Populismo y kiosco

El Roto
Llevo mucho tiempo tratando de averiguar cuál es el significado de la palabra (por no decir insulto) "populista", término que se aplica a realidades tan diferentes como pueden ser Trump, los partidarios del Brexit, los bolivarianos de Maduro, el Frente Nacional de Marie Le Pen, el movimiento Cinco Estrellas italiano y por supuesto PODEMOS.



La definición de la RAE que define populismo como tendencia política que pretende atraerse a las clases populares, no me saca de dudas porque todos y cada uno de los partidos políticos que se presentan a unas elecciones pretenden atraer el voto de la clases populares, básicamente porque en sus manos se encuentran las mayorías. (empiezo a perder la confianza en la RAE, quizás debido a las manifestaciones cada vez más machistas y reaccionarias de algunos de sus miembros más activos, pero esa es materia para otra entrada)

Estudio con detalle declaraciones de partidos políticos, periodistas y tertulian@s que usan el término con inusitada violencia para juzgar y condenar todo aquello que se opone a su idea, así que he optado por dejar de leer o escuchar cualquier artículo o intervención pública que pivote sobre el término, amén de escuchar un "píííííí" mental cada vez que alguien pronuncia la palabra.

Pero no hay norma que no requiera su excepción, así que aquí os dejo el artículo de Luis García Montero para Infolibre sobre, ¿lo adivinas?: el populismo.



No me seas populista, por Luís García Montero en Infolibre

La mujer vuelve de viaje un día antes de lo previsto. Las reuniones de trabajo han resultado fáciles, los asuntos más complicados encontraron una solución sobre la mesa y el viernes por la tarde se convirtió de pronto en jueves por la mañana. Por fortuna no tuvo problemas para cambiar el billete de avión. Con buen humor paseó por las tiendas del aeropuerto, compró regalos, convirtió la espera en un sándwich de jamón, una cerveza sin alcohol y un café, y embarcó por la puerta A14. Cuando llegó a Madrid, ni la fila de viajeros en la parada de taxis, ni el tráfico de la ciudad le quitaron más de 25 minutos. La tarde rodaba igual que una pelota, una noticia o una sorpresa. Cuando abrió la puerta del dormitorio, encontró desnudos en la cama a su marido y a su mejor amiga. Les llamó hijos de puta. El marido se tapó con la sábana, pidió tranquilidad y le dijo: por favor, no me seas populista.


El padre se pone serio y le pide a la hija que se siente. Deben hablar, aclarar las cosas, encontrar una razón para los engaños y los despropósitos. Acaba de enterarse de que Mónica ha estado todo el curso sin ir al instituto. Comprende de golpe quedesconoce la mayor parte de sus sentimientos y de su vida. No sabe qué hace cuando sale de casa después de desayunar, a qué dedica las mañanas, qué lugares pisan sus zapatos y qué ideas pasan por su cabeza. Le duelen las mentiras, el éxito falso en el examen de matemáticas, las historias inventadas con la profesora de inglés, las noches que se ha ido a dormir a casa de la compañera para terminar un trabajo sobre el cambio climático o los planes tramposos para el viaje de estudios. Se siente culpable por no haber sospechado nada, le duelen las mentiras y exige una explicación. Pero su hija no quiere reproches, lo mira casi con desprecio y le dice: por favor, papá, no me seas populista.

Carmen está cansada de no tener un horario fijo de trabajo. El jefe va de amigo, casi de colega, pero hoy la tiene en la oficina hasta las diez de la noche. Ayer estuve hasta las nueve y media, y mañana será lo que quiera Dios, o los teléfonos, o el cliente de Zaragoza, ese que empieza a dar la lata a las ocho y cuarto de la mañana y no se cansa hasta que la noche se ha quedado fría como una cena desperdiciada. El jefe habla de todo, pregunta por su novio, hace bromas sobre el Atleti, comenta las cosas del mundo, la suerte de tener trabajo en estos tiempos, la importancia que cobran las relaciones personales en una empresa y el compromiso humano con los objetivos. De vez en cuando invita a una copa en el bar de la esquina. Por ejemplo, hoy. Cuando el camarero le sirve el gin tonic, Carmen se atreve a decirle que necesita ordenar su vida, tener un horario. El jefe sonríe, la mira y dice: ay, Carmen, no me seas ahora populista.

