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El show de la información

SälvameHace años me sorprendí vaticinando una revolución televisiva que sí se produjo, curioso porque como profetisa tengo más de Aramis Fuster que de Casandra, los protagonistas de los programas rosas, de corazón iban a dejar de ser artistas o famosos de más o menos pelo para pasar a ser los propios 'periodistas' colaboradores.

Porque eran mucho más baratos y estaban mucho más dispuestos a cualquier cosa para seguir saliendo en la TV ya que han hecho de su popularidad (y vale lo mismo que te quieran o que te odien, el caso es que te sigan) su único medio de vida. Y así Sálvame se convirtió en el top de lo que llamamos despectivamente televisión basura e impregnó otros formatos, primero los de telerealidad como Gran Hermano o la Isla de los supervivientes, donde los colaboradores, algunos con tan poco mérito como ser la exmujer del hermano de una cantante fallecida se convirtieron en el centro de horas y horas de tele, contando sus desgracias, ingresos hospitalarios incluidos, sus cambiantes recuerdos, hasta dejar de necesitar la etiqueta que los llevó por primera vez al asiento.

Así los programas dejaron de ser lo que eran, espacios en los que se comentaba con mayor o peor gusto la vida privada de otros, para ser copias histriónicas de patios de vecinas en los que se grita, insulta, llora, unos se van dando un portazo y otros se quedan sin que nada tenga sentido alguno, porque no se pretende tal cosa sino entretener con el ruido y el exceso llevando cada día un poco más lejos el concepto vergüenza ajena sin perder por ello esa extraña capacidad de abducirte. (yo me salto Tele5 cuando hago zapping, por miedo a quedar atrapada)

La sexta noche
Pues ahora y tiene aún menos mérito porque a toro pasado es difícil no acertar, me atrevo a vaticinar que estamos a punto de culminar el proceso de Salvanización de toda la parrilla televisiva y sobre todo de lo que nació a mitad de camino entre la información y la tertulia, de aquella respuesta mediática al nuevo interés que la política había despertado tras el 15M y la aparición de los nuevos partidos.

Esos programas de mañana, tarde y noche en los que se analiza la realidad, fundamentalmente política y que cada vez ceden más protagonismo a los tertulianos (bastantes de ellos y ellas periodistas en activo) que a los temas. En casi todos se juega a la versión política de 'tensión sexual no resuelta' que tan buenos réditos dio a las series americanas en su momento, incorporando a alguien que opine siempre lo contrario que el resto, animar el debate lo llaman, pero lo cierto es que se deslizan cada vez más hacia el espectáculo, perdiendo rigor informativo y rindiéndose al ‘atractivo’ de los zascas (bofetadas sin mano, todavía, que a modo de respuesta cortante se dedican unos a otros, buscando la efectividad y el descrédito del oponente).

La participación del público como telón de fondo que aplaude o abuchea, sin que sepamos si al toque de pito del jefe de la clá o el regidor, el seguimiento en doble pantalla vía Twitter, los vanos intentos del conductor o conductora del programa de recomponer el debate cuando hace rato que se ha salido de madre, alcanzanzo así mayores cuotas de share, sin más objetivo que mantener caldeadito el ambiente, los insultos, las mentiras, la información sin contrastar, el titular sobre el fondo y la necesidad de quemar temas, se han llevado por delante cualquier posibilidad de ofrecer información real a los televidentes, así que cómo extrañarse de que cada día más gente decida informarse directamente en los programas satíricos, al menos allí la verdad se cuenta desde su propio burladero.

Pero si el circo de Sálvame, sea naranja, amarillo, delux, superviviente, granhermano no tiene más trascendencia que atontarnos con un circo absurdo y cada día más de los horrorores, o convertir en aspiración ser como ellos famosos por enseñar sin pudor su propia miseria, la imparable salvanización del resto de la parrilla, tiene consecuencias graves.

“La información es cada vez más sesgada, menos independiente y menos rigurosa. Y así la ciudadanía se forma opinión en base a errores o mentiras. Una serie de parámetros extraordinariamente peligrosos porque con esa opinión tienes mucho riesgo de equivocarte y, en consecuencia, las decisiones que vayas a tomar van a afectar a ti, a tus hijos y a la construcción del mundo” le dice María Rosa Calaf en una estupenda entrevista realizada por Ana I. Bernal Triviño en Público. Poco que añadir.

8 comentarios :

  1. A todo eso que cuentas, Guy Debord le llamó la sociedad del espectáculo, y está recogido en un texto del mismo título, entre otras cosas dice: "El espectáculo no es una colección de imágenes, es una relación social entre la gente que es mediada por imágenes". El capital nos ha ganado gracias a ello y ahí están las consecuencias. SIGAMOS CON EL ESPECTÁCULO.

    Un abrazo.

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  2. Mira que te lo tengo dicho y no me haces caso. El periodismo como tal ha muerto hace tiempo. Lo de ahora es puro espectáculo. Show business. Para entretener a las fieras.

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  3. Lo has definido de una forma certera, la extensión de la "telebasura" dedicada a los asuntos de cama, al debate político, eliminando la búsqueda de la razón y el mensaje, y substituyendolo por peleas de gladiadores, donde lo único que importa es quién sangra más sobre el plató.

    No se si la poca o nula formación de la opinion ciudadana se debe a esta pobreza de información, o bien es al revés, que nos colocan estos espectáculos porque casi nadie tiene un opinión formada como para asistir a un debate serio y entender lo que se dice.

    ¿ El huevo o la gallina ?.

    Sea como sea, es lo que somos, un país que practica la política como si fueramos todos unos fanáticos del fútbol jaleando a su equipo sin ningún racionalismo.

    Un besazo

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  4. No soy de los que creen que todo tiempo pasado fue mejor, pero en lo que se refiere a periodistas y programas de debate en televisión he de reconocer que añoro a profesionales como José Luis Balbín y La clave, programa que no gustaba nada al "gran estadista, luchador incansable por la libertad de prensa y expresión" Felipe González, que le declaró la guerra sin cuartel hasta conseguir su desaparición de la parrilla de TVE.

    Abracito pa ti, Pilar.

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  5. Todos esos programas tienen el peligro evidente de que están guionizados y los malos rollos son teatro pero teatro que muchos televidentes creen realidad. Si llevas eso a la prensa del corazón el daño es irrelevante en cuanto irrelevantes son los temas. Si lo llevas a la política ya vamos peor. La gente votará al mejor showman. En ese sentido Rajoy perdería pero por eso dejó a Soraya en su momento que bailase por el hormiguero. Se banaliza todo.
    Rosa María Calaf, como tú, lleva mucho tiempo de pitonisa. Y sois buenas. Buen inicio de semana.

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  6. Lo malo de todo eso es que se sueltan, más que información veraz, títulos, por aquello de captar la atención y que el personal mañana hable de ese título y no de lo demás.

    Pero es que rizando el rizo yo añadiría que se lanza todo, incluso en plan "periodístico", y si luego era mentira nadie rectifica. Es decir: lo tocado por lo palpado. Y quien caiga en el camino, pues se siente: no haber estado ahí.

    Lo que asusta (al menos a mí) es que muchos piensan que lo que sale en la tele es siempre verdad.

    Abrazo fuerte.

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  7. a mí últimamente, no para de rondarme algo que leí hace años en un libro titulado "Nana" de Chuck Palaniuk... que "Orwell se equivocó con el Gran Hermano, que el Gran Hermano no nos mira, que el Gran Hermano está cantando y bailando, sacando conejos de la chistera, ocupado en reclamar nuestra atención a cada momento que pasamos despiertos, para asegurarse de que permanecemos distraídos, para que se marchite nuestra imaginación. Si el mundo te mantiene ocupado, nadie tiene que preocuparse por lo que tienes en mente."
    pues eso...
    un placer, como siempre, pasar por aquí!
    besotes!!

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  8. Es un tiempo de medias verdades. Lo más grave es esa capacidad de aducción. Yo pensaba que el tiempo lo cura todo hasta esos programas pero veo que no es así, siguen, siguen y siguen. Saludos.

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