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Turistas por Portugal (III) Óbidos, Nazaré y Aveiro

Con el café aún bajando por la garganta nos apostamos en la fila a esperar al autobús, los de Pina no han conseguido las primeras posiciones (los abuelos con el nieto adolescente se les han adelantado, la experiencia de quien es capaz de plantar la sombrilla en primera línea de playa en el mismísimo Benidorm, se ha impuesto) pero desde luego nos han vuelto a ganar. 
Castillo de Óbidos
En el trayecto hacia Óbidos trata el guía de hacer honor a su nombre de un modo que me sorprende y me hace replantearme el rápido y no muy ventajoso juicio, comenzando a leer las primeras impresiones de Saramago ante la ciudad, apenas un par de frases del Nobel extraídas de su Viaje a Portugal, rápidamente interrumpidas por un murmullo que nace cómo no de la ubicación del grupo de Pina, casi avergonzado por su lirismo deja de leer y procede a impartir las instrucciones pertinentes: el autobús nos dejará en el parking disuasorio y nos recogerá en una hora, en Óbidos hay muchas tiendas y cuestas y se puede dar un paseo por la muralla pero es algo peligroso..., el murmullo se acerca a griterío y apenas consigue nombrar la impresionante puerta de acceso, la iglesia de Santa María, o el origen romano del Castilllo, cuando ya se ha producido un auténtico motín que pide a gritos la apertura de las puertas.

Virgen de la Piedad, ÓbidosÓbidos nos recibe engalanada para una fiesta medieval, el arco de acceso en la muralla en angosto zizzag no ha conseguido ralentizar el paso de las hordas que se dispersan ya entre los tenderetes de la feria y los comercios aún a medio abrir de sus serpenteantes callejas, así que podemos apreciar sin empujones los azulejos que visten la capilla de la Virgen de la Piedad y pasear sin prisa entre las casas encaladas coronadas por macizos de flores que refrescan la ya cálida mañana.

Techo Iglesia de Santa María Óbidos Nos sorprende la planta de la Iglesia de Santa María que conserva el eco de su pasado visigótico, la belleza de sus azulejos y la delicada factura de sus techos repletos de amorcillos y cintas.  

Aunque no será hasta más tarde cuando descubra la importancia de la obra pictórica que atesora, ya que decoran buena parte de sus naves laterales algunos lienzos de Josefa de Óbidos, reconocida pintora del siglo XVII, lástima porque apenas los recuerdo. (si no estudias antes, solo verás lo obvio, me machaca mi conciencia)

Óbidos
Bastante más arriba nos atrapa la figura del Castillo, de origen romano, fortificado por los árabes y que tras su conquista en 1148 fue objeto de contínuas ampliaciones y mejoras hasta llegar a albergar hoy una de las más hermosas Pousadas de Portugal (el espejo de nuestros Paradores y que empiezan a ganar puntos para un futuro regreso a nuestro aire), así como las vistas de la ciudad encaramada al risco, a modo de barco en la tormenta.  

Ginja en copa de chocolate 
La silueta del acueducto y la filigrana de su muralla le otorgan a Óbidos un encanto que no tenemos tiempo de saborear pero que nos deja con ganas de más, así que nos conformamos con disfrutar de una ginja en copita de chocolate que une las dos delicias de la localidad.

El Sitio de Nazaré
De vuelta en el bus, las bolsas de compras comienzan a acumularse en las repisas mientras retomamos el camino, nos espera Nazaré, la ciudad doble, la antigua, llamada el Sitio, enriscada sobre un promontorio, está presidida por el santuario dónde los azulejos cuentan el milagro de su nacimiento, aquel caballo desbocado que se detiene gracias a la intervención de la Virgen y que se asoma al abismo desde su blanca plaza

