas de mar y nos dirigimos al norte (quizás el hambre no era solo de mar) para combinar tres diferentes elementos; la moda, el mar y el arte vivo. 

Ratón de GuetariaGetaria, en la costa central de Guipúzcoa, es un pueblo costero de no mucho más de 2.000 habitantes que se extiende sobre un curioso accidente geográfico, un tómbolo, el resultado de la paciente acumulación de residuos que terminan uniendo una isla con tierra firme. La antigua isla es el Monte de San Antón, el conocido Ratón de Getaria cuya imagen es fácil que te sea familiar ya que es una de las fotografías más típicas de promoción turística de esta zona, famosa por su exquisito pescado a la parrilla y el peculiar txacolí que se elabora en los viñedos de un entorno de peculiares características debido la influencia del monte Gárate que a pesar de sus escasos 278 metros determina un microclima favorable al cultivo de la vid. 

Pero Getaria es mucho más que su gastronomía, a lo largo de la historia su ubicación la ha hecho sufrir asedios y destrucciones, como en la Guerra de los Treinta Años donde fue arrasada por la artillería de los galeones franceses, en la de la Independencia con otro mal recuerdo de los franceses que dejaron el pueblo devastado o apenas treinta años después, las Guerras Carllistas que tan solo dejaron en pie una quincena de casas. 

Museo Balenciaga
Dejamos a mano derecha el primero de los monumentos a Elcano, uno de sus hijos más famosos, y nos encaramamos hacia el Museo Balenciaga,  situado en una colina que corona Guetaria y ubicado en un edificio anexo al Palacio Aldamar, antigua residencia de los marqueses de Casa Torre, mentores de Balenciaga en sus primeros años de carrera. 

El moderno edificio no compite con la hermosa fachada del palacio y ofrece en su interior un agradable salto en el tiempo, los espacios crean una atmósfera envolvente de luz tamizada, un lienzo en gris sobre el que destacan tanto las obras expuestas como los espacios de usos múltiples. 

Balenciaga
La visita se inicia con un completo y ameno documental sobre el modisto que nacido en tan diminuto pueblo alcanzó el éxito en el París de los más grandes, tras él nos dirigimos a las salas de exposiciones revestidas de una curiosa chapa metálica recortada en estampado floral que suaviza la necesidad de oscuridad imprescindible para la conservación de la colección, que consta de unas 1.600 piezas expuestas parcialmente en diversas versiones temporales configuradas entorno a diferentes aspectos. 

Los diseños aparentemente simples, los escultóricos volúmenes y el mimo con el que parece arropar con cada prenda a la vez que exige un artificioso aplomo, dejan un poso de nostalgia de un mundo apenas atisbado, que ayuda a comprender lo adecuado de que estas prendas y complementos se encuentren en un museo, son muestras, hermosas pistas de un mundo que ya no existe, tanto porque las mujeres ya no llevan ese tipo de vida como porque el dinero imprescindible para acceder a la exclusiva alta costura ya no se mueve por los mismos circuitos de elegancia tradicional y buena cuna que la vio nacer y se ha convertido en el atrayente faro de un comercio más impersonal y masivo, mucho más interesado en la venta masiva de una barra de labios que en la perfecta factura de una costura invisible. 

Getaria San Salvador
Dejamos el palacio atrás y con cierta precaución bajamos hasta el pueblo, Guetaria es todo en cuesta hasta que se topa con el mar. Recorremos el monumento a Elcano, situado a la entrada, un mausoleo con aspecto de pirámide truncada dominado por un mascarón de proa y rodeado de frisos e inscripciones dónde constan los nombres de todos los hombres que completaron viaje con el héroe. 

Pero no es la única vez que nos toparemos con el valiente marino, que cuenta con dos estatuas conmemorativas; una de bronce en la plaza homónima, obra de Antonio Palao y la otra en la plaza de los Gudarias de Ricardo Bellver en mármol, curiosamente ambas fueron proyectadas para otros lugares antes de recalar en su pueblo natal; la primera se instaló primero en San Sebastián, y la segunda residió casi cuarenta años en Madrid. 

Enrejado getaria
El casco antiguo de Guetaria ya no conserva torreones y murallas, pero sigue teniendo un sabor muy peculiar con sus casas-torre de piedra, sus edificios góticos y las pintorescas y estrechas casas de pescadores que llaman la atención con sus vivos colores y balcones de madera. 

Buscando el puerto atravesaremos el pasadizo que pasa bajo la Iglesia de San Salvador, vestigio de las antiguas defensas y que acoge la Capilla de la Piedad, pero a pesar de los esfuerzos por valorar como merecen los monumentos artísticos, el paseante, cuando consigue levantar la mirada del peligroso suelo, pierde la vista empujado por el olfato ante las parrillas que a pie de calle muestran enrejados los más suculentos manjares. 

Resistimos la tentación de comer en la calle Mayor y bajando hasta el puerto, uno de los más bonitos de Gipuzkoa, nos dirigimos al Asador Astillero, a entregarnos sin reservas al pescado a la brasa y el txacolí. 

Hotel Gametxo
Sin abandonar la carretera de la costa y disfrutando del hermoso contraste entre el verde de los campos y el azul profundo del Cantábrico nos dirigimos a Ibarrangelu, en plena Reserva de la Biosfera de Urdaibai y tras triscar como las cabras llegamos al Hotel Gamexto, un curioso establecimiento de nueva planta que ofrece habitaciones y apartamentos en una loma frente a la cinematográfica isla de Ízaro que últimamente ha incorporado el lujo de un pequeño pero completo spa donde incluso se puede disfrutar de un reconfortante masaje. Si bien todas las habitaciones cuentan con hermosas vistas, las de la fachada norte se abren frente al mar, un placer más que recomendable. 

