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Al pie del Camino francés

Puente "romano" de Baigorri
Abandonamos Lantz para cruzar a Francia por el Baigorri o Valle Rojo, a través de una revirada carretera de montaña que permite disfrutar del ascenso del Valle del Baztán a los Pirineos, nos detenernos en Saint-Étienne-de-Baïgorry cuya disposición a lo largo de la calzada resulta familiar, así a su vera contemplamos en la Plaza Consistorial; el frontón, el caserío de Iriberria con su inconfundible aire vasco y el Ayuntamiento, y siguiendo la animada calle de restaurantes y hospederías llegamos al palacio de Extauz, a la iglesia de capiteles románicos y ábside gótico dónde nos esperan las mismas pasarelas de madera que vimos en San Juan de Luz, y al puente llamado "romano", que se recorta sobre el rojo de los montes. (menos mal que en cuestión de firme hemos avanzado mucho) 


San Juan Pie de Puerto CiudadelaA lo lejos la silueta de Saint Jean Pied-de-Port, capital histórica de lo que a partir de 1512, tras su separación del resto de Navarra, comenzó a denominarse Baja Navarra o Tierra de Ultrapuertos. La última etapa en suelo francés del camino más famoso, San Juan a Pie de Puerto es una diminuta ciudad amurallada con múltiples puertas de entrada, siendo la más famosa la de San Jacques declarada, junto con las rutas del camino de Santiago en Francia, patrimonio de la humanidad por la UNESCO en 1998 y que era, y sigue siendo, la entrada de los peregrinos en ruta hacia Compostela, que viniendo del barrio de la Madalena de Saint Jean le Vieux, atravesaban St Jean Pied de Port en dirección a Roncesvalles. En la Edad Media, instalados cerca de esas puertas se encontraban los porteros, para garantizar la seguridad y cobrar los portazgos (peajes).

San Juan Pie de Puerto
Dentro de la muralla, la ciudad se muestra pequeña pero encantadora, cuidada y llena de evocadores rincones. Si ascendemos por la Rue de la Citadell, en la colina de Mendiguren, sobre el antiguo castillo de los reyes de Navarra, nos toparemos con la ciudadela, protegida por murallas domina la ciudad desde una altura de más de 70 metros, edificada en el siglo XVII, fue reorganizada por Vauban después de un periodo de guerras de religión y conflictos franco-españoles, sirviendo de base para las expediciones que a lo largo del siglo XVIII se organizaron contra España. Aunque mantuvo su naturaleza militar hasta 1920, acoge hoy el colegio público de la ciudad y no puede ser visitada. De todos modos merece la pena el ascenso para disfrutar desde su mirador de las vistas de la ciudad y la naturaleza a su alrededor, los ricos valles a ambos lados y la pétrea barrera de los Pirineos alzándose al fondo. 

Al callejear cuesta abajo, llaman la atención las fachadas y dinteles de gres rosa cincelados de muchas de sus casas, cuyas inscripciones, como la de una panadería que conserva el precio del trigo en 1789, fueron utilizadas durante el renacimiento vasco a principios del siglo XX como punto de partida para la creación de la tipografía vasca. Entre albergues y comercios destaca el enigmático edificio conocido como la Prisión de los Obispos que debe su nombre al error de un erudito local al relacionar el importante número de obispos que acogió la ciudad durante el Gran Cisma de Occidente con la función de cárcel que desempeñó el edificio en el siglo XVIII, y que hoy acoge un museo sobre el Camino. 

San Juan Pie de Puerto Puente
Otro de los rincones más evocadores lo conforman el puente medieval sobre el río Nive y la iglesia de Nuestra Señora del Final del Puente, Notre Dame du Bout du Pont, que conserva restos del XIII y desembocan en la rue d’Espagne, barrio de comerciantes y artesanos que apenas ha variado su fisonomía a lo largo de los siglos. Fuera del recinto amurallado y antes de emprender camino, una interesante propuesta gastronómica, el restaurante del Hotel Les Pyrenees, una estrella Michelín de interesante factura.

Ante los ojos del viajero, que no peregrino, se extiende una exigente ascensión hasta Orreaga/Roncesvalles, rampas muy duras van dejando atrás verdes prados y espectaculares puntos de observación como la mesa de orientación que junto a una pequeña fuente ofrece un descanso al caminante al poco de cruzar Huntto, desde donde se obtiene una hermosa vista panorámica de Saint Jean Pied de Port y la suave orografía de la Aquitania francesa. 

