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Turistas por Portugal (VII) Fátima

En la recta final del viaje, abandonamos Coimbra para camino de Lisboa, visitar Fátima y Alcobaça. 

Restaño la ignorancia de los míos con una breve lectura de los acontecimientos de Fátima; los pastores, los misterios (sobre los misterios su número e interpretación descubro que hay todo un mundo detrás a mitad de camino entre lo conspiranoico y lo mágico), la peregrinación y la predilección papal por el lugar. En la fila de delante (hoy estamos casi en la última fila) percibo algunos cabeceos quejosos ante la falta de credulidad de mis retoños y de emoción en mi relato.

La explanada de Fátima nos recibe casi vacía, hoy no es día 13 y nos llevamos el premio al madrugón. En desordenada fila, auriculares al cuello nos disponemos a atender las explicaciones de la guía (con paraguas de encaje). 

Comenzamos por la Basílica nueva, de factura similar a cualquiera de los auditorios que pueblan nuestras ciudades salvo por el mural de pan de oro (ni aquí en un templo del siglo XX son capaces los portugueses de escapar de este peculiar gusto) y el sorprendente Cristo vivo sobre la cruz, una talla que combina en su rostro rasgos de todas las razas y que de algún modo te interpela.

Las prolijas explicaciones que me llegan por el oído derecho, convierten la visita en el ideal del turista/viajero curioso, lástima que la mayoría se refieran a las dulces personalidades de los pastorcitos o al impresionante coste económico del complejo que hoy se alza en lo que era un bosquecillo propiedad de la familia de Sor Lucía la más longeva de las niñas.
 
Lamentablemente no será la belleza de la arquitectura lo que conmueva al visitante, la básilica es simplemente fea, de un blanco extraño y unas dimensiones desproporcionadas con respecto a la plaza y el altar dispuesto para las celebraciones multitudinarias, aunque contemplando a los penitentes que recorren la explanada de rodillas para solicitar un milagro a la pequeña imagen situada en el lugar dónde se produjeron las apariciones no cabe duda de que la Fé los mueve.

Una Fé que apuesta por la oración y la docilidad, al fin y al cabo, nada puede hacer el hombre (y ya que estamos la mujer) por la salvación del mundo más que rezar el Rosario y dejarse en manos de un Dios que se apiade, sin duda una forma de entender el mundo que no supone grandes retos para la injusticia.

Qué mueve a los dueños de los tenderetes que venden rosarios, imágenes, botellitas y velas, mejor no pensarlo, sobre todo si te paras frente a una repisa de exvotos en cera con formas de cabeza o niño, que esperan para ser entregados a las voraces llamas que los aguardan, en unos crematorios de vivas llamas frente a los que los devotos hacen cola. Imposible no pensar en el proceso de reciclaje de la cera en un baile sin fin, miles de euros mediante.
Si la visita a las basílicas, la capilla o los hornos crematorios de las figuras de cera no terminan de conmovernos, el traslado hasta las viviendas de los pastorcillos y el lugar dónde se les aparecía el ángel precursor (convertido en una suerte de parque etnográfico, a pocos kilómetros del santuario) tampoco ayuda gran cosa. Aunque siendo sincera en los rostros de algunos de nuestros compañeros, se puede apreciar cierta mirada iluminada y desde luego las hay que han arramplado con todo tipo de medallas, velas e imágenes.

Hoy comemos en un complejo llamado "Los tres pastorcillos", restaurante y tienda en dos pisos modernos a las afueras del pueblo que alberga las casas museo. La cosa pinta fatal, pero de las primeras impresiones no debe uno fiarse siempre. 

La temperatura es deliciosa, el servicio ágil y amable y el bacalao a bras, impresionante. Bravo por la cocinera, una pequeña señora de más de ochenta años que se pasea por la sala. Tras el postre una copita de Oporto y un obsequio para una rifa. Todo un ejemplo de cómo se puede dar buen servicio a un grupo de 100 personas (hoy coincidimos los dos grupos)


Camino de Alcobaça, el autobús se detiene apenas un instante en una curva para que contemplemos de lejos el Monasterio de Batallha de un gótico inglés impresionante, con la miel en los labios, seguimos viaje.

7 comentarios :

  1. Muy interesante el paseo Pilar.


    Un abrazo

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  2. ¿Vistes en la explanada de Fatima arrastrándose de rodillas?, cuando estuve por allí, eran decenas haciendo ese acto, decian que de contrición.

    Saludos

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  3. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  4. jaja La guía con paraguas de encaje jaja tanto glamour no pega en absoluto con los exvotos, es cierto. Como tb que el merchandising desplegado al rededor del santuario de Fátima como de todos los grande centro de peregrinación de la creencia que sea, matan la idea de toda espiritualidad sana y apuntalan la idea de la manipulación y el mercadeo que rodea estos lugares.. a mi me da repelús y lo digo con todo el respeto, pero es verdad, como dice EMILIO que los portugueses son muy dados al dramatismo en sus manifestaciones religiosas.. no solo desfilan arrodilladas multitud de personas por esta explanada... yo, que vivo pegadita a Portugal por el norte, sé de gente que ha peregrinado arrastrando sus rodillas ensangrentadas km y km hasta llegar a Fátima... pena no,... dolor de ojos da ver eso! pero en fin, cada uno es libre de hacerse las barbaridades que desee siempre que no haga daño a los demás.

    Estupendo tu relato PILAR, un placer volver a leerte y muchos besos!

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  5. Lo has contado muy bien sin merma de detalles, es como si yo tambien hubiera ido con vosotros. Un abrazo

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  6. Me ha gustado volver a Fátima de tu brazo.

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  7. No he estado nunca por esa zona y creo que debido a mi economía no creo que lo visite nunca, pero me ha gustado que me llevaras de la mano. Es otra forma de viajar...

    Abrazo fuerte.

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