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El esplendor en la hierba

Recuerdo el poema de William Wordsworth sobre el que Kazan construyera su famosa película, al pensar en la actual realidad de quien fue, sin duda alguna, uno de los más grandes políticos de la democracia.

“…aunque nada pueda hacer volver la hora
del esplendor en la hierba, de la gloria en las flores,
no debemos afligirnos, pues encontraremos
fuerza en el recuerdo,
en aquella primera simpatía
que habiendo sido una vez, habrá de ser por siempre,…”


Entiendo el sufrimiento de tantos, sorprendidos, perdidos, avergonzados u profundamente indignados por la actitud pública y el comportamiento privado de quien fue Presidente del Gobierno durante 14 años consecutivos, los años en los que salimos definitivamente de la sombra sepia de la dictadura y nos adentramos en el mundo de las naciones libres, los años de la entrada en Europa, de las relaciones privilegiadas con Latinoamérica, de la construcción de las bases del sistema; sanidad, educación, pensiones…, los años duros de la reconversión industrial y los del despegue económico, los años en los que no parecía haber fronteras, los de la Expo de Servilla o los Juegos de Barcelona, del discurso valiente, del orgullo renacido.

Cierto que su salida estuvo manchada por las sombras más negras; la corrupción, la guerra sucia contra ETA, la financiación ilegal o la crisis económica. Pero el tiempo y la actitud de su sucesor ayudaron a borrar lo malo y recuperar la figura del estadista, del líder carismático capaz de superar incluso su papel de jarrón chino, hermoso pero incómodo y anticuado.

Mas la vida sigue, y no es misericordiosa, la entrada en Gas Natural, su empresa de asesoría, la defensa de algunos magnates latinoamericanos de oscuras tendencias, su posicionamiento cada vez más cercano a los poderosos y las cada vez menos comprensibles declaraciones han ido destrozando el recuerdo reconstruido, rompiendo el vínculo con un pueblo que le apoyó masivamente en tantas ocasiones, hasta llegar a hoy; su partido tratando de minimizar las actividades de un asesor, comisionista o intermediario ante un criminal del calado de Zandi, como propias de su esfera privada. Y no sería mala defensa si no fuese porque se le saca de la vitrina para seguir usando su magia de líder socialista.

¿Quién te ha visto y quien te ve? diría mi abuela menos dada a la poesía, pero no menos certera. En política, la fuerza del recuerdo no soporta nuevos capítulos.

2 comentarios :

  1. Fue, sin duda, pero posiblemente también tu abuela hiciese extensible el comentario al propio partido socialista. De hoy y ayer… No ciertamente de anteayer.

    No debe de ser cómodo ser consciente de estar haciendo un papel, político, que choca frontalmente con la esencia socialista de la mayoría de los militantes, de base. Y no digamos de los votantes habidos… que no estarán.

    Un abrazo, Pilar.

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  2. Entiendo que el ser humano no deje nunca de renovarse,de buscar nuevos caminos para llegar a su meta. Pero lo que es imperdonable y hasta pernicioso para la estabilidad psíquica del sujeto es iniciar esa búsqueda renunciando a los principios más elementales que se tenían cuando comenzó la andadura. Cuando alguien como él que enardecía a las masas con sus palabras de esperanza en el futuro dice y hace lo que dice y hace ahora, el mito termina por derrumbarse sin remedio por mucha magia de líder socialista que posea aún.Yo, que viví de primera mano aquellas jornadas gloriosas del 82,no puedo entender como alguien así puede haber cambiado tanto si no es porque ha terminado por claudicar de manera vergonzosa ante el brillo del oro y ante los cantos de sirena del capitalismo más salvaje,precisamente aquello contra lo que luchaba entonces.

    Saludos Pilar

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