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Turistas por Portugal (I) Lisboa

Tranvía Lisboa
La necesidad de compaginar las vacaciones con el estudio estival, la oportunidad de coger un vuelo desde casa y el deseo de conocer algo más del vecino Portugal nos animaron a realizar un tipo de viaje novedoso para nosotros; viaje organizado con estancias y circuito, acompañados por un guía. 

El paquete en cuestión se llama Maravillas de Portugal y promete visitar, en poco más de una semana, Lisboa, Sintra, Estoril, Cascais, Obidos, Nazaré, Aveiro, Oporto, Guimaraes, Coimbra, Fátima y Alcobaça, haciendo noche en Lisboa, Oporto y Coimbra. 

Haciendo caso al comercial de la agencia de viajes, optamos por la pensión completa y tras encajar el equipaje entre los límites de peso de la compañía charter (algo más generosos que la temida Ryanair) nos plantamos en el aeropuerto. 

El grupo de unas 100 personas se compone básicamente de parejas de mediana edad, así que descartada de raíz la idea de que los herederos se hiciesen su hueco, este va a ser un verdadero viaje en familia (con lo que sea que esto supone) dentro de un grupo de extraños. La opción alimenticia parte el grupo en dos y se nos asigna un guía (Víctor) que nos acompañará hasta el regreso. 

Plaza de RossíoUn vuelo cómodo, autobús y llegada al primer hotel, el reparto de habitaciones apunta maneras al ver como el consolidado grupo de Pina (cuatro o cinco matrimonios amigos) maniobra como un solo cuerpo, pero no es hasta la cena cuando la realidad toma cuerpo al contemplar cómo revuelven el comedor tirando de mesas y sillas hasta acomodarse al gusto. Imposible no aprender sus nombres, sus gustos y su enorme experiencia en viajes organizados, las fuentes del buffé tiemblan a su paso con motivo, tras ellos, la nada.

Calzada PortuguesaUna descubierta nocturna nos refresca la memoria, Lisboa está abarrotada de turistas que esquivan a los camellos de esquina, dispuestos a vender experiencias ilegales en apenas un instante, sorprende la ausencia de policía en la Rua Augusta y la oscuridad de la Plaza del Comercio, que se abre al Tajo. 

Azulejos en las fachadas, calzada portuguesa, tranvías del diecinueve y magníficos edificios que compiten por una mirada, la capital que resurgió tras el terremoto/incendio/tsunami de 1755, sigue conservando ese aire decadente y preciosista que nos conquistó en su día.

Panorámica Lisboa

La primera visita guiada en autobús por una Lisboa en permanente obra, nos enseña cómo funciona esto, si te relajas te vas al gallinero (en este caso a la última fila del bus), a la izquierda esto, a la derecha aquello, ahora se bajan a hacer una foto o iniciar la campaña de compras al paso, esto es Pombal, aquello Rocío, avanzamos por la Baixa, desembocamos en Plaza del Comercio y nos acercamos a Belem.

Monasterio de los Jerónimos
Aterrizados en Belem, el último espacio de tierra portuguesa que contemplaban los arrojados marineros que ampliaron el mundo en cada travesía, y tras unas incomprensibles explicaciones sobre porqué no merece la pena el tiempo de espera y el precio de la entrada para contemplar los claustros del Monasterio de los Jerónimos (vamos, que no hay tiempo) y muy pendientes del reloj, recorremos apresurados las naves de la Iglesia del Monasterio de los Jerónimos. 

Interior Monasterio de los JerónimosMáximo exponente del estilo manuelino, esa personalisíma interpretación del gótico tardío y el renacimiento, dejando a un lado las tumbas de Vasco de Gama, Luis de Camoes, Fernando Pessoa y parte de la familia real portuguesa, nos perdemos en sus altas naves y la inmensa bóveda del crucero imaginada por Juan del Castillo. 

La luz del mediodía asalta el espacio dibujando arabescos que compiten con el adorno de cada fuste, con el dorado de las capillas, con el flash inútil de las cámaras de quienes pretenden captar el detalle de una obra inmensa.

Pasteles de BelemY mientras los herederos capturan Pokemón lusos en el parque cercano, nos disponemos a ganárnoslos por el estómago con unos pastelitos de Belem, en la pastelería original que es capaz de gestionar la multitud que se agolpa a sus puertas con eficacia y simpatía, ¡cielos, qué ricos están!

