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Camino del mar, Tortosa


Puente de Tortosa

Aun cuando la ciudad ha crecido a ambas orillas, al corazón de Tortosa se accede mediante un puente sobre el Ebro. La ciudad, declarada Conjunto Histórico-Artístico está presidida por la impresionante mole del castillo de la Suda, donde está ubicado el Parador de Turismo y tenemos la suerte de alojarnos, así que sin fijarnos mucho en la estrechez de las calles o la tremenda pendiente nos lanzamos a su conquista.


Parador Tortosa exterior
Declarado Bien cultural de Interés Nacional, recibe el nombre del pozo sarraceno (o suda) que desciende más de 45 metros hasta alcanzar el nivel del Ebro, construido en el siglo X, durante el reinado de Abderramán III sobre la antigua acrópolis romana, de su origen conserva además de la base y el trazado de las murallas, la única necrópolis a cielo abierto que hay en Cataluña.

Tras la reconquista se convirtió en prisión y desde el reinado de Jaime I en residencia real, si bien nunca perdió su naturaleza defensiva, adaptándose a las nuevas tácticas bélicas como nos recuerdan los cañones que defienden las troneras de su muralla.

Parador de Tortosa ventana gótica
La restauración para convertirlo en hotel ha sido muy respetuosa tanto con su aspecto exterior como con la distribución, pudiendo disfrutar de la sensación fantasiosa de dormir en un castillo, si bien no es preciso reservar habitación para disfrutar de las impresionantes vistas o las zonas más significativas como el salón que conserva algunas ventanas góticas, el arco de acceso o la torre vigía.

Catedral de Tortosa
Incapaces de resistirnos a las vistas recorremos el perímetro disfrutando de la rara oportunidad de divisar el techo de una catedral desde lo alto, las ruinas del convento de Santa Clara, el amplio trazado del río, la silueta elegante del puente del ferrocarril y la amenazadora sombra de los puertos de Beceite que contrastan en azul oscuro con la verde vega del Ebro.

Puente del ferrocarril Tortosa
La ciudad nos parece a vista de águila algo abigarrada y confusa, con un trazado propio del medievo, que tan sólo consigue abrirse al costado del Parador en los amplios Jardines del Príncipe diseñados entorno a las Avanzadas de San Juan o el Paseo de Ronda que forman parte de las fortificaciones y más allá del enorme Mercado Central junto a lo que descubriremos mañana es la nueva Vía Verde. 

Nocturno Tortosa

La noche se nos echa encima y los pequeños pueblos de la vega se iluminan y las luces de la ciudad se bañan en el Ebro.

Barrio judío Tortosa
Tras dormir como príncipes y desayunar como reyes, la amplia oferta patrimonial y por qué no decirlo la confusa información de la web turística nos empuja a empezar por el principio: la Oficina de Turismo. 

Abandonamos las alturas y descendemos por el estrecho y empinado camino cruzando los restos de lo que fue el antiguo barrio judío, hoy llamado barrio de Remolins, estrechas callejas que giran sobre sí mismas, esquinas curiosamente salvadas para el paso de carros y esa suerte de elegancia simple de quien ha aprendido a no alardear de nada, hasta el antiguo Matadero municipal, un precioso edificio modernista construido a principios del siglo XX sobre terrenos ganados al río y que combina la fábrica de ladrillo visto con la cerámica y la teja vidriada propias de la arquitectura mudéjar.

Antiguo Matadero Tortosa
En su interior además de la Oficina de Turismo se ubica el Museo de Tortosa, que no visitamos en esta ocasión a pesar de la recomendación de la guía que nos atiende muy amablemente en un perfecto castellano(*) porque nos preocupa no tener tiempo para todo.

Armados de plano (a elegir en catalán, inglés o francés) nos dirigimos hacia la catedral caminando por la ribera del río, donde resulta imposible no fijarse en el espantoso monumento que se eleva sobre un pilar, su factura franquista es indiscutible por mucho que su leyenda rece: A los combatientes que hallaron gloria en la batalla del Ebro, pero esta es una historia para otra ocasión.

Tortosa casco antiguo
Nos adentramos en el casco antiguo de la ciudad entre edificios civiles y religiosos, medievales y renacentistas de bella factura hasta llegar al acceso para la visita a la Catedral que se encuentra en uno de sus costados, no sin antes acercarnos a contemplar su fachada a mitad de camino entre el barroco un clasicismo de ocasión, a quien la ausencia de torres hace parecer tosca, sobre todo si la comparamos con la vista que de sus arbotantes disfrutamos ayer desde la altura del castillo.

Subterráneos Catedral de TortosaEl acceso al templo se realiza desde la Exposición Permanente de Santa María de Tortosa que permite ir más allá del templo al iniciarse en unos sótanos de factura bastarda romanos, visigóticos y árabes a quienes en cada momento histórico se les ha ido dando un diferente uso, así nos encontramos con lapidario romano y visigodo, cimientos medievales de la Catedral, pozos de agua y galerías utilizadas como escudo y protección durante las guerras carlistas y civil.

