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No se conocen

No se conocen, pero él sabe muchas cosas, cosas tontas como que cada vez que consigue que el pelo se le apoye sobre los hombros se lo corta, que nunca lleva los labios sin pintar o que le gustan las bufandas y los guantes de colores, otras más importantes como que tiene alergia a los árboles de la plaza o que ha tenido dos embarazos, a veces se imagina a los hijos o hijas que ya deben algo más que adolescentes.

No se conocen, pero sabe que fuma, que se colgaba el bolso siempre en el hombro izquierdo hasta que debió causarse una lesión, le daba pena verla con el cabestrillo que llevó algún tiempo, y ahora lleva bolsos de mano, grandes e imagina que pesados, quizás llenos de esas cosas inútiles que acumulan las mujeres, o, y le gusta más esta idea, siempre lleva un libro dentro, nada más elegante para una mujer que un libro se dice recordando a su maestra favorita.

No se conocen, pero hace algunos años que se tratan, sucedió tras una ausencia prolongada con cuyos motivos había fantaseado sin terminar de decidirse por ninguna de las versiones, o sí, pero ahora no quiere reconocerlo y prefiere pensar que nunca le ha fallado. Con el tiempo ha aprendido a no dar versión por buena, así la historia puede ir cambiando, como cuando empezó a verla siempre de negro, imaginó que el marido había muerto, aunque debió ser una moda porque no parecía triste y cuando llegó la primavera volvió a los colores de siempre, azules, grises y una increíble colección de rosas y morados. A veces la imagina como un pavo real escondiendo sus plumas, no sabe que la hembra del pavo real no tiene esas plumas llenas de ojos en las que piensa.

No se conocen, pero él sabe que le duele la espalda y ha perdido coquetería porque hace tiempo que se bajó de los tacones que reserva ahora para fechas señaladas, las mismas que se viste como para un funeral o como la vecina del cuarto que es notaria. Sabe muchas cosas aunque no su nombre, ni dónde trabaja y pero se preocupa cuando pasan días y no la ve.

Suele darle tiempo a recoger sus cosas antes de que llegue y la mira disimulando no verla hasta que la tiene muy cerca, se anima a sí mismo dispuesto a decirle algo, muchas veces ha preparado una frase, algo sencillo que no la asuste pero que le permita dejar de ser esa figura casi de cera a la que por años ha sonreído con una leve, casi imperceptible inclinación de cabeza, hasta el día que como sorprendida y hasta feliz le dedico un suave “buenos días” que fue incapaz de contestar. Hacía tanto que no la vía que había imaginado su muerte, una historia trágica, una enfermedad incurable, un padecimiento terrible pero elegante (él no lo sabe pero se la imagina muriendo como la Tosca) y aunque no lo confesará nunca ya le había buscado sustituta.

No se conocen pero ella sabe que se estira la camisa y se atusa el pelo cuando se acerca, y está segura que sigue mirándola cuando sigue caminando y dejando atrás el portal en el que se encuentran tras el ya habitual “buenos días” con el que rompe el silencio que la acompaña desde que sale de casa, casi media hora antes, para ir al trabajo.

No se conocen, pero para ella es una presencia amable y fiel, una promesa de que algunas cosas no cambian nunca y eso es bueno.

4 comentarios :

  1. Acostumbrada a venir a leer tu visión de la actualidad, te confieso que estoy gratamente sorprendida por este giro que estás dando a tus escritos. Historia sencilla y a la vez inquietante hasta el desenlace :)
    ¡Precioso!!! Un abrazo grande

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  2. No estaría mal que se conocieran.

    Saludos

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  3. Seguramente sabe mucho mas que algunos que "si la conocen". Me ha gustado leerte. Abrazos

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