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De pajas ajenas

Cada día esperamos, con cierta socarronería, la última hora de Trump, tan imprescindible para cerrar la jornada como la viñeta de Forgues o el Dietario de Ramoneda, que con un par de pinceladas o tres razonamientos bien armados resumen la actualidad sin perder de vista el pasado y peleando con las brumas para avistar el futuro.

Trump, corbata XXXL, pelazo imposible y ese tono anaranjado que remite irremediablemente a cualquier capitulo de Los Simpson, nos proporciona el chascarrillo del día, bien puede ser por la publicidad de los productos de su querida hija Ivanka en los salones de la Casa Blanca o la pertinaz ausencia de su esposa cansada de que veamos como la trata; o por su actividad política vía decretos ejecutivos; contra el medio ambiente, los inmigrantes, las ciudades refugio, la asistencia sanitaria, a favor de la venta de armas a enfermos mentales…, o por sus declaraciones sobre política exterior (las realizadas junto al primer ministro de Israel son para verlas despacio) o por su conferencias y ruedas de prensa en las que no duda en mentir o inventar realidades que encajen en su discurso, como lo sucedido en Suecia, mientras insulta y mangonea a los medios que no terminan de tragar con su teoría de los hechos alternativos, simples mentiras repetidas hasta que adquieran el peso de la verdad irrefutable.

Y asistimos al espectáculo de lo que bien podría ser la caricatura de un Presidente con una mezcla de estupor, vergüenza ajena y miedo, porque lo mismo le da qué en Suecia no haya sucedido nada de relevancia, que sus decisiones provoquen dolor y miedo o que su cruzada contra los medios se haya salido de cualquier escenario razonable. Cuando apagamos la televisión o ha pasado a ocuparse de lo que realmente importa (el fútbol), sentimos alivio, al fin y al cabo los EEUU quedan lejos.

Pero sus aportaciones diarias realizan una importante función, mientras nos entretiene, escandaliza y sorprende, olvidamos que nuestro Presidente asegura que España va cada día mejor, la luz baja cuando llueve, los bancos ganan dinero y debemos invertir en planes de pensiones privados, la bolsa sube y reparte beneficios entre los de siempre, la justicia es igual para todos empezando por la Infanta, su marido o un señor el Presidente de Murcia y si no es así te cambio un fiscal por otro más obediente, aprovechando la bonanza vamos a gastar más en defensa, rebajar las condiciones laborales de investigadores e investigadoras (las de ellas, siempre más gracias a la creciente brecha salarial) y, las pensiones, ya si eso…

Puede que no nos demos cuenta porque lo dice muy reposadamente desde los medios que controla directamente (¿cuántos estamos al tanto de las protestas de los periodistas de RTVE por la censura que sufren?) o indirectamente mediante las ingentes campañas de publicidad institucional que suponen buena parte del sustento de medios que nadie compra. 

Puede que no nos demos cuenta porque Rajoy, que anda rápido y habla raro, hace mucho tiempo que introdujo sus realidades alternativas mediante el uso perverso del lenguaje; crecimiento negativo, espíritu aventurero, reforma por recorte, flexibilidad por merma de derechos, crédito blando por rescate, frente al discurso agorero y radical de quienes se atreven a pensar distinto (o miran la realidad de la calle).

O puede que no nos demos cuenta porque de antiguo viene aquello de la incapacidad de ver la viga si es nuestra.
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Justicia sorda

Recuerdo hace años, muchos años, en una de las pocas prácticas que se hacían entonces cuando estudiabas Derecho, que me topé de bruces con la enorme distancia entre Ley y Justicia, o dicho de otro modo, con los oscuros vericuetos a través de los cuales lo que para cualquiera es claro y palmario para la Ley puede no serlo.

Entonces comprendí muchas cosas, decidí que no sería capaz de aplicar una norma que considerase injusta y entendí que estaba inhabilitada para ejercer la judicatura, una de las opciones que contemplaba con más ilusión. Bastantes trienios después sigo contemplando como el sistema judicial pervierte la Justicia, ese concepto abstracto que sin embargo sentimos con claridad en nuestro fuero interno incluso cuando los casos son bastante más complicados que si Pepe ha matado a Juan.

Demasiados ejemplos estos días, valgan un par de diferente calado;

La Fiscalía General del Estado se impone, de nuevo, ante el fiscal natural, esta vez en el caso contra el Presidente de la Comunidad Autónoma de Murcia, las fiscales Anticorrupción asignadas al caso no han firmado el informe de oposición (único gesto, vacío pero probablemente con consecuencias en un estamento jerarquizado, que pueden hacer), pero no es algo extraordinario, también ha necesitado el Fiscal General del Estado (nombrado por el Gobierno, de acuerdo con su Estatuto) hacer uso de su superioridad para oponerse a los encausamientos de Alberto Nuñez Feijoo o José Blanco por prevaricación, e incluso ha torcido la mano a la totalidad de los fiscales catalanes para empujar el juicio contra Artur Mas, Irene Rigau y Joana Ortega, en el asunto del 9M. Las consecuencias son diferentes según los casos, porque en el primero será el Juez quien finalmente determine, pero en otros, sin fiscal acusando simplemente no hay causa. De algún modo el Fiscal se erige así en Juez, evitando que se sometan a la Ley actuaciones como poco, en el margen, amplio y gris, de la legalidad vigente.

El otro ejemplo es la sentencia del primer caso Gürtell, en el que se aprecia una curiosa desproporción entre las penas de quienes armaron un sistema para ordeñar la vaca pública a favor de sus personales intereses (lucro por lucro) frente a quienes realizaron las gestiones que lo permitieron, es decir quienes sacaron el dinero de todos (el que se recauda vía impuestos) para el beneficio directo de unos pocos, y sobre todo la ausencia de pena alguna para quienes escondidos bajo unas siglas y un pájaro, (me da lo mismo si es un charrán o una gaviota) se beneficiaron de tanto ir y venir de lo que de tanto menguar no da hoy para rescatar de la pobreza o la precariedad a tantos y tantas ciudadanas que creyeron que este era un sistema justo, o que en el caso de Valencia sirvió de excusa para mantener a los niños en aulas prefabricadas dignas de un campo de refugiados. 

El Partido Popular sale, de nuevo, limpio de polvo y paja, como si quienes metían la mano en la caja hubieran podido hacerlo sin su nombramiento y apoyo, como si ocupasen esos puestos por sí mismos o como si de rondón entre tanta transferencia onerosa para las arcas públicas no hubiesen recibido ellos como partido, beneficio alguno.

Que a estas alturas nadie se haya planteado que el Partido Popular es el responsable directo de todos estos asuntos de corrupción, que gracias a estas prácticas han pagado campañas, comprado voluntades o financiado medios para su eterna y pertinaz loa, y que por tanto se dan motivos suficientes para proceder a la condena de sus responsables y la declaración de ilegalidad del mismo, es algo que desde mi humilde formación jurídica sigo sin comprender, hasta que me paro y recuerdo que la Ley apenas viste a la Justicia y sus mecanismos están muy lejos de ser imparciales.
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Las mujeres y la ciencia


El pasado día 11 se celebraba el Día Internacional de la mujer y la niña en la ciencia, un modo de poner de manifiesto todavía enorme brecha de género entre quienes dedican sus capacidades y esfuerzos a las diversas áreas de investigación científica. 

Superado el planteamiento de que las mujeres somos más de letras, que se decía en mi época de estudiante con un cierto aire de condescendencia, parece que la razón última sigue siendo educacional, que no hay nada en una mujer que la haga menos capaz para estas disciplinas, así que la culpa sigue siendo nuestra; a ellas no les regalamos el quimicefa o lo que sea que lo haya sustituido, ni las empujamos a que experimenten y quizás se manchen, ni parece preocuparnos que elijan incluso tempranamente áreas más tradicionalmente femeninas ligadas a los sentimientos (por no decir a los cuidados).

Puede que la falta de modelos sea parte del problema, apenas somos capaces de recordar de memoria el nombre de más de una investigadora (Marie Curie, descontada) a pesar de que las hay y las ha habido, quizás por eso sea interesante y meritorio el esfuerzo por colarlas en nuestro imaginario a través de películas y libros, como el caso de la película Figuras ocultas contando la historia de la imprescindible aportación de tres mujeres afroamericanas a la carrera espacial de la NASA, o la novela Las calculadoras de estrellas que partiendo de la historia de María Mitchell, la primera mujer admitida en la Academia Estadounidense de las Artes y las Ciencias en 1848, narra el callado, oscuro pero imprescindible trabajo de un grupo de mujeres conocido como las calculadoras de Harwad y de cuyas aportaciones al estudio y comprensión de las estrellas es deudora incluso la teoría del Big Bang.

La historia no está de nuestra parte porque para dedicarse a la ciencia ni siquiera basta con una habitación propia, pero a pesar de todo ha habido mujeres capaces de seguir adelante con sus preguntas como Hipatia de Alejandría, Hildegarda de Bingen, Ada Lovelace, Marie Curie, Barbara McClintock, Jocelyn Bell o Margarita Salas, mujeres que han realizado aportaciones trascendentales al mundo en que vivimos a pesar (y suena como una losa) de ser mujeres.

Ojalá seamos capaces de no arrancar la curiosidad de las mentes de nuestras hijas, dejar a su alcance libros como La evolución de Calpurnia Tate, puede que ayude.
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Fiesta de corazones



Desde El Corte Inglés a Telepizza pasando por cada uno de los cada día más incomprensibles anuncios de colonias y perfumes nos recuerdan que hoy es el día de los enamorados (como tengo una edad, esto tiene música sesentera de fondo). Y hoy es el día en el que los que se oponen a toda celebración comercialmente pautada nos recordarán que amar es cosa de cada día y que una relación abandonada a su suerte no se salva con unas flores de último minuto.

También hoy, como desde hace unos años, las feministas más implicadas en la lucha contra la violencia machista cada día más desatada, cada día más cruel y cada día más olvidada por aquellos y aquellas a quienes elegimos para dictar las leyes que nos protegen y que se limitan, como mucho a convocar minutos de silencio en vez de destinar medios y fondos a esta lacra que ya supera las víctimas del terrorismo; y lo harán desde todos los frentes y sobre todo desde la concienciación a las más jóvenes, más sensibles al amor romántico que confunde penas con amores o celos con pasión, y usarán un lema que adopta formas diversas pero que grita: Si te hace daño, no te quiere.

Y hoy, de nuevo hoy, me confesaré cursi y romántica y os reconoceré que tengo un regalo para él, que robaremos tiempo al tiempo y trataremos de comer juntos y perder al menos un instante en mirarnos y volver a reconocernos.

Feliz San Valentín
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Cuando acaba el ruido


Este fin de semana todo pasaba por Madrid, ya fuese la Caja Mágica donde el Partido Popular sordo y mudo a la primera de las condenas de la Gürtel seguía alabando la voz de un Rajoy que se sabe ganador desde la poltrona de la indolencia, seguro de que a la derecha no hay nada porque rebosa cualquier extremo; ya se tratase del pabellón de la ONCE desde donde el alcalde de Vigo hacía de anfitrión de alcaldes del PSOE reunidos con expectación para la nopresentación de la candidatura de Susana Díaz que se quedó en un alarde de ganas, fuerza e ilusión; la plaza de Vistalegre donde Podemos celebraba su 2ª Asamblea Ciudadana estatal, como traca final del proceso de votaciones de documentos, listas y candidatos, o como se ha venido a llamar el duelo al sol donde Pablo se ha impuesto a Íñigo,si bien la representación del sacrificio puede que se retrase unos días; o el Palacio de los Deportes donde ella, la tonadillera que pasó de ser la viuda de España a la primera famosa encarcelada por aprovecharse de la corrupción, triunfaba ante sus fans tanto o más entregados que los que vitoreaban (con elegancia y recato) al presidente que anda rápido, los que reclamaban unidad en Podemos (probablemente sedientos de la sangre del adversario) o los que adulaban a la andaluza sin hacer caso a su bases cada día más revueltas.

Ha sido un fin de semana de muchos gritos, de muchos lemas, de mucha frase entregada al clamor de la gente, pero ya ha caído el telón y puede que muchos al acostarse esta noche tengan la incómoda sensación de tener la cabeza caliente y los pies fríos.

En el silencio el lunes se agazapa dispuesto a encararnos con un país que ante la violencia asesina sigue sin poner medios ni remedios, que ante la precariedad mira hacia otro lado, dispuesta a condenar a quienes ganan demasiado (ahora los estibadores, mañana tú), que ante el frío oscuro de quienes no pueden pagar la luz mira al cielo con la esperanza de una lluvia que ni cuando la pertinaz sequía...porque la realidad sigue estando aquí.
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En la niebla


Acabo de terminar La hora de despertarnos juntos de Kirmen Uribe, una novela con estructura de investigación biográfica sobre Karmele Urresti (enfermera) y Txomin Letamendi (trompetista) que sirve al autor de excusa para volver a contar la guerra, el exilio y la vida bajo la dictadura de Franco, en este caso de un grupo de nacionalistas vascos cercanos al lendakari Aguirre.

A pesar de los interesantes datos sobre las actividades del gobierno vasco en el exilio o de su aportación, mediante la prestación de servicios de espionaje, a la victoria de los aliados en la II Guerra Mundial, su tono buenista, costumbrista, rayando lo naif en la construcción de los personajes le resta emoción, solidez y casi me atrevería decir, veracidad.

Sin embargo tengo que agradecerle esta cita de Milan Kundera:

“El hombre es el que avanza en la niebla. Pero, cuando mira hacia atrás para juzgar a la gente del pasado, no ve niebla alguna en su camino. Desde su presente, que fue su lejano porvenir, el camino le parece del todo despejado, visible en toda su extensión. Mirando hacia atrás, el hombre ve el camino, ve la gente que avanza, ve sus errores, pero la niebla ya no está.”

Uribe recurre a este texto, enmarcado en una reflexión del checo sobre la connivencia con los delitos soviéticos, para justificar el apoyo inicial a ETA y la posterior actitud de buena parte del pueblo vasco, pero más allá de la intención de ambos, creo que proyecta una poderosa imagen y abre un interesante debate.

Es cierto que el análisis del pasado es más sencillo que la evaluación del presente, anticipar las consecuencias de nuestras acciones u omisiones no es sencillo, pero convertir en niebla el presente, esconder nuestras responsabilidades, ¿no sería un modo de declararnos incompetentes para la vida o refugiarnos en sus dificultades para resultar absueltos de nuestras decisiones?
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Una mujer persiguiendo palabras



Desde hace unos días la Academia de la Lengua (RAE) cuenta con una nueva académica de número (curioso que no se llamen de letra) la lexicógrafa Paz Battaner ocupa el sillón s minúscula, elevando a ocho, apenas un 17%, el número de mujeres.

Ante la insistencia de los medios de comunicación en poner el acento en esta obvia desigualdad, Battaner ha declarado: “deberían hacer más hincapié en la presencia de mujeres en los consejos de administración de las empresas del IBEX”, “la RAE debe rejuvenecerse y albergar más mujeres” o “las mujeres transmitimos la lengua a nuestros hijos, y se dice lengua materna, así que es natural que estemos en organismos que se ocupan de la lengua”. 

Interrogada sobre su posición ante el papel del diccionario en las políticas de igualdad, fuente de interminables conflictos entre el movimiento feminista y algunos destacados miembros de la Academia siempre prestos a defender el status quo de las palabras como si no fueran un modo de perpetuar la desigualdad y el machismo, no ha dudado en puntualizar que éste tan sólo debe “describir cómo usa la gente las palabras. No ir por delante.

Ni la carta de presentación de sus entrevistas en prensa, ni el título de su discurso Algunos pozos sin fondo en los diccionarios me han resultado especialmente atractivos pero como la sororidad bien entendida (o mal, que aún no he conseguido interiorizar el término que el DRAE no incorpora) también implica dedicarle tiempo al estudio de lo que hacen y dicen otras mujeres, me he asomado al brocal de su pozo para descubrir que a pesar del estilo académico (duro de leer, no quiero imaginar de escuchar) plantea un reto interesante: analizar cómo definen los diccionarios los sustantivos abstractos, esas “palabras comunes e imprescindibles que hemos inventado para inventar la vida”.

Propone una larga y dificultosa excursión por “la zona de la realidad que la palabra inventa”, un ejercicio de inmersión en el modo en que los diccionarios describen los “sustantivos que no presentan un referente físico o material en su primera acepción lexicográfica”, una inmersión que para ser placentera requeriría una base técnica de la que carezco así que confieso que me he atascado una y otra vez e incluso he estado a punto de ahogarme entre referencias técnicas y ejemplos no siempre clarificadores, pero tras llegar al fondo e impulsarme de vuelta, creo que he conseguido extraer un par de conceptos interesantes junto a lo que me ha parecido una audaz propuesta en boca de quien a priori no parece una revolucionaria.

Plantea Paz Battaner que la capacidad de conceptualizar es una muestra de nuestra humanidad al proporcionarnos herramientas para vivir en sociedad, así podemos hablar de democracia, libertad, alegría o lealtad y ser capaces de entender lo que decimos. Pero a diferencia de palabras como árbol o mesa que son lo que son y cuentan con una imagen mental clara, los sustantivos abstractos se extienden más allá de su definición básica mediante una negociación evolutiva entre los hablantes requiriendo de un amplio contexto para ser comprendidos en su esencia, si no cambiante, al menos sí, adaptativa. 

Así los diccionarios deben hacer un esfuerzo, que la académica considera hoy posible gracias a las nuevas tecnologías, por ofrecer a los hablantes herramientas que permitan alcanzar la “comprensión de lo expresado e indicaciones para el uso afortunado de cada término”. Paz Battaner defiende un ambicioso trabajo de ampliación, depuración, clarificación y actualización de los significados que el diccionario ofrece en el caso de los sustantivos abstractos cuya precisión es tan necesaria como compleja, un esfuerzo de análisis, valoración, lectura y comprensión que me ha recordado la pasión controlada y constante de María Moliner en la elaboración de su diccionario.

Creo que en tiempos de la taimada postverdad las palabras requieren límites de milimétrica precisión que nos permitan hallar algo de luz entre tanta tiniebla de voceros interesados y ruidos mediáticos, lo que convierte la propuesta de Battaner en la valiente tarea de poner el mundo blanco sobre negro, permitiendo que al comprender el significado de las palabras con las que construimos, podamos aspirar a inventar la realidad soñada.
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El sueño de los magos

Hace unos meses descubrí casi por azar un precioso bajo relieve románico que reproducía la escena de los Reyes Magos que tras entregar sus regalos al Niño, reciben en un sueño el mensaje del ángel que les indica que no vuelvan a ver a Herodes para contarle dónde encontrarlo.

A pesar de la escasa luz, mi fotógrafo de cabecera consiguió esta estupenda imagen:


Se encuentra en el primer ábside según se accede a la Iglesia de Santiago en Agüero, una joya del siglo XII, en la que trabajaron los maestros de Santo Domingo de Silos y San Juan de la Peña, y en la que las abundantes marcas de cantero añaden misterio a un templo que nunca fue terminado.

Este fin de semana hemos estado en Soria y contemplando bajo la lluvia la impresionante fachada románica de la Iglesia de Santo Tomé, hoy Santo Domingo, de finales del S.XII en la tercera arquivolta (tras los ancianos músicos del Apocalipsis y la matanza de los inocentes) donde se cuenta la infancia de Jesús, hemos reencontrado la imagen de Agüero, el sueño de los Reyes:


He estado investigando y nadie aventura la identidad del maestro, pero por el momento de la construcción, el estilo, la base política de su edificación, ¿podría el maestro de Santo Domingo de la Calzada ser el autor de ambas escenas?

No dejo de imaginarlo al estilo de Los pilares de la tierra, recorriendo los caminos desde el Reino de los Mayos a los campos de Soria, quizás una familia de ascendencia francesa venida de aún más lejos atraídos por las inversiones que Iglesia y Estado estaban dispuestos a hacer al calor del Camino de Santiago.

No queda constancia de sus nombres, pero su cincel sigue evocando el sueño. 
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Diecisiete años en el limbo



Escucho en la radio que una persona que entra en un campo de refugiados pasará en él una media de 17 años y no puedo evitar pensar qué tipo de horrible condena puede ser esa.
 
Durante 17 años tu vida y la de los tuyos se encontrará sometida las reglas del campo, cosas tan sencillas como salir o entrar estarán condicionadas a la obtención de un permiso a su vez condicionado por el estado de gravedad del conflicto, la permisividad de las autoridades del país en el que se encuentre en el campo con respecto a trabajo, educación…, durante diecisiete años la dieta de tu familia será decidida por las autoridades del campo que en la mayoría de los casos solo podrá gestionar aquello que organizaciones de ayuda humanitaria sean capaces de introducir en el mismo, básicamente productos poco perecederos.

En todo este tiempo tus hijos, si eran pequeños, se convertirán en hombres y mujeres que han crecido en una burbuja sabedores de que no son sus padres quienes deciden sus límites sino otras personas tan lejanas que se convertirán en una especie de dioses o demonios a los que no comprenderán, si cuando entraron eran tan pequeños que no recuerdan qué os llevó allí, no podrán entender porqué viven prisioneros si no han hecho nada. Si eran jóvenes habrán quemado casi 20 años de su vida en un limbo donde las ocupaciones normales; estudiar, trabajar, viajar, experimentar, enamorarse… se habrán visto terriblemente condicionadas, lo que sin duda dificultará su reingreso en una sociedad normal.

Si a tu lado caminaban tus padres, ya mayores, es muy posible que sus vidas se hayan apagado tras la valla del campo, una sombra que planeará cada vez que te replantees lo acertado de la decisión. Tu vida detenida en un espacio cerrado, en una cárcel más o menos amplia, en un lugar mísero, porque un campo de refugiados es un espacio dónde apenas se gestiona más que miseria y miedo, tu vida aparcada a cambio de conservarla.

Imagino que cuando la guerra y el terror se ciernen sobre ti, cualquier escapatoria parece mejor que esperar el futuro en tu casa (si te queda casa), pero ¿sabiendo que pasarán diecisiete años antes de volver a ser libres, entrarían en el campo?

Mientras vuelvo de esta reflexión tan triste escucho a un miembro de mi gobierno regional hablar sobre el drama de la despoblación.
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Muñecas gastadas


Cuando las pilas se agoten, separa las aquí. 
(entiendo con mi nivel de catalán en la intimidad)


Este es un cartel de una campaña de reciclaje de pilas de la Generalitat, con el que me tropecé hace algunos días en un área de descanso camino de la playa, le hice una foto con el móvil y aún ando preguntándome cómo se vincula, sin ofender gravemente, la protección del medio ambiente mediante la recogida selectiva de baterías, con estas mujeres/muñeca.

¿soy muy rara o el cartel tiene el gusto más que allí... y debería ser retirado las tras oportunas disculpas del responsable?
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Horóscopo


Imagina que tu vida depende del signo astrológico bajo el que has nacido y no solo hablo de tus oportunidades de educación o empleo, sino incluso de contar con un limitado abanico de opciones para encarar la realidad que determina hasta cual debe ser el modo en que reacciones a una decepción, un ataque o la pérdida de un ser querido.

Este es el punto de partida de Zodiac la novela de Sam Wilson que me ha entretenido estos días en mis trayectos en tranvía, una novela negra amena y bastante ágil en la que se diseña un mundo distópico basado en algo tan estúpido como el horóscopo convertido en la verdad que rige los destinos de cada persona y por ende, del mundo.

Si eres Libra serás buena asistenta, si Capricornio, lo tuyo serán los negocios, si eres Virgo nadie esperará de ti una mente brillante y si Aries, violencia, marginalidad y pobreza serán tu futuro. Ya no importan las razas y apenas los géneros, ahora la clave está en la disposición de los planetas en el cielo, algo que tus padres deberán controlar si no quieren tener un vástago desclasado.

La idea parece muy tonta o muy loca, un recurso para narrar la historia de un asesino en serie en un entorno diferente en el que las pruebas de ADN se sustituyen por cartas astrales, salvo por el hecho de que entremezcladas con la investigación de los crímenes se ofrecen al lector claves que ponen en duda si estamos hablando de astrología. El determinismo, la rebeldía tecnológica de los más atrevidos (las escenas de activistas grabando con sus móviles me ha hecho recordar un pasado sin Ley Mordaza), el terrible efecto de la mentira más simple, el miedo a destacar, el poder de las verdades absolutas se entrecruzan formando el telón de fondo de la novela.

Terminada la historia, consulto en Twitter las noticias y encuentro, de nuevo, las reacciones a las resoluciones de Trump, declaraciones tibias y temerosas de los países europeos (parece razonable que apenas musitan quienes, sin afirmarlo, condenan a muerte a los refugiados entre las olas, los mantienen sin recursos en condiciones vergonzosas en suelo europeo o los entregan por unas pocas monedas al gobierno turco para que los haga desaparecer tras sus propios muros de silencio y prensa amordazada), y pienso si no es igual de absurdo segregar a la gente por su religión o su capacidad económica, factores determinados por el lugar de nacimiento, la familia, las oportunidades educativas, sociales, culturales, económicas… tan aleatorias como nacer bajo el signo de Piscis.

Llevamos años disfrutando del miedo controlado de terribles mundos futuros sin darnos cuenta de que ya vivimos en ellos.
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