Santuario de Nazaré
La Iglesia barroca de finales del XVII, se alza en lo alto de una escalinata semicircular que permite el acceso a la galería que cobija a los múltiples peregrinos que a ella acuden, y que sin duda justifican la exuberante riqueza de su altar mayor, dónde nos llama la atención por vez primera la suerte de escaleras que se elevan hasta la pintura que recoge el milagro de la aparición mariana. Su fama viene de lejos, ya que hasta aquí dicen que se vino Vasco de Gama a pedir protección para sus viajes. (Mucho más tarde sabremos que simbolizan las etapas a recorrer para acercase a Dios, cada vez más alto, cada vez más exigente, cada vez más difícil)

Playa de Nazaré
Pero a nosotros, poco dados a los excesos del dorado por saturación nos llama más la atención el diminuto museo  que a escasos metros y escondido en una casita blanca, nos habla del pasado marinero del pueblo, de las nasas para el marisco, de las mujeres y sus cortas faldas de colores, capa sobre capa hasta llegar a siete, el número de noches en las que aguardar la vuelta del pescador y sobre todo su privilegiado mirador sobre los acantilados.

Pulpos en secadero (Playa de Nazaré)
El aire apenas disipa el calor y la frescura de la inmensa playa que se ofrece allá abajo se percibe como una promesa que no se satisfará (no hay tiempo para un chapuzón). 

Ya en el pueblo bajo, superada la extraña e incómoda sensación al contemplar a las mujeres del Sitio, disfrazadas de sí mismas ofreciendo frutos secos al turista, (que los adquieren para poder fotografíarlas sin sentirse demasiado mal) sorprenden las dimensiones de la playa y las simpáticas casitas de lona de rayas que sustituyen nuestras coloridas sombrillas, un disfraz de veraneo que contrasta con los secaderos de pescado, pasado, presente y quien sabe si futuro de la economía local.

Playa de Nazaré

Unas pequeñas terrazas nos guiñan el ojo y nos sentamos a tomar un vinho verde y unos percebes, con calma, sin prisa, como si pudiésemos decidir el tiempo de la parada. (probablemente renunciamos a ver algún monumento importante, pero ojos que no ven...)

Playa de NazaréCoincidimos en la comida con personas del otro grupo obligadas en los días de ruta a compartir mantel con "los de pensión completa", que se quejan de la guía por motivos similares, poca información, falta de interés, desgana. 

Hoy la comida es bastante mejor y la incomprensión de los camareros ante nuestra petición de hielo para el café nos provoca alguna risa, qué extraño es que con el calor que hace sirvan las bebidas tibias y el hielo cuando lo traen sea como el de las neveras de casa, pequeño y poco frío.

Pino resinero
De nuevo en carretera, me sorprenden los pinos en aprovechamiento resinero, los cubos metálicos hieren al árbol y recogen su resina, el paisaje de árboles, kilómetros y kilómetros de bosque me adormece y me descubro soñando con una enorme extensión de árboles vendados, heridos, pronto el ensueño deviene en pesadilla, un ejército vencido de humanos atrapados por necesidades creadas, sangrados por su amos...me despierta la risotada de "el más alto de los de Pina" haciendo fotos al compañero que babea al trepidante ritmo de sus ronquidos, "al feibú vas". Casi agradezco la interrupción, los pinos han sido sustituidos por los eucaliptos y me sigue sorprendiendo lo verde que es este país. 

Averio canalVíctor de nuevo recurre a Saramago a las puertas de Averio, (volverá a hacerlo antes de cada visita, y se me olvidará agradecérselo, a pesar de haber buscado y comprado el libro en Oporto y haber disfrutado muchísimo de él, quizás deje de hacerlo porque a nadie parece gustarle, me siento culpable) una ciudad que dejó de tener sentido cuando el océano se marchó, dejando a sus canales sin más objeto que el breve paseo turístico de quienes, como nosotros son depositados en su plaza, aunque con cincuenta minutos por delante, tampoco es una opción para este grupo de turistas limitados a la instantánea al paso.