Refrectorio Tortosa
A través de cuidados pasillos y escaleras accedemos a la antigua sala capitular, el refrectorio y otras antiguas dependencias como el dormitorio de la Canónica agustiniana fundada en el siglo XI donde se exponen retablos, pinturas, esculturas, códices y mobiliario de hermosa factura, destacando entre el coro, la custodia y algunos tapices, la labor de restauración es soberbia confiriendo al espacio un encanto difícilmente previsible al inicio de la visita.

Claustro Catedral de Tortosa
Finalmente desembocamos en el claustro del siglo XIII, amplio y soleado desde el que disfrutamos de la musical simetría de sus arcos ojivales sobre columnas con capiteles sin decoración salvo en la puerta de acceso al jardín, su tamaño nos habla de las reuniones del Consejo de la ciudad en sus galerías, del gusto por la exhumación entre sus muros, o del recuerdo a los judíos en una curiosa lápida en tres idiomas; latín, hebreo y griego testigo de épocas de pacífica convivencia.

Catedral Tortosa deambulatorio
Tras una enorme puerta nos introducimos en la planta de la catedral de tres naves sin crucero pero con una curiosa girola doble que le otorga una gran amplitud y altura y en la que se aprecian las bóvedas de crucería que le confieren la sorprendente unidad estilística a un templo que ha sufrido tantas remodelaciones.

Las capillas laterales, situadas entre los contrafuertes ofrecen el contrapunto, cada una de un estilo diferente combinan sobriedad, exceso y minimalismo (¿) de un modo tan acusado que parece que el visitante entre en templos diferentes. 

Madre de Dios de la CintaLa joya es sin duda la capilla dedicada a la Madre de Dios de la Cinta, patrona de la ciudad, erigida en un barroco esplendoroso, teatral y excesivo que sin embargo recuerda al camarín de la Virgen del Pilar de Zaragoza.

A la salida de la visita, nos fijamos en la singular arquitectura, con el horno bajo un arco del restaurante Forn de la Canonja y llevados por la estética reservamos para comer algo más tarde.

Capilla de la Cinta Catedral de Tortosa
Sorprendidos por la Catedral y su complejo museístico nos dirigimos a los Reales Colegios de Tortosa fundados por Carlos V y que conforman uno de los mejores conjuntos renacentistas de la arquitectura civil catalana, su origen se encuentra en el Colegio de teólogos dominicos de la ciudad que alcanzó mucha fama en el siglo XVI y del que surgió la idea de formar cristianos nuevos (aquellos descendientes de los moriscos que para no ser expulsados se convirtieron al cristianismo y que tan útiles eran a la economía del reino gracias a su conocimiento de las técnicas de cultivo y de uso racional del agua)

Portada Colegio de abajo Tortosa
El conjunto arquitectónico está formado por el Colegio de San Jaime y San Matías, el Colegio de Santo Domingo y de San Jorge y la iglesia de Santo Domingo, en ésta última, hoy desacralizada se ubica el Centro de Interpretación del Renacimiento, el alegre y singular invento de la ciudad para relanzar sus potencialidades turísticas y que se concreta en una Fiesta en la que vecinos y visitantes ataviados al estilo de la época disfrutan de espectáculos, comercios y pasacalle propios del momento histórico y que se celebra en el mes de Julio con creciente éxito de público.

Armario Archivo municipal Tortosa
Además de información histórica sobre la ciudad y su Fiesta, merece una visita para contemplar el precioso armario del antiguo archivo de Tortosa, que preside la nave central.

A su derecha y cerrando la plaza se encuentra el Colegio de San Jorge y Santo Domingo, el colegio de abajo, dedicado en sus orígenes en el estudio de la teología conserva pocos elementos originales más allá de la inscripción Domus Sapientiae (Casa de la Sabiduría), el escudo de Felipe II o la heráldica dominica y actualmente es la sede de la Escuela Oficial de Idiomas.

Colegio de arriba Tortosa
Por su parte al Colegio de arriba, el de San Jaime y San Matías, levantado para la instrucción de los hijos de los conversos se accede tras unas escaleras que se abren a una pequeña plaza que comunica con la portada de acceso desde se nos recuerda la mayor gloria del emperador, Carlos I, junto a las figuras de los patrones del colegio, dentro de hornacinas coronadas por la figura del Ángel Custodio, patrón de la ciudad. Pero no es su fachada siendo hermosa lo que te llevarás en el recuerdo sino su patio, de estilo italiano y rica iconografía.

Patio Colegio de Arriba Tortosa
En la segunda galería las parejas reales de la Corona de Aragón, en el resto de alféizares y enjutas, bustos de judíos y moriscos, medallones de profetas, los símbolos de los evangelistas y en los cuatro ángulos sorprendentes personificaciones de los vientos. 

