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Turistas por Portugal (V) Guimaraes, la cuna de Portugal

Guimaraes
En el camino a Coimbra, Guimaraes, la cuna de Portugal, el lugar dónde nació Afonso Henríquez, su castillo, la ermita románica de San Miguel de Castelo, el palacio de los Duques de Braganza o la Colegiata de la Virgen de Oliveira son motivos más que suficientes para una visita en la que incluso parece que contaremos con tiempo suficiente para hacer algo más que capturar perfiles de monumentos al estilo Pokémon Go (actividad ésta, que por cierto se desarrolla con total normalidad en Portugal para disfrute de los herederos que no descuidan la ocasión de incrementar el número de pokémons en sus móviles)



Así que cuando el autobús nos deja a los pies de la pequeña colina, el Monte Latito, nos lanzamos hacia las puertas del castillo sin la aprensión del reloj, somos libres hasta la hora de comer.

Castello de GuimaraesLa pequeña fortaleza fundada por la condesa Muniadona (a la que no sé muy bien porqué dimos en rebautizar Mumandona, con la consiguiente sonrisa tonta en cada cartel o referencia a su nombre, quizás porque nos sorprendió topar con un personaje femenino con cierto grado de autonomía, ¡bien por ella!) a mediados del siglo X para defenderse de ataques de vikingos y musulmanes y que ha pasado a la historia de Portugal por ser la cuna de Afonso Henriques, más conocido como Alfonso I de Portugal.

Castello de Guimaraes
El edificio, sucesivamente ampliado hasta convertirse en una importante fortaleza entre los siglos XIII y XV, fue perdiendo importancia a medida que el reino se consolidaba y degradándose hasta que ya mediado el pasado siglo, se declaró Monumento Nacional y acometió una rehabilitación integral, así que tenemos ante nosotros una muralla completa de ocho torres, una puerta con defensas y en su interior una estilosa torre del homenaje. La rehabilitación parece haber sido un poco excesiva y tiene un aire pelín Exincastillo, que no le ha impedido ser elegida una de las Siete Maravillas de Portugal.

Capilla de San Miguel de Guimaraes
A los pies del castillo se levanta la Capilla de San Miguel, un templo románico fechado en el S. XII, donde según la tradición, fue bautizado Don Alfonso Henriques. 

Tras tanto barroco desatado nos acercamos al diminuto templo con hambre de sobriedad. Su interior nos acoge en una agradable penumbra, que cuando nos acostumbramos nos permiten distinguir antiguas lápidas en el suelo (tumbas atribuidas a héroes de la independencia) un par de pequeñas tallas policromadas y la pila bautismal responsable de tanta veneración.


Interior capilla San Miguel de Guimaraes
Al no sentirnos interpelados por el peso de la historia, nos atrae más su simplicidad, la belleza del arco de acceso al ábside rectangular y el diseño de su techumbre (a pesar del evidente trabajo del restaurador, primo segundo del responsable de las obras el castillo, a juzgar por el grado de intervención).

Palacio Duques de BraganzaForma un interesante conjunto con el Castello y el Palacio de los Duques de Braganza, cuya imponente silueta se levanta al pie de la Colina Sagrada. 

Este palacio data del siglo XV y como el resto de monumentos que aquí arraciman, fue sometido, muchos siglos después a una profunda restauración que permitió su incorporación a la lista de Monumentos Nacionales (tanta rehabilitación en la misma zona y en el mismo tiempo, nos genera curiosidad; resulta que la dictadura de Salazar desplegó un importante esfuerzo por apuntalar y reforzar el sentimiento nacionalista portugués para lo que recurrió, entre otras estrategias, a la recuperación de estos hitos históricos). 


Palacio de los Duques de Braganza patio
En su exterior destacan los tejados apuntados y las altas chimeneas, más de treinta que recuerdan a los elegantes castillos franceses, y en su interior alberga una gran colección de mobiliario y porcelana de la Compañía de Indias, arte decorativo de los siglos XVII y XVIII, una exposición de armas y los tapices de Pastrana, que narran la historia de los descubrimientos portugueses, sobre todo en tierras africanas. 