El constructor invita a comer a su político. Aunque los tiempos han cambiado, repasan los dolores y las alegrías de la vida con la complicidad de siempre. El constructor sirve otra copa de vino y analiza el mercado de las obras públicas. El político está a dieta, pide dos entradas de tribuna para el partido del domingo y un pescado a la plancha, mientras arremete contra un mundo sin calorías, un país habitado por periodistas peligrosos y compañeros en los que no se puede confiar. Ahora se trata de no ser el chivo expiatorio, el castigo ejemplar. No, ya se ve que no, el político no quiere entrar en este negocio, no están los tiempos para arriesgarse, mejor ser prudente, esperar que las cosas vuelvan a su curso normal. Es verdad, siempre ha sido así, y todo volverá a funcionar así, seguro, pues claro, es el tanto por ciento que exige el progreso. Pero mejor dejarlo por ahora, la gente está muy cabreada, quiere carnaza… El constructor se pone serio y le dice: coño, no me seas populista tú también.

El escritor oye la radio, lee los periódicos, se esfuerza en padecer la televisión, baja a comprar el pan, habla con la gente del barrio, vuelve a casa y se sienta a escribir la columna. Hoy está decidido a ser un poco populista.

16 comentarios :

  1. Yo soy populista, he de reconocerlo me lo llaman amigos y familiares cuando discutimos de político o hablamos de temas sociales, claro que antes, ya les he llamado liberales o ultraliberales, una manera fina y delicada de no llamarnos unos a otros "hijo de puta".

    Un abrazo.

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  2. Los partidos ladrones que ahora están pactando para taparse las vergüenzas y seguir gobernando y robándonos como lo vienen haciendo desde siempre utilizan todo lo que tengan a mano para evitar acabar en la cárcel.
    Los tertulianos y medios de comunicación que tienen a su servicio les hacen el trabajo sucio a cambio de su jornal de víboras.
    Que les den a todos.
    A mí no me engañan.
    Aunque parece que a unos cuantos millones de votantes sí, a estos son a los que habría que aplicarles los nuevos impuestos y la futura rebaja de pensiones.

    Besos.

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  3. Parece que es el adjetivo de moda. Multi y mal usado.
    Saludos, Pilar.

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  4. Bueno, el término viene de antiguo, concretamente de los viejos tiempos de la República Romana, cuando existían dos bloques políticos : los Optimates ( las clases adineradas ) y los populares ( el pueblo llano ).

    Cuando alguno de los optimates ( que englobaba a la nobleza patricia, el orden ecuestre y comerciantes adinerados ) quería despreciar y degradar algúna ley promovida por los tribunos de la plebe, se refería a ella como "populista".

    Y leyes "populistas" decretaron incluso emperadores como Augusto, Tiberio y unos cuantos más, cuando se trataba de buscar el apoyo de las clases humildes, el pueblo llano.

    Ahora le damos un deje peyorativo que en su origen no tenía. Y con el tiempo, ha perdido su sentido original, convirtiéndose en un término degradante, en contra de la excelencia elitista del individualismo.

    Nuestro inclito lider, don Mariano es muy amigo de usar el concepto "interés general", otra entelequia que no sabemos muy bién que quiere decir, pero que sospecho se refiere a los intereses de su partido y sus disciplinados votantes del barrio de Salamanca en Madrid.

    No hay nada peor que unos políticos y unos periodistas faltos de una cultura básica.

    Un besazo

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  5. En mi país también se encuentra de moda el termino "populista". Se piensa que el gobierno actual se encamina hacia el temido populismo, ya que existe una gran desconfianza en las instituciones y un muy mal manejo de áreas sensibles para la población. Chávez y Morales nacieron de problemáticas similares en sus respectivos países, solo espero que mis compatriotas no pierdan el horizonte.
    Abrazos querida Pilar.