De nuevo a bordo de nuestra particular carroza, (porqué los de la mitad de delante se empeñan en bajar por la puerta de atrás, ocasionando un atasco monumental en cada movimiento, es un misterio que empieza a calentar los ánimos del fondo sur que se cuece en aire caliente sin escuchar a penas las parcas explicaciones de la guía local) cruzamos hasta la torre de Belén, los apenas diez minutos de suelta y la inmensa cola determinan que las fotos serán desde fuera. 


Torre de Belem
Resulta muy difícil imaginar este diminuto castillo de encaje blanco como torre de defensa, quién osaría dañarla con una bola de cañón. 

Mucho más sencillo resulta imaginarla como el faro que conforta al agotado marino que vuelve de más allá de los límites del mundo conocido, casi como una novia que vestida con sus mejores galas espera en el puerto la vuelta de quien se marchó para encontrar la fortuna que les salve.

Soporte puente colgante de Lisboa
Las obras de rehabilitación del monumento a los descubrimientos finiquita la aventura en Belem, así que nos sorprende ver como nos dirigimos a la base del golden gate lisboeta ¿iremos a cruzar el inmenso Tajo? 

Nada de eso, nos esperan para comer en una suerte de garaje, eso sí con un Lidl al ladito, en el que sorprendentemente hay quien realiza algunas compras.

En la pausa tendremos ocasión de conocer a una joven que viaja con su madre y que desea visitar el cementerio y un establecimiento dónde puedes acariciar gatos mientras te tomas un café. Cada uno de nosotros es realmente un mundo.

La comida está cerrada (o te gusta o haces dieta) y transcurre lenta y extremadamente calurosa, por lo que la tarde libre se convierte en apenas tres de horas si no quieres perderte la cena en el poco céntrico hotel.

Lisboa nos castiga con un sol de justicia y colas en cada parada de tranvía, la demora en Santa Justa supera la hora y media...pero no vamos a rendirnos. 

Tras la compra de unos preciosos guantes en la diminuta Luvaria Ulises, un viaje a ninguna parte en el tranvía 28 en el que ni el carterista de turno podría moverse un ápice y un agotador ascenso para saludar a Pessoa en su café favorito, y a pesar de la no/recomendación del guía, nada amigo de estas modernidades,

tuk tuk a la lusitana
nos acercamos a un joven a los mandos de un maltrecho Tuk-tuk (una suerte de motoreta con asientos) para negociar un paseo por los diferentes barrios de la capital, disfrutando la emoción de subir y bajar las empinadas cuestas de sus empedradas y estrechas callejuelas.

Catedral de Lisboa "La Sé"Con el aire sacudiendo los rostros, la crispación se disipa y disfrutamos de Chiado y el Barrio Alto, descendemos por vertiginosas cuestas hasta la Baixa y hacemos una parada en la hermosísima Sé de altas naves desnudas, capaz de resistir no sólo a las desatadas fuerzas de la naturaleza, sino también al desmedido afán dorador de los lisboetas.

Ascendemos penosamente (con el miedo a terminar la escalda empujando) hasta el reconstruído Castello envueltos en la locura de un tráfico imposible y tomamos aliento disfrutando de la sensación de tener todo Lisboa a nuestros pies desde el mirador da Senhora do Monte punto de encuentro de los tuk-tuks y los cientos de turistas que acarrean, mezclados con jóvenes lisboetas dispuestos a una suerte de picnic/botellón sobre la ciudad.




Barrio de Alfama

Bajamos hasta la Alfama, el desconchado barrio de pescadores, arracimado extramuros y lleno de sabor a tiempo perdido, donde estiramos las piernas dando un agradable paseo y brindamos por la aventura con una ginja, el curioso licor de guindas que se sirve en casi cada esquina. Por un instante el tiempo se detiene e incluso tenemos la ocasión de participar involuntariamente en un partido de fútbol entre chavales que juegan en las cuestas recoletas de un barrio encalado que suena a fado y huele a sardinas. 


Casa dos Bicos
A la vuelta de la esquina, frente a un edificio llamado de los Bicos se detiene reverente el chófer, estamos ante la Fundación Saramago, (bajo el olivo parte de las cenizas del escritor) compartimos preferencias y descubrimos el sueño del actor que respira bajo la piel del joven que pelea la crisis disfrazado de guía turístico, elogio de la resistencia de un país rescatado por Bruselas, en el que la precariedad se percibe más allá de los edificios en decadente ruina o las ancianas desdentadas que solicitan una limosna a la puerta de las iglesias.


Tras una mañana de prisas absurdas, el tiempo limitado para disfrutar del canto de los hombres a su grandeza disfrazada de Fé, de los calores, los empujones, las colas, tras una jornada en la que hemos luchado por ver, entender, disfrutar y compatir, Lisboa nos sonríe. Quizás esa es la magia del viaje, estar abierto a la palabra del otro, a su mirada, más allá del objetivo de tu cámara, porque la realidad es apenas un reflejo en el espejo.