Palacio de los Duques de Braganza Techumbre
La mayoría de las salas abiertas a la visita se presentan amuebladas, lo que hace mucho más sencillo imaginarse la vida de tan hermoso espacio, los muebles (impresionante la colección de bargueños), los enormes jarrones de porcelana, los tapices, las lámparas se suceden sala tras sala, pero son algunos de los techos, que evocan estructuras de barco invertidas, lo que más no conquista, son realmente hermosos, elegantes, evocadores.


Palacio de los duques de BraganzaLas salas se disponen entorno a un patio interior elegante y sobrio cuya simétrica estructura rompe la portada de la capilla del palacio, una curiosa suerte de capilla gótica de indiscutible sabor británico por el trabajo en madera de su sillería y me atrevería a decir que nórdico (incluso vikinga en su acceso).  

Desde el patio de armas se pueden apreciar las diferentes torres, del Homenaje, la Domus Municipalis, y la de la Princesa, sede de múltiples leyendas de mujeres encerradas, olvidadas o maltratadas que han pasado a la historia pequeña, esa que solo sobrevive en canciones populares.


Abandonamos el Palacio y la zona monumental de la colina para dirigirnos hacia el casco antiguo de la localidad.

Nos encontramos con una preciosa ciudad medieval de calles pequeñas y cuidadas, iglesias y conventos, donde nos llaman la atención las capillas callejeras, que acogen pasos de Semana Santa.

Guimaraes alcaldía 
Sorpendidos por los lienzos de muralla, los edificios revestidos de azulejos, los soportales, y el comercio cuidado y elegante, vamos descendiendo hacia el edificio del Ayuntamiento, un edificio restaurado con sencilles que asegura una de las guías que hemos consultado que esconde un hermoso claustro (y esa, lo reconozco es mi debilidad).


Monumento del Salado
Seguimos callejeando hasta la plaza Largo da Oliveiria, una plaza porticada con animadas terrazas, a un lado la Iglesia de Nuestra Señora de Oliveira y el Monumento del Salado, un precioso crucero bajo templete.

La iglesia, del siglo XIV, con capillas revestidas de azulejos e incorporaciones barrocas, luce una altura que contrasta con la robustez el torreón del que parece nacer. 

Nos llaman mucho la atención los restos de pintura que evocan la decoración de fustes y arcos de la nave principal, azules, rosas y dorados, así como las capillas recubiertas de azulejos.

Claustro GuimaraesEn su costado se abre un pequeño claustro, realmente precioso.

El ritmo más relajado del día nos permite incluso recorrer despacio y sin objetivo las adornadas callejuelas que se pierden en plazas y largos que se entrelazan bajo galerías cuyos arcos románicos, góticos y neoclásicos nos hablan del tiempo que cuando trascurre armónico dota a los pueblos de una belleza global que va más allá de la suma de iglesias, portadas, o monumentos a la gloria patria.

Comeremos en la zona medieval, en un hermoso edificio que lamentablemente carece de climatización adecuada a los más de 35º que nos contemplan. 


Guimaraes

Al abandonar las murallas tendremos ocasión de comprobar que la ciudad nueva es tan bien cuidada y elegante, y cómo no de echar un ojo al teleférico que sube hasta el Santuario de la Peña, quizás otra excusa para volver con más calma, pero el viaje prosigue y Coimbra nos aguarda.

7 comentarios :

  1. Lo que te ha cundido el tiempo, te ha dado tiempo a verlo todo, eres una magnifica guía. Abrazos

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    1. Gracias Ester, creo que me gusta casi tanto viajar como compartirlo.

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  2. Coincido en que eres una magnífica guía. En esa plazoleta, junto al monumento al Salado, nos sentamos a tomar un café y es un momento que recuerdo como algo maravilloso. El corazón de Guimaraes nos pareció como una ciudad de ensueño, limpia, bien conservada. Una delicia.
    Esperando el siguiente.
    Besos.

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    1. Me alegra haber compartido espacio, creo que es una ciudad diminuta capaz de atraparte sin fecha de salida.

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  3. Portugal tiene lugares maravillosos.
    Mumandona jajajaja, qué bueno!!!

    Abrazos, Pilar.

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    1. Ya sé que es una asociación boba, pero con tanto calor...

      Besos

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  4. ¡Vamos a Coimbra!

    ¡qué bueno que pudieron visitar tanto más relajados!

    Tienes mucha razón cuando dices "(...)nos hablan del tiempo que cuando trascurre armónico dota a los pueblos de una belleza global (...)".

    Besos

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