Hoy acoge entre sus muros el Archivo Histórico de las Tierras del Ebro pero no hace falta mucha imaginación para verlo pleno de actividad con los estudiantes saltando los peldaños de su preciosa escalera.

Tortosa centro ciudad
Volvemos al centro de la ciudad disfrutando de los palacios renacentistas, de los edificios modernistas, del alegre deambular de sus calles peatonales destinadas al comercio y protegidas del viento que azota Tortosa como si del mismo Cierzo se tratase, nos colamos en el palacio de los Despuig, sede del Conservatorio y volvemos sobre nuestros pasos hasta el restaurante. El Forn de la Canonja, el empeño personal de un loco que con sus propias manos ha recuperado un espacio delicioso a diferentes alturas y que alberga el restaurante, una heladería y una cervecería artesana que ofrecen servicios a diferentes horarios y clientelas, un espacio que va más allá de la estética para ofrecer una más que apreciable cocina.

Lonja medieval Tortosa
Tras la pausa de la comida, nos dirigimos al Mercado modernista, impresionante edificio de estructura metálica y más allá del él, a los jardines que albergan el precioso edificio de la Lonja del siglo XV, antiguo mercado que disfrutaba del privilegio de fijar los precios del trigo para toda la cuenta occidental del Mediterráneo y que hoy muestra con orgullo gigantes, cabezudos y dragones protagonistas milenarios de sus fiestas.

Puente del ferrocarril Tortosa

A poca distancia, el antiguo puente del ferrocarril, hoy peatonal, ofrece una privilegiada vista sobre el Ebro que baja fuerte, rápido y profundo hacia el Delta,  sonriendo ante las enormes pintadas que lo defienden de quienes ni lo valoran ni lo entienden.

Convento de las Clarisas
Paseamos por la ribera y en un alarde de fortaleza física nos acercamos (todo para arriba, todo para arriba) hasta el Convento de Santa Clara cuyas ruinas nos cautivaron desde la atalaya del Parador y que nos regalará la visita peculiar del día, porque es difícil calificar de otro modo la conversación con la monja de clausura (¿) que nos autoriza a visitar medio claustro, permaneciendo el otro medio protegido por una valla metálica que permite la vista sin límite alguno, y no nos vende los dulces que la guía recomienda.

Castillo de la Suda Tortosa vista
Desde allí disfrutamos de la vista de las murallas de la Suda y comprendemos el difícil momento que vive el municipio, que convive con solares abandonados, edificios en ruinas y una rehabilitación sin duda detenida por la premura económica que todos soportamos.

Compartimos paseo con un alto porcentaje de población inmigrante como si los hijos de los moriscos volvieran a casa y nos llevamos la sensación de una ciudad que busca definirse.

Pasadizo Camino Santiago TortosaUn territorio de vaivén alineado con los carlistas primero y con los republicanos después, dos buenas formas de perder una guerra, dependiente del agua que da vida a sus tierras, atrapado entre montañas y más cercano emocionalmente al Bajo Aragón o a Castellón que a la lejana Barcelona a quien se percibe altanera y orgullosa.

Una ciudad con un rico patrimonio, que incluso recoge un tramo del Camino de Santiago, pero con dificultades institucionales para favorecer la visita a los castellano parlantes, algo que contrasta con la amabilidad de sus gentes orgullosas de su historia y abiertos al visitante sin necesidad de vestirse de época, aunque seguro que es un momento mágico para visitarla.

7 comentarios :

  1. Has hecho un recorrido completo, sin dejarte nada y nos lo cuentas con detalle, datos y fechas. hace mil años que no voy a Tortosa, hace un par de años estuve en Amposta pero no llegue hasta Tortosa. Un abrazo

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  2. He disfrutado leyéndote porque hace unos años estuve haciendo ese mismo recorrido, incluso me alojé en el Parador, ¡qué gustazo!incluso tengo fotos que si no son iguales, les falta poco. Gracias por compartirlo.
    Un abrazo.

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  3. Yo también debería haber estado (por cercanía) en Tortosa pero siempre me he quedado cerca. Y para esto no tengo excusa. Qué buena idea.

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  4. Conozco bien la ciudad, aunque hace años que no paso por allí.
    Has hecho un retrato certero del enorme patrimonio cultural del sitio, envuelto estos dias en la polémica del monumento.

    Sobre el asunto de los idiomas en la información turística, tienes toda la razón, y a algúnos de los que vivimos aqui nos parece un tema grave y que habría que solventar mas allá de ideologías y manías.

    Espero que hayas catado los "pastissets", es una autentica "delicatessen".

    Sin alejarnos de la zona, te recomendaría una escapada al Delta del Ebro, en esta época es un lugar maravilloso, lleno de vida salvaje, y de aves migratorias, con unas inmensas playas casi vírgenes, y una gastronomía del lugar como para ganar dos tallas, je.

    Un besazo.


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  5. Mira que hemos pasado veces por Tórtola y siempre de largo.
    Después de tu magistral presentación prometo parar tan pronto como pueda.
    Besos

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