9 comentarios :

  1. Os admiro.
    Yo a los diez minutos hubiera ejecutado a dos pasajeros del autobús como advertencia para el resto.
    No soporto viajar con gente, y mucho menos, con la de este país de maleducados.
    Aún recuerdo haciendo una cola en una parada de autobús en Praga para viajar a nomeacuerdoyadonde como unos japoneses que estaban detrás nuestro se quedaron asustados cuando cuatro parejas de madrileños se les colaron por la cara, y como se reían los madrileños... y como callaban los japoneses, y como envié a la mierda a los madrileños y les dije que me daba asco pertenecer al mismo país que ellos.
    En cuanto a Portugal... no he ido, ni creo que vaya... no por Portugal que seguro que tiene sitios hermosos para ver, si no por colas, gente, etc....
    Ahora viajo a lugares donde no hay casi nadie.
    Y fotografío los vacíos.
    Eso si que es un lujo.

    Besos.

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  2. En agosto ya no quedan lugares tranquilos, dondequiera que vayas todo está saturado. Pero Lisboa se ha puesto de moda y es un poco víctima de su éxito. En cuanto al formato del viaje, nosotros también tenemos una única experiencia: Bélgica y Holanda. Tuvimos suerte con el grupo que nos tocó, excepto un grupillo que sabía de antemano que no hay nada como España, incluidos los mejillones de Bruselas, que jamás de lo jamases serán como los gallegos. A veces te preguntas por qué viajan algunas personas, ¿verdad?
    Lisboa es magnífica, en cualquiera de los formatos que se visite, aunque quizá haya que pedir turno.
    Besos

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  3. Soy una enamorada de Portugal, he visitado todos los lugares que mencionas al principio, así es que prometo leer todas las entradas que hagas sobre este viaje para refrescar la memoria.
    Un beso.

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  4. Tres veces he visitado Portugal (sur, centro y norte), salvo el viaje al sur, el resto fueron viajes organizados y, como tu o como toro salvaje, siempre encuentras esos grupos de "amigos" maleducados, especialmente en el comedor y en las horas de llegada al autobús, esta gente va a su bola, salvo que encuentres un buen guía, que, a las primeras de cambio, ponga las cosas en su sitio, de no ser así se presentan situaciones insufribles -aún recuerdo como dejé a una persona en Madrid por no llegar a su hora en un viaje que organicé, desde ese momento,era compañera de trabajo, me dejó de hablar, pero esperamos media hora y no llegó, a la gente maleducada que hace esperar a 50 personas, hay que decírselo claro.

    Hace años que no visito Portugal, la última vez fue cuando celebraron su Expo en el 1998, así que ha llovido bastante, lo que recuerdo aparte de su belleza paisajística y monumental su comida es la leche, dios que cosa más rica de bacalaos y de cataplanas. En la época de la que hablo aún no estaba tan masificada como la pintas, de todos modos parece que la península ibérica está a punto de morir por saturación turística, esperemos que no se pinche como la burbuja de la construcción, pidamos que esos terroristas no miren a sur.

    Saludos



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  5. Menudo viaje

    Me gustan mis vecinos

    Y me gusta como describes esa tierra hermana


    Besos

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  6. Manífica crónica. Mientras espero que me traigan el mercado a casa, me he deleitado con esta lectura y con la de los comentarios que me anteceden.

    Me encanta Portugal y he estado en dos oportunidades una centro y otra norte. He recorrido todos los lugares que nombras, con lo que al igual que a Tracy, no me perderé de leer ninguna de tus entradas.

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  7. Sigo: siempre he viajado por mi cuenta y mucho, sóla o acompañada, pero también se me ocurrió una vez hacer un viaje chárter con guía y grupo de Argentina a una isla del Caribe y fue toda una experiencia jajajaja por eso entiendo muy bien por lo que pasaron tú y familia en cuánto a eso.

    Besos

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  9. Empezamos a ir a Lisboa allá por los primeros ochenta, hemos seguido yendo con más o menos asiduidad todo este tiempo y con bastante frecuencia (2ó3 veces al mes) el año que estuvo nuestra hija trabajando allí.
    Todavía no conozco Lisboa. O no entera, por lo menos.
    Tenéis que volver, aunque sea sólo por cenar en La Alfama y oir fados hasta la madrugada.
    ¡Ah! La cafetería de Pessoa es "A brasileira".

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