La mañana siguiente peleamos con la tentación de acomodarnos frente al paisaje y dejar pasar las horas y nos aventuramos hasta Mundaka, el pueblo marinero que nos hacía guiños en la noche y que a pesar de estar realmente cerca no es tan fácilmente accesible. 

MundakaSituado en la ría del mismo nombre es imprescindible remontar hasta Gernika-Lumo para poder alcanzarla, así que bordeamos el impresionante arenal de Laida y cruzamos al otro lado, Mundaka es un pequeño pueblo con una curiosa proyección derivada de su famosa ola, una ola izquierda que atrae cada año a numerosos surfistas de todo el mundo, nace en la barra de Mundaka y termina en la playa de Laida, se forma con vientos del sur-suroeste y puede llegar a alcanzar los 3-4 metros de altura y 400 metros de recorrido. Cuentan, y las muchas fotografías en los bares surferos del puerto así lo muestran, que su forma de tubo permite a los surfistas contemplar desde su interior toda la costa. 

En el rato que estuvimos disfrutando de las vistas, el acontecimiento no se produjo para desilusión el nutrido grupo de surfistas en neopreno que forman curiosas filas en el agua, como si enormes pájaros negros se tratase. 

En el centro de Mundaka se sitúa la Iglesia de Santa María, junto al mar y rodeada por un parque con columpios, un frontón y un bar-kiosco por lo que la animación de esta zona compite con la del puerto, rodeado de coloridas casas de estilo vasco, donde encontrarás los suficientes bares y restaurantes como para hacer una pequeña ronda de pitxos si no quieres ir directamente a por el chuletón. 

Tras un agradable paseo por las callejuelas se llega a la pequeña península de Santa Catalina, desde donde se controla la entrada y salida del estuario motivo por el cual la pequeña ermita, tantas veces reconstruida, no sólo ha servido como hospital donde aislar a la población en época de epidemias o como sede de la hermandad de pesacadores, sino que incluso llegó a  albergar el almacén de munición de la ya desaparecida fortaleza cuyos restos se adivinan. 

Oma
De vuelta a casa nos sorprende la silueta del Castillo de Arteaga y nos tienta la belleza colorida del Bosque de Oma, una de las obras más conocidas del artista vasco Agustín Ibarrola, expresión del llamado land art, corriente creativa que traslada el trabajo artístico a la naturaleza, utilizando el paisaje como marco, soporte y materia prima. 

La visita guiada de unos 2,5 kilómetros te adentra en el bosque donde las figuras se van componiendo a nuestro paso, haciéndote sentir parte imprescindible de la composición y casi como un niño perdido en un cuento.

15 comentarios :

  1. Conozco Mundaka,estuve viendo las olas...muy chulas.
    Fui a finales de octubre hace cuatro años.
    Esa zona es preciosa,tal como lo cuentas.
    Me queda pendiente Guetaria.

    Besos Pilar.

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  2. Que viaje tan hermoso, lo describes de una forma que tal parece voy a tu lado. Tengo pendiente el norte desde Santander a Gerona espero que no se quede en una ilusión.
    Disfruta amiga!

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    1. Me alegro mucho, gracias. Un gran viaje el que plantes seguro que te encanta.
      Un beso

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  3. Hace unos años, cuando el país vasco se había tranquilizado y las agencias de viajes comenzaron a hacer viajes programados, hicimos uno de esos viajes por todo el país vasco, fue uno de los viajes que se quedan en la memoria, hermosos pueblos, magníficos paisajes, buena gente y mejor gastronomía con unos menús imposibles de satisfacer a precios asequibles, llegamos en fecha de fiestas patronales y aquello era un gozo como se movía la gente. Volveré.

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    1. Es un paisaje precioso, sin duda y curiosamente, a su modo, son cálidos con el visitante.
      Un saludo

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  4. Yo que voy a decir, cuando me da la depre me voy a Mundaka a mirar el mar, o la Laida en Ibarrangelu, te lo recomiendo encarecidamente.

    Sobre el Bosque de Oma, llámame inculta o antigua pero a mi me parece una aberración a la naturaleza. Me gustan mucho más las cuevas de Santimamiñe que están en la misma visita y son patrimonio de la unesco.

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    1. No tienes tú mal gusto, no.
      Me queda un poco lejos para pasar una mañana de "bajón", pero sin duda no son malos sitios para dejar las penas volar.

      No he visitado las cuevas, quedan para otra ocasión y lo de Oma me pareció entre divertido y mágico, no creo que a la naturaleza le moleste, acostumbrada todas nuestras barbaridades, es una manifestación artistica peculiar, eso sí.

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  5. Me lo apunto como me apuntaría todo lo que tira al Norte, nunca lo visito lo suficiente. El sur lo conozco mucho y me gusta, claro. Pero el Norte tiene el clima que me sienta mejor. Una tentación de entrada.

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    1. Pues ya sabes, busca un par o tres de días...

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  6. Mira que es bonito el País Vasco...

    Besos.

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  7. Me ha encantado pasear de tu mano por esos parajes tan chulos del norte

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  8. Mira por donde, ésta tarde al pasar a "visitarte", me vuelvo a ir a recorrer de nuevo esas bonitas tierras y parajes... ¡¡ Que suerte tengo!!.
    Fué un precioso viaje. Imposible de olvidar.
    Y lo cuentas tan bien..., que ha sido un verdadero placer volver a recorrerlo.
    Una vez más, muchas gracias y muchos besitos.

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