Camino a RoncesvallesAtisbamos desde la carretera las figuras coloridas de los peregrinos que afrontan duras pendientes en compañía de algunos rebaños de ovejas de pelo largo y robustos caballos, mientras dejan atrás Arbeguy y se acercan al collado de Bentarte donde la Fuente de Roland recuerda al héroe caído y tiñe de leyenda el hayedo cada vez más tupido que anuncia la entrada en Navarra. El alto de Ibañeta, mirador que se abre en la distancia a Burguete y el valle del Ebro rinde con la capilla de San Salvador mudo homenaje al antiguo monasterio cuya campana orientaba a los peregrinos, a quien aún se les exige un último esfuerzo hasta distinguir la silueta gótica de la Colegiata de Santa María y la acogedora mole del albergue de peregrinos.  

Roncesvalles Capilla
Orreaga/Roncesvalles es uno de esos lugares mágicos en los que la naturaleza se alía con la historia para reclamar en silencio la atención que merece, su conjunto monumental (la colegiata, el hospital de peregrinos, la tumba de Sancho VII el Fuerte, la Casa Prioral, el Museo-Biblioteca o el Silo de Carlo Magno) compite con la belleza de su entorno natural enclavado en un bosque denso de hayas, robles y abetos y el eco mudo de la historia. 

Una historia que canta a héroes de leyenda como Roland de quien nos hablan la roca quebrada, el ajedrez de Carlo Magno o el osario de los franceses; o al nacimiento de reinos como las cadenas o la esmeralda de Miramamolín aún hoy en el escudo de Navarra; y por encima de todos, a los anónimos héroes que emprendían viaje hacia el final de la tierra y a quienes que optaron por acogerlos en la cima helada de una brecha que se abre. 


Colegiata Roncesvalles
Mirando los rostros cansados de los peregrinos, sudorosos a pesar del frío, ilusionados por la victoria alcanzada, y conscientes del mucho camino que les queda, no resulta difícil imaginar cómo eran aquellos que en la noche del medievo cruzaron el mismo bosque quizás con el mismo anhelo. 

No se me ocurre mejor modo de dejar de divagar que recomendaros el queso Idiazabal, elaborado con leche de oveja, que puede adquirirse en la tienda de la Colegiata, delicioso.

Otras de las decisiones complicadas es recomendar un buen libro para "visitar" este mágico espacio, más allá de El cantar de Ronald o tanto como hay escrito sobre el Camino de Santiago, así que apostaré como al inicio de este viaje por Navarra, por otra escritora de la tierra, Susana Rodríguez Lezaun y su Sin retorno, cuya reseña podéis encontrar en Libros Viajeros.

11 comentarios :

  1. Ah,qué delicia volver a recorrer contigo este tramo.
    Creo muy recomendable transitar de vez en cuando por el Camino de Santiago. Y, ya puestos, leer el Codex Calixtinus, la primera guía de viajes que conozco. Una delicia comprobar cómo nos veían los turistas del medievo.

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    1. Me voy a buscar un ejemplar, que no lo tengo.
      Besos

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  2. Buenos días Pilar, hoy te doy la bienvenida en mi blog, una costumbre para con los nuevos seguidores, sdí nos vamos conociendo todos un poco más. Me ha encantado todo lo que nos has contado, es una delicia repasar lo sabido y conocer lo ignorado. Abrazos

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  3. Y me he dado cuenta de que yo no lo soy de tu blog, y yo pensaba que publicabas muy de tarde en tarde y es que tus entradas no se me actualizan. Ya lo he solucionado.

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  4. Un recorrido muy agradable el que he realizado a través de tus letras.

    Un abrazo.

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    1. Gracias Rafael, los jueves, "escapada"

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  5. Vaya paseo! Es mejor leer tus descripciones y sensaciones, que las que pueda ofrecer Wikipedia sobre estos mismos destinos. Texturas y gustos. ¿Trabajas en una agencia de viajes, cierto?

    Más saludos, Pilar!

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    1. No, no trabajo en una agencia de viajes, aunque algo como lo que tiene la protagonista del libro que os recomiendo, "viajes especiales" ya me gustaría, ya.
      Un saludo

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  6. He estado aquí disfrutando contigo de este viaje,
    recordando los lugares por los que anduve hace seis años
    con una amiga navarra que es una excelente anfitriona.
    También pasamos al lado francés. El pasaje y esos pueblos
    son taaaan lindos!!!

    Besos

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