Aveiro modernista

Nos sorprenden algunos de sus edificios modernistas, reflejo de un pasado activo y un cierto toque de aventura de la que se conoce como la Venecia portuguesa; las alegres decoraciones de sus barcos o la riqueza de la Iglesia de Nuestra Señora de la Presentación excesiva en capas y capas de pan de oro compitiendo con la sencillez y frescura de sus azulejos, que incorporan un alegre tono amarillo.

Iglesia Ntra Sra de la Presentación AveiroPero caminamos sin sentido, ni guía, dejando a nuestros pies elegir el camino sin más objetivo que no perder el autobús, (más tarde descubriremos que había que visitar la Sé con su torre campanario, o tomar un café (vica) en alguna de sus animadas terrazas del centro, pero cuando no sabes, paseas como pollo sin cabeza), nos rendimos al cada vez más sofocante calor y acabamos en una anodina terraza frente al autobús, con los dedos cruzados por el hielo del refresco.  

Iglesia Ntra Sra de la Presentación Aveiro Mosaico 
Quizás el precio de poder dormir la siesta tras la comida, de que te lleven, sea este deambular perdido por una ciudad que seguramente tenga mucho más que ofrecer que lo obvio pero a la que no hemos sabido sacarle el jugo.
Coca cola personalizada
De nuevo en ruta, apreciamos las columnas de humo de algunos incendios cercanos e incluso vemos a los bomberos apagando llamas en la linde de la carretera, el infierno parece haberse desatado en el bajo monte cubierto de bosques. 

Convencidos de que si no tomamos las riendas del viaje, éste será una colección de cocacolas (por cierto curiosamente personalizadas) a la sombra, tras un caminar sin meta, decidimos adelantarnos a destino y estudiar lo que éstos tienen que ofrecernos.

Oporto noche
Oscurece cuando llegamos a Oporto, de nuevo empujones para tomar posiciones ante el mostrador del hotel, que de nuevo está bastante lejos, de nuevo las bandejas de la cena se vacían como si ante las plagas de Egipto se enfrentasen y por unanimidad decidimos renunciar al programa del día siguiente: dejaremos el grupo y descubriremos la ciudad a nuestro aire.

Para ir tomando posiciones, tras la cena, nos dirigimos a la Ribeira, una animada ciudad se extiende a ambos lados del río, bulliciosas terrazas, grupos de turistas sin destino, y ante nosotros uno de los más hermosos puentes que cruzan el Duero, el puente Luis I. Diseñado por Théophile Seyrig, un discípulo de Eiffel (autor del puente de María Pita que veremos mañana), se inauguró en 1886 y une Oporto con Gaia, dónde se ubican las bodegas que unirán el nombre de Oporto con un sabor rico, dulce y aterciopelado.

Oporto puente Luis I y Monasterio del Pilar


La guía consultada en el móvil (qué bendición para nuestro bolsillo la abolición del roaming en esta Europa que se deshace) habla de un funicular que asciende hasta su pasarela superior y de lo impresionante de sus vistas, así que dejamos atrás los restaurantes embutidos en los arcos de la antigua muralla y nos vamos para arriba.

Que las vistas son espectaculares es cierto, y que la aparente fragilidad de las barandillas de hierro me provocan un vértigo terrible también, caminando por en medio consigo avanzar un amplio tramo pero la llegada del tranvía y el contoneo de la superficie me convencen de que llegar al otro lado,  por mucho que me espere el Monasterio de Nuestra Señora del Pilar (cuyo claustro circular pasará a engrosar la lista de los mefaltan) es demasiado pedirme.  

Tengo suerte y mis chicos no me abandonan (quizás callan que si no miedo, sí sienten algo de prevención) así que volvemos caminando, envueltos en sombras y casi escuchando el ruido de nuestros pasos hasta tropezar con la Sé, la Catedral de Oporto.

Aunque nos sentimos atraídos por la belleza de los mosaicos de su nártex lateral y la sobriedad de su fachada, definitivamente nos conquista con las hermosas vistas de su amplia terraza, Oporto se extiende a nuestros pies, hermosa, viva y bulliciosa.

Por cierto, si las cuestas de Lisboa son importantes, nada tienen que envidiarle las de Oporto, todo aquí sube y baja, hasta el extremo que las terrazas se montan sobre estructuras que salvan los desniveles y permiten el aprovechamiento de aceras y plazuelas en las que el plano es siempre torcido.

Recorremos la ciudad bañada por el mismo aire de decadencia, de regusto a tiempos más elegantes, más imperiales (se nos suele olvidar que el pequeño país vecino fue la metrópoli de un imperio enorme, lleno de culturas y sabores que lo impregnan), sorprendidos de su ambiente alegre y distendidoMientras regresamos al hotel, sonreímos, Oporto nos ha conquistado a la primera.

13 comentarios :

  1. Oporto es una ciudad extraordinaria, que hay que visitar con calma. Pero a Aveiro no le habéis hecho justicia. Toda la vida recordaré (a lo mejor es mucho decir lo de recordaré) aquella Nochevieja que nos fuimos los dos solos por si era la última... Para no mencionar sus ovos moles y las anguilas del restaurante sobre el mercado. Hay que volver, nena.

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    1. Mea culpa, señora.
      Ya escribo que seguro que se nos escapó la clave para disfrutar Aveiro, como tantos otros lugares en este viaje, y queda prohibido hablar de la comida portugesa, a la altura del viaje que os cuento aquí, no hemos tenido el privilegio de comer más que comida de colegio mayor en tiempos de penuria o buffet de cena en hotal internacional sin pizca de terruño. Salvo el aperitivo en Nazaré, la comida portuguesa brilla por su ausencia, y ¿cómo enamorarte de un lugar sin comértelo?
      Hay que volver y en buena compañía no parece mala idea.
      Besos

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  2. Menudo recorrido

    Tu publicación es para leerla unas cuantas veces


    Ya te dije me encanta Portugal

    Viendo alguna foto de Oporto, con sus luces a la noche me viene a la memoria el nombre del río en Portugal y aquí
    Douro o con apóstrofe, originado por la a cantidad de oro que en tiempos de los romanos guardaban sus aguas

    Beijos e Boa noite

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    1. Me alegro que te esté gustando, escribir sobre viajes es algo que cada día me gusta más. Hermosa idea del Duero que se torna Douro.
      Beijos

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  3. Sobre lo de ser un imperio, la Península Ibérica, toda ella primero, luego parcelada, fueron imperios que hoy ya no existen, de hecho, en este mundo globalizado, somos una pura "kaka".

    Saludos

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    1. Si lo piensas, probablemente las personas normales de aquella época poco imperiales se sentirían.
      Besos

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  4. Parece una explicación documentada, pero es demasiado larga para leerla en el móvil. Un abrazo

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    1. Aquí te espera por si encuentras hueco, con más calma.
      Un saludo

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  5. También Porto me cautivó a la primera.
    Espero haya una segunda, eso si, sin grupo
    de Pina jajajaja, a mi aire total.

    Besotes, esperando la continuación.

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    1. Sin los de Pina, la vida tiene otro color, sin duda.
      Enseguida seguimos.
      Un beso

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  6. Si Rajoy hubiera hablado con los de Pina ya estaría gobernando.

    Besos.

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  7. ¿Quien crees que vota a Rajoy? Los de Pina, sin duda alguna.
    Besos

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  8. Buenísima reseña que me ha hecho volver a rememorar mi viaje, que sin duda leyéndote me han dado ganas de repetir. Echo de menos ese aire decadente de sus grandes ciudades.También me releí El viaje a Portugal de Saramago para seguir paladedeándolo después de haber deshecho las maletas.
    Gracias y besos.

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