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  6. Ernesto Laclau nos habla acerca de tres dimensiones del populismo: en primer lugar, la unificación de una pluralidad de demandas en una cadena equivalencial; en segundo lugar, la constitución de una frontera interna que divide a la sociedad en dos campos; y, por último, la consolidación de la cadena equivalencial mediante la construcción de una identidad popular que es cualitativamente algo más que la simple suma de los lazos equivalenciales. En un primer momento surgen demandas aisladas, que en un determinado momento comienzan su proceso de articulación. Si hay una acumulación de demandas insatisfechas y una creciente incapacidad del sistema institucional para absorberlas de un modo diferencial (cada una de manera separada de las otras) comenzará a darse entre ellas una relación equivalencial. Esto dará como resultado la formación de una frontera interna, (separando al pueblo del poder) marcada por la dicotomización del espectro político local a través del surgimiento de una cadena equivalencial de demandas insatisfechas, en donde las peticiones se van convirtiendo en reclamos. El populismo es una articulación hegemónica en donde entra a jugar la figura del pueblo que dicotomiza el espacio social y se establece la figura de un líder en el lugar del ideal. El pueblo del populismo es una construcción que genera una división dicotómica de la sociedad, esto es, un nosotros (el pueblo) y un ellos (los enemigos del pueblo). La unidad del nosotros es permitida por el exterior constitutivo, es decir, un determinado exterior que no lo es en el sentido estricto del término, porque de alguna manera es parte de la identidad que ayuda a conformarla pero al mismo tiempo le impone un límite. Amenaza y confirma, contribuye a configurarla a esa identidad pero simultáneamente la acecha. A una demanda que, satisfecha o no, permanece aislada del proceso equivalencial, Laclau las denomina demandas democráticas. A la pluralidad de demandas que, a través de su articulación equivalencial, constituyen un subjetividad social más amplia, Laclau la denomina demandas populares. Por lo tanto, habrían dos modos de construir lo social: uno dado por la lógica de la diferencia y, el otro por la lógica de la equivalencia. Con respecto a la primera, se entiende por ella una lógica eminentemente institucionalista, en la que las demandas sociales son individualmente respondidas y absorbidas por el sistema. La prevalencia exclusiva de esta lógica institucional conduciría a la muerte de la política y a su reemplazo por la mera administración. (continua)

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  7. En el caso de la lógica de la equivalencia, la base de su prevalencia debe encontrarse en la presencia de demandas que permanecen insatisfechas y entre las que comienza a establecerse una relación de solidaridad. Todas ellas empiezan entonces a ser vistas como eslabones de una identidad popular común que está dada por la falta de su satisfacción individual, administrativa, dentro del sistema institucional existente. Esta pluralidad de demandas comienza entonces a plasmarse en símbolos comunes y, en cierto momento, algunos líderes comienzan a interpelar a estas masas frustradas por fuera del sistema vigente y contra él. Este es el momento en que el populismo emerge, asociando entre sí estas tres dimensiones: la equivalencia entre las demandas insatisfechas; la cristalización de todas ellas en torno de ciertos símbolos comunes y la emergencia de un líder cuya palabra encarna este proceso de identificación popular. Laclau aclara que la equivalencia y la diferencia son finalmente incompatibles entre sí; sin embargo, se necesitan la una a la otra como condiciones necesarias para la construcción de lo social. Lo social no es otra cosa que el locus de esta tensión insoluble. Asimismo, la diferencia y la equivalencia están presentes tanto en la totalización populista como en la totalización institucionalista. Pero un discurso institucionalista es aquel que intenta coincidir los límites de la formación discursiva con los límites de la comunidad. En el caso del populismo ocurre lo contrario: Una frontera de exclusión divide a la sociedad en dos campos. El “pueblo” en ese caso, es algo menos que la totalidad de los miembros de la comunidad: es un componente parcial que aspira, sin embargo, a ser concebido como la única totalidad legítima. (...) El pueblo puede ser concebido como populus -el cuerpo de todos los ciudadanos o como plebe -los menos privilegiados-. (...) A fin de concebir al “pueblo” del populismo necesitamos algo más: necesitamos una plebe que reclame ser el único populus legítimo – es decir, una parcialidad que quiera funcionar como la totalidad de la comunidad-La frustración de una serie de demandas sociales hace posible el pasaje de las demandas democráticas aisladas a las demandas populares equivalenciales. Una primera dimensión de la fractura es que, en su raíz, se da la experiencia de una falta, una brecha que ha urgido en la continuidad armoniosa de lo social. Hay una plenitud de la comunidad que está ausente. Esto es decisivo: la construcción del “pueblo” va a ser el intento de dar un nombre a esa plenitud ausente. Sin esta ruptura inicial de algo en el orden social no hay posibilidad de antagonismo, de frontera o de pueblo. Ahora bien, las relaciones equivalenciales no irían más allá de un vago sentimiento de solidaridad si no se cristalizaran en una cierta identidad discursiva que ya no representa demandas democráticas como equivalentes sino el lazo equivalencial como tal. Es sólo ese momento de cristalización el que constituye al “pueblo” del populismo. Lo que era simplemente una mediación entre demandas adquiere ahora una consistencia propia. Se ha sostenido que en la teoría de populismo de Laclau hay un desplazamiento desde el contenido hacia la forma, cuestión que favorecería una serie de ventajas: primero, resuelve el problema de ubicuidad del populismo, pues el populismo se define como una manera de articular ciertos contenidos. En segundo lugar, nos permite entender cómo circulan, entre movimientos de signo político opuesto, ciertos significantes que se van autonomizando de las formas de articulación originales. La tercera ventaja nos permite analizar hasta qué punto un movimiento es populista (y no preguntarnos si es o no es). Un discurso será más o menos populista según el grado en que sus contenidos estén articulados por lógicas equivalenciales. Esto significa que no existe ningún movimiento político que esté enteramente exento de populismo.

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  8. Son modas, de hecho algunos empezaron a utilizar el termino sin saber muy bien que significaba, la falta de vocabulario nos hace recurrir a muletillas, para mi es alguien que dice lo que el otro quiere escuchar para conseguir su favor y de estos haberlos haylos. Abrazos

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  9. En el artículo estupendo que has compartido, el "no me seas populista" a mí me suena a "no me seas lloron/a"; "no me vengas ahora a reclamar tus derechos.."El término populismo en política parece que se usa en tono peyórativo, como si el partido populista en cuestión ofreciera al pueblo soluciones imposibles a las necesidades serias y reales qué éste tiene. Como si ser populista significara engañar al pueblo de una manera muy descarada subestimando con ello su inteligencia. Un abrazo Pilar.

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  10. Estoy de acuerdo en que son modas (como dicen más arriba). Ciertos términos sirven a alguien en algún momento dado para explicar la misma realidad de otra forma(de acuerdo a sus intereses). Pero la realidad sigue ahí, ajena a los refinamientos de los adjetivos.
    La gente que tiene un lenguaje rico en palabras no necesita subirse a las modas lingüísticas. Simplemente explica con sencillez y claridad lo que quiere expresar. Besos

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  11. Hay modas para palabras como las hay con la ropa, el problema con el lenguaje al mal usar los términos es que termina siendo impreciso, vago y da lugar a malentendidos que dificultan la comunicaciòn entre las personas.

    Específicamente en "populismo" tampoco a mi me gusta la definición de la Rae por imprecisa y ambigua: más que de "atracción"de masas, debiera hablarse se "manipulación" de masas (o clases populares).

    Besos, Pilar

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  12. El comentario anónimo que me antecede, es mio, Pilar. No se porque no salio con mi perfil desde el móvil. Besos

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  13. Brillantisimo el/los comentarios de charly vera al q me he enganchado antes q al articulo de garcia montero. Ahora voy a leer el de don luis.

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  14. Leido. Es un articulo de ciencia ficcion. No existen jefes del atletico, los jefes son todos del barsa y del madrid y lo mas importante a nadie de zaragoza se le ocurre llamar antes de las nueve.
    En serio.Para el autor nuestro populismo es decir lo obvio, lo contrario a nosotros es lo absurdo. Por cosas como estas considero a montero de los mejores poetas y de los peores politicos. Un poeta al q seguimos miles con adoracion y un politico q no es capaz de sacar ni un escaño en su pueblo.
    Abrazos Pilar.

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  15. Interesante Pilar,
    Hay palabras que parecen ponerse de moda y se aplican casi a modo de insulto, cuando hay tantas cosas de las que sería necesario avergonzarse.
    Estoy contigo en poner ese piiiiiiiii mental.
    Un saludo

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  16. Muchisimas gracias por vuestros comentarios, cada día aprendo de vosotros y vosotras, disculpad si ando un tanto inconstante